Monumento nacional; Abandonado desde 1981
Proyecto Palacio Pereira: entre el remedio y la enfermedad

Hace menos de un mes, el Consejo de Monumentos Nacionales aprobó un polémico anteproyecto de restauración de la fachada del palacio construido en el siglo XIX. El autor de la idea y ocho arquitectos comentan la iniciativa que contempla un nuevo edificio de 23 pisos en pleno centro de Santiago.  

Nicolás Rojas Inostroza 

El arquitecto Jorge Torrico hizo una interesante investigación en la década de los 60. Salió con su cámara a recorrer el centro la capital y fotografió la no despreciable suma de 777 palacios o casonas que, a su juicio, formaban parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad de aquel entonces. Durante 1992, Torrico repitió la hazaña y constató que 453 edificaciones habían sido derribadas en la cuadrícula creada por Pedro de Valdivia. La ciudad demandaba torres de oficinas y estacionamientos.

En la intersección de Huérfanos con San Martín se emplaza un edificio que perfectamente podría pertenecer a un país en guerra. Una gran construcción grisácea es resguardada por rejas que prohíben la circulación de peatones. A pocos metros hay bancos, cafés y comercio. Lo que alguna vez fue un palacio espera, severamente dañado, una solución desde el terremoto de 1985.

Belle époque du Chile

El arquitecto francés Lucien Ambroise Henault legó a la capital diversas obras entre las que destacan el diseño de la Casa Central de la Universidad de Chile, la continuación de la construcción del Congreso Nacional y la cimentación del antiguo edificio de El Mercurio.

Luis Pereira, destacado político conservador y fundador de la Viña Santa Carolina, encargó a Henault la construcción de un palacio que sería su casa. La edificación se extendió por dos años desde1872. El edificio de estilo neoclásico se distinguía por elementos y formas del renacimiento francés del siglo XVII, como las columnas de orden jónico y corintio. El primer piso albergaba los salones, comedores, biblioteca y sala de música, el segundo piso sólo acogía a los dormitorios del matrimonio y sus diez hijos. Los muros y cielos estaban decorados con un fino trabajo de yesería.

En 1932, tras la muerte de la viuda del ex parlamentario, el inmueble fue vendido al Arzobispado de Santiago, entidad que lo arrendó al Ministerio de Educación. En el amplio palacio de casi tres mil metros cuadrados construidos, se asentó el Liceo 3 de Niñas que se mantuvo en el lugar hasta 1968. Posteriormente la propiedad contó con múltiples usos hasta quedar abandonada en la década del 70.

Un complejo historial

El palacio fue declarado monumento nacional en 1981, mismo año en que fue adquirido por la Constructora Raúl del Río. Los propietarios han debido lidiar con los alcances del artículo 12 de la Ley de Monumentos Nacionales que obliga al dueño a conservar el inmueble debidamente, sin poder transformarlo o repararlo, ni hacer en sus alrededores construcción alguna, sin la autorización del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN). La inmobiliaria ha solicitado al CMN quitarle la categoría de monumento nacional al palacio para demoler la estructura, pero los intentos han sido infructuosos. Incluso el fisco demandó a la sociedad propietaria con el fin de que se le obligara la reconstrucción del edificio. La Corte Suprema acogió, en 2005, un recurso interpuesto por Raúl del Río para declarar la inaplicabilidad de las normas sobre reconstrucción de edificios de la Ley de Monumentos al caso.

 

Albert Tidy: "Salvó por poco su pellejo"

"Muchos de los pocos edificios patrimoniales que nos van quedando se encuentran en predios con alta constructibilidad, lo que los hace irresistibles al interés inmobiliario que pocas veces (o casi nunca) comparte el interés común. Ahora, el Palacio Pereira salvó por poco su pellejo, y eso es notable, pero no es suficiente restaurar sus fachadas hacia la ciudad. Lo importante es vincular estas renovaciones a nuevos programas y usos que vitalicen su existencia".

Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad San Sebastián



Felipe Assadi: ¿Conservar un trozo de un edificio?

"Hacer un edificio según la normativa vigente conservando la cáscara de un edificio de valor histórico es una brutalidad. De inicio, conservar sólo la fachada de un monumento nacional no sólo subestima a la población que convive con dicho edificio sino que además borra la mitad de su historia. Entonces, ¿qué sentido tiene conservar un trozo de un edificio? (...) Esta gestión no depende de que el edificio sea bueno o malo. Que sea "sustentable" no debiera ser un aporte sino una condición inicial. Todo edificio debiera serlo. De paso, sin duda se ve mejor un edificio nuevo que un híbrido complaciente, que quiere quedar bien con Dios y con el diablo, un invento producto de la normativa, que permite una torre de 25 pisos pero que prohíbe la demolición del "Monumento Nacional" que ocupa el sitio. ¿O acaso quienes trabajan en conservar estos inmuebles no saben que hay alturas, proporciones, distanciamientos (contexto) y escalas que son también parte de la arquitectura y, por tanto, parte de los edificios?"

Director de la carrera de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello



Yves Besançon: "Ojalá que no comience el chaqueteo"

"Me parece muy oportuna su restauración, la que no puede realizarse sin que exista una compensación justa por otro lado, como la aprobación de un edificio de oficinas con el que el actual propietario pueda financiar estas costosas obras. Esta polémica habría terminado si, por ejemplo, el Gobierno hubiera comprado el Palacio para restaurarlo e instalar en él el Museo de la Memoria, en vez de construir un nuevo edificio (...) El Gobierno tiene herramientas para recuperar edificios patrimoniales, como las que utiliza en las concesiones para expropiar propiedades estratégicas a precio comercial para obras de interés público. Apoyo esta iniciativa, sentando un precedente para otros casos similares y espero que el chaqueteo, propio de nuestra idiosincrasia, no comience a poner estorbos o zancadillas a este proyecto".

Decano de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad UNIACC



José Rosas: "Es una 'mínima' operación de arquitectura"

"El proyecto constituye a mi juicio una "mínima" operación de arquitectura para preservar las fachadas hacia las calles Huérfanos y San Martín, y sólo refleja lo lejos que estamos en el plano cultural y normativo para mantener nuestro patrimonio en el nivel y cuidado especial que una edificación como ésta exige. La construcción en la parte trasera de un edificio en altura que permite la normativa vigente -independiente de la configuración y calidad formal de su arquitectura- no debe ser visto como un acierto ni debe seguir siendo la fórmula que se utiliza para preservar la historia, pues no basta mantener las fachadas patrimoniales en su perímetro, intentando conciliar episodios notables de la ciudad y nuevas actuaciones inmobiliarias. Falta una mirada que propicie, además de la mantención del patrimonio heredado en su máxima expresión, una inversión y gestión de los bienes inmuebles, a partir de actuaciones que sean modelos de referencia ejemplares".

Decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. Católica



Mathías Klotz: "El proyecto carece de inteligencia creativa"

"La propuesta parece un robot pasando por arriba de un edificio, comiéndose unas hojas de lechuga. Esta operación ingenua, carente de toda inteligencia creativa, ya se ha hecho varias veces con resultados lamentables (...) Me parecería más honesto botar definitivamente la fachada o, de lo contrario, edificar algo que al menos se inscriba dentro del perfil preexistente".

Decano de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la U. Diego Portales



Raúl Irarrázabal: "Sugiero que la torre sea lo más transparente posible"

"Les sugiero a los autores del proyecto que la torre sea lo más transparente y geométrica posible, un paralelepípedo limpio, sin cambios de plomo y cornisas sobresalientes, de modo que se destaque la casa misma (...) Antes del desorden actual, Santiago Poniente fue un barrio armónico, con su edificación de casas continuas de patio de 10 metros de altura, buenas iglesias, cuyas torres se destacaban señalando los espacios públicos arbolados de las plazas Brasil y Yungay, avenidas Cumming y Portales, más el espléndido parque de la Quinta Normal. Ahora hace falta un buen plan regulador, que incorpore las nuevas condiciones y respete el bien común, con un predominio de edificios bajos de cinco pisos, que dan la escala humana, más un número prudente de torres de una altura razonable en el interior de las manzanas y generosos espacios públicos con árboles de sombra, como es la plazuela de Santa Ana. El alcalde y el director de Obras de Santiago tienen la palabra".

Autor de "Un plan armónico para Santiago"



Sebastián Gray: "En el límite del absurdo"

"Se salva el elegante Palacio, en catastróficas condiciones estructurales y de una calidad constructiva difícilmente replicable hoy. Servirá de antesala para un edificio de oficinas que, eso sí, será lo más grande y moderno posible, aunque por ello su relación formal con el monumento quede en el límite del absurdo, como ya ocurre con los recientes edificios circundantes y también alrededor de muchos otros monumentos históricos del país (...) Se presenta ahora una rara oportunidad para que propietario, gestor inmobiliario, arquitecto y autoridades demuestren ante la ciudadanía expectante que sí es posible hacer las cosas con voluntad de excelencia y capacidad profesional. Si el conjunto resulta mal, será un golpe a la esperanza, el triunfo del oportunismo y el mal gusto, el fracaso de la institucionalidad. Si resulta bien, será verdaderamente ejemplar".

Académico de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile



"El palacio convertido en un zócalo desproporcionado de una torre anodina"

"El palacio, por su brutal abandono y deterioro, se convirtió en símbolo público de la inoperancia de nuestra legislación patrimonial, en testimonio del escaso o ningún interés que el patrimonio representa para nuestra clase dirigente. Si bien aplaudo la noticia, me espanta su imagen. Entiendo que el propietario busque más rentabilidad y metros cuadrados para sobrellevar la carga de mantener un Monumento, pero también entiendo que el monumento es un valor para la ciudadanía, que quiere y debe colaborar a conservarlo dignamente, no convertido en el desproporcionado zócalo de una torre anodina. Es la oportunidad para que autoridades y políticos entren de verdad a la cultura y solucionen los problemas de la ciudad".

Director del Museo Andino de Santiago



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<b>Gonzalo Martínez de Urquidi es el autor del proyecto que pretende</b> refaccionar el palacio levantando, además, una torre de 23 pisos.
Gonzalo Martínez de Urquidi es el autor del proyecto que pretende refaccionar el palacio levantando, además, una torre de 23 pisos.
Foto:Gonzalo Martínez

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