martes 12 de enero de 2010  
Analizan expertos:
La banalización de la violencia en el pololeo
 
Insultos, amenazas, acoso sexual, golpes, e incluso la utilización de armas son gestos de violencia recurrentes en las parejas de adolescentes y universitarios de todo el mundo. Una percepción desvirtuada de lo que es violencia, la falta de redes, y la incorporación del uso de la agresión por parte de las mujeres son algunas de las causas de este inquietante fenómeno.  

Daniela Mohor W. 

Paula se sentía sola. Su mamá se había ido un tiempo fuera de la casa para cuidar a un familiar enfermo. Y su padre no era cercano a ella. "Quizás por eso me fui acercando cada vez más a mi pololo. Estábamos todo el día juntos, yo dependía de él", cuenta esta universitaria del sur de Chile.

Hasta que esa dependencia comenzó a tomar otro cariz. "No sé qué pasó, pero él se transformó: empezó a enojarse mucho, a controlarme. Y un día me pegó. Yo quedé muda, no supe qué hacer. Me dio mucha vergüenza. Fue tanto mi shock que no le conté a nadie. Y los golpes siguieron".

Paula escondía las huellas de esas agresiones en su cuerpo y vivía aterrada de que sus padres se dieran cuenta de que algo andaba mal. "Ellos me habrían obligado a terminar con él y yo no quería que eso pasara. Aunque me hacía daño, al mismo tiempo me hacía sentir el ser más querido del mundo".

Insultos, amenazas, acoso sexual, cachetadas, golpes, mordeduras, quemaduras, e incluso la utilización de armas son gestos de violencia que la experta canadiense Francine Lavoie, de la Escuela de Psicología de la Universidad Laval en Quebec, ha visto en numerosas oportunidades. Esta experta se ha destacado a nivel internacional por su trabajo en la prevención de la violencia en las parejas de adolescentes entre 13 y 16 años y asegura que a diferencia de lo que creen muchos adultos, los pololos también se agreden. Y mucho.

-Hay muchos prejuicios por parte de los adultos respecto del comportamiento de los adolescentes. Piensan que como no están casados, no viven juntos y pueden terminar una relación más fácilmente, no puede existir violencia entre ellos. Que son románticos. Pero desde que empecé a investigar el tema en las parejas de adolescentes me he encontrado exactamente con las mismas formas de violencia que hay entre los adultos. No sé si se puede hablar de un aumento de esos comportamientos, pero sí noto que se ha dado una banalización de la violencia en los jóvenes -afirma la experta.

No existen cifras generales sobre la prevalencia de las agresiones en los pololeos en el mundo; las herramientas de medición no están unificadas y las estadísticas existentes comparan grupos etarios distintos. Pero a nivel internacional cada vez más expertos están trabajando en la prevención de este fenómeno que afecta, sin duda, a una parte importante de la población juvenil. Aunque no sean exhaustivas, varias encuestas revelan esta tendencia preocupante. Francine Lavoie indica, por ejemplo, que en una muestra de adolescentes de 16 años de Quebec, el 34% de las mujeres reconoció haber sido víctima de violencia psicológica por parte de su pololo el año pasado, el 11% habría sufrido una agresión sexual y el 20% violencia física.

En Chile también se le está prestando atención al tema. La primera investigación la realizó hace 13 años la Universidad Católica de Valparaíso entre 700 jóvenes. El trabajo indicaba entonces que el 51% de ellos había sufrido algún tipo de agresión psicológica y el 24% alguna agresión física al menos una vez durante el último año. Tuvieron que pasar más de diez años, hasta que en 2007 las psicólogas de la Universidad de La Frontera, Ana María Poo y Beatriz Vizcarra, hicieran otra encuesta sobre una pequeña muestra de estudiantes: el 25% de ellos declaró haber sufrido alguna agresión física y psicológica por parte de sus parejas.

Lo más frecuente, dicen los expertos, es la violencia psicológica, pero también son recurrentes las agresiones físicas. Eso, sin hablar del acoso o de las presiones para obtener una relación sexual.

-Éste es un problema social real, considerando además que la adolescencia es una etapa en que los jóvenes realizan un aprendizaje que marcará toda su vida, el cómo resolver los conflictos en pareja. Muchas veces las personas que son violentas a los 40 años, lo fueron a los 16 o a los 20. Además, algunos de esos jóvenes van a sufrir consecuencias importantes, como la depresión, la deserción escolar, un mayor riesgo de consumir sustancias adictivas y una mala salud física -dice Francine Lavoie.

Mujeres que agreden

Lo que más inquieta a los expertos es la falta de gravedad que les asignan los jóvenes a los actos de violencia. Beatriz Vizcarra, de la Universidad de La Frontera, da luces del problema: "Estas conductas no son normales, pero muchos de ellos no lo entienden así; no le dan la connotación grave de violencia, sino que casi lo ven como un juego. Esta violencia es, por lo general, menospreciada; sin embargo, en el último tiempo varias jóvenes han muerto a manos de sus pololos".

Ya en 1996, la investigación de la Universidad Católica de Valparaíso, señalaba que más del 80% de los jóvenes universitarios agredidos físicamente no percibía esos hechos como violencia. En el estudio de la Universidad de la Frontera las investigadoras se encontraron con un hito fundamental: la cantidad de mujeres que reconoce haber agredido a sus pololos es la misma que la de hombres. Esas cifras no se reproducen necesariamente en otros países, pero sí existe la percepción generalizada de que en los últimos años las mujeres han ido incorporando a sus registros el uso de la violencia.

"La nueva generación de mujeres ha sido criada bajo la consigna de que nadie debe pasarlas a llevar", señala la psicóloga Beatriz Vizcarra. Una posible interpretación podría ser que para las mujeres el agredir estaría más permitido socialmente. Da el ejemplo de una de sus encuestadas: "Una de ellas, al describir una situación de violencia, nos contó: Un día llegó a verme mi pololo y se había rapado la cabeza. Me dio mucha rabia porque se veía horrible. Entonces, empecé a pellizcarlo, a decirle que cómo podía haber hecho eso. Asustado, me dijo que no era para tanto, pero yo estaba enceguecida... Nosotros le hicimos ver que ésa había sido una situación de violencia, pero ella no lo veía así. Para ella era natural contarles a los amigos que le había pegado a su pololo", cuenta la psicóloga.

La psicóloga Francine Lavoie lo confirma: "Hay niñas que la toman como una manera de afirmarse. Pero aun así el principal problema sigue siendo la violencia ejercida por los hombres".

La violencia física, sin embargo, no es la única que preocupa. El control sobre la pareja puede tener otros canales de expresión.

Francine Lavoie cuenta que algunos de los casos que más se ven son los que tienen que ver con ser posesivos: un o una joven se siente dueño del otro y no lo deja desarrollar otros vínculos sociales. Si están en el mismo colegio lo hacen todo juntos, y si se le pregunta a la niña si va a ir a tal o cual actividad en la tarde contesta que tiene que preguntarle a su pololo y siempre está la espera de que le dé permiso. "Cuando tienes 14 años, eso no tiene sentido. Hay que dejarles espacio a otras experiencias de vida".

Según ella, eso tendría que ver con la sobrevaloración de los celos por los jóvenes. "Ellos ven la violencia que se relaciona con ellos como una prueba de amor, entonces la minimizan".

Francine Lavoie también destaca la banalización de la violencia verbal y ha notado un aumento en las agresiones sexuales. "Para ellos, el modelo proviene de la pornografía a la que han estado expuestos demasiado fácilmente. Ésta no explica la violencia verbal, pero da el mensaje de que podemos tratar al otro como un objeto. Además, de manera general la gente está menos cortés y los niños esperan un trato de igual a igual con sus padres, entonces si la polola no responde inmediatamente a sus necesidades, se frustran". Y agrega: "Para los adolescentes pareciera que el consentimiento sexual se da la primera vez y para siempre, y eso lleva a relaciones no deseadas que son una forma de violencia".

Falta de redes

Para Muriel Halpern, psiquiatra de la Unidad de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile, la realidad de la violencia en los pololeos resulta de una serie de cambios culturales. Hoy en día, explica, los jóvenes pasan fácilmente de relaciones descomprometidas a comprometidas y viceversa, y ese fluctuar implica que los padres no siempre saben con quién se están relacionando sus hijos. "Al pololo lo presentas en la casa, pero al andante no. Y entonces los padres no se enteran de esa relación que ocurre puertas afueras. Eso pone a los adolescentes en riesgo, porque al igual que cuando experimentan por primera vez en otras áreas, es importante que haya un sistema familiar detrás que evalúe el impacto saludable o eventualmente riesgoso de la relación", dice.

Asimismo destaca que hoy entre los adolescentes y jóvenes se dan muchas prácticas que ella llama "actuaciones desvinculadas", en que llegan rápidamente a cierto grado de intimidad física con otro sin que haya compromiso, como ocurre con el ponceo o las relaciones fugaces en las discotecas. "El riesgo es que no han completado su desarrollo y en esa exploración están constituyendo modelos. En ese modelo de exploración inmediato, antojadizo, impulsivo, el adolescente no aprende a reconocer una relación sana".

Explica que sólo en las relaciones vinculadas se aprende a postergar por el otro, la empatía y la reciprocidad. "Si no alcanzas ese nivel de vínculo en tus primeras relaciones de pareja, será un esquema que no conoces y ahí pueden darse situaciones violentas".

La dificultad para crear vínculos también les juega en contra en otro sentido. Francine Lavoie habla de la "revictimización" de los adolescentes agredidos. Asegura que muchas veces cuando cuentan lo que les ocurrió no reciben el apoyo deseado y se sienten doblemente víctimas, porque sus cercanos minimizan el hecho y no reaccionan oportunamente.

-Yo siempre digo que en un curso de 25 alumnos, habrá cinco o 10 que vivirán situaciones de violencia. El resto son sus testigos o confidentes y es crucial que ellos se sientan confiados para decir: Esto no es correcto o yo voy a ayudarte para que esto no continúe. Como sociedad tenemos que revertir la banalización de la violencia que les hace perder a los jóvenes el mecanismo normal de querer ayudar a las víctimas".

 

Daniela Mohor W..

   
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