viernes 22 de enero de 2010  
"Los especialistas"
La vida de los otros
 


Por Francisco Aravena Pocas cosas son más contundentes demostraciones del poder de la televisión que cuando vemos que un programa afecta directamente la vida de una persona. Parte de esa ilusión es lo que vende "Los especialistas", el nuevo programa de Mega donde la producción simula o fuerza una serie de situaciones con cámaras escondidas para cumplir el deseo de determinado "cliente": que una amiga perdone a otra por haberle quitado al pololo, que una suegra acepte a su yerno, que los padres de un adolescente dejen de engullir comida chatarra o que una mujer logre que su pareja le pida matrimonio a toda costa (un verdadero chantaje frente a las cámaras). La situación no es agradable para los "embaucados" -como son definidos en el mismo programa- pero como los "clientes" son lo importante, dejar a los demás como chaleco de mono es sólo un efecto secundario, y a veces, digámoslo, parte del atractivo del programa. La televisión es cruel, y la producción no parece tener reparos -pero sí mucha imaginación - en acudir a cualquier medio para lograr el fin (como hacer que un tipo "se gane el cariño de su suegra a través de su billetera" o fingir un diagnóstico de una enfermedad mortal para que se cumpla un último deseo). Para poner las distintas situaciones en marcha están los denominados "especialistas", tres mujeres y un hombre, cuyas definiciones de expertise pocas veces tienen estricta relación con la situación que se está simulando.

En el estudio, los conductores, una simpática Angélica Castro y Gonzalo Feito (a ratos demasiado forzado con su personaje de macho-fresco-chistoso) van interrogando al "cliente" a medida que se presentan los videos de las cámaras escondidas.

"Los especialistas" tiene una producción muy bien lograda y cada episodio mostrado tiene una narración lo suficientemente ágil, que no permite que el ritmo decaiga y que ofrece pocos momentos de distracción -y potenciales oportunidades de fuga- para el televidente.

Si como espectador uno logra superar la vergüenza ajena frente a la exposición voluntaria de los problemas personales de algunos de los "clientes" y la compasión por algunos de los "embaucados", el programa puede resultar muy entretenido. Claro, porque el problema no es de uno.

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Por Francisco Aravena.

   
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