sábado 30 de enero de 2010  
 
Mesas tambor
 
Se les denomina así por su semejanza con el diseño del instrumento musical. Aparecieron por primera vez a fines del siglo XVIII y se distinguen por su tablero redondo con cubierta de cuero así como por llevar un friso con cajones o divisiones para libros.  

Texto, Beatriz Montero Ward | Fotografías, Viviana Morales 

Uno de los muebles más característicos de la biblioteca inglesa de finales del siglo XVIII y del período Regencia (1811-1820) fue la mesa tambor, cuyo nombre se debe a la similitud de su diseño con el del instrumento musical. Se trata de una de las tantas mesas de uso específico que surgieron entre 1700 y 1800. Ésta se caracteriza por su tablero redondo y por llevar en el friso cajones (algunos de los cuales eran simulados) o estantes para almacenar textos. Otro de sus distintivos es su base central con tres o cuatro patas.

Ciertos modelos presentaban tableros giratorios, algunos con cubiertas de madera decoradas con marqueterías de dibujos geométricos y otras con cuero ruleteado. También había diseños con tableros hexagonales u octogonales. En cuanto a las bases, en ocasiones su diseño era el de un pilar que descansaba en tres o cuatro elegantes patas que terminaban en bola y garra. También hubo piezas con una columna central que descansaba sobre una plataforma con cuatro lados cóncavos, los que a su vez remataban en patas de bola y garra.

Los antecedentes de la mesa tambor se encuentran en la llamada mesa de alquiler, de grandes dimensiones, ideada para casas de campo y diseñada para guardar libros de alquileres y pagos de arrendatarios en cajones que se distribuían bajo el tablero y que estaban rotulados con los días de la semana. Como estas tareas eran mensuales, o en ocasiones anuales, esta pieza formaba, el resto del tiempo, parte del amoblado del hall de entrada, el escritorio, la biblioteca o la sala de fumadores.

Las mesas tambor son piezas de mobiliario sólidas y pesadas, por lo general hechas en madera de caoba, bastante difíciles de encontrar en el mercado de las antigüedades. Su estética sobria y su simpleza de líneas las convierte en un mueble capaz de otorgarle carácter a cualquier espacio.

 

Texto, Beatriz Montero Ward | Fotografías, Viviana Morales.

   
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