sábado 30 de enero de 2010  
 
Año nuevo, casa nueva
 
El 30 de diciembre recién pasado era, sí o sí, la fecha en que el decorador Francisco Silva debía terminar los trabajos de decoración y pasar las llaves.

Texto, Constanza Toledo Soto | Producción, Carolina Ovalle N. | Fotografías, Fernando Gómez Aunque es un día muy soleado en Zapallar una que otra nube oscura amenaza a ratos con tapar el sol. Éste se resiste, luego se esconde nuevamente para pronto volver a asomarse. Un juego de luces y sombras que esta casa capta nítidamente. Basta poner un pie en el hall de entrada para darse cuenta de los cambios de luz que este cálido refugio acoge a medida que transcurre el día, gracias a grandes ventanales que conectan con el patio trasero y a varias lucarnas que la construcción tiene desde su origen.
Pero a la labor que en el tema de luminosidad realizó el decorador Francisco Silva no se le puede restar mérito. Todo lo contrario. Él fue quien estableció el color blanco como punto de partida para la decoración. Claro que conversó muchísimo con la propietaria, ella le explicó a grandes rasgos lo que tenía en mente y después de varias reuniones "congeniamos perfecto", cuenta Francisco. En conjunto establecieron el sello definitivo para el lugar: debía ser algo acogedor pero netamente funcional; un sitio ultra grato, que se pudiera vivir y disfrutar en familia.
Era septiembre del 2009 cuando Francisco inició las obras. El plazo de entrega estaba definido para el 30 de diciembre, fecha en que los propietarios con sus tres hijos llegarían para pasar el Año Nuevo. Ellos que desde siempre habían veraneado en Zapallar, esta vez estrenarían su propia "segunda casa", ubicada en un condominio a no más de diez minutos del centro del pueblo. Un sector tranquilo, sin ruido y rodeado de naturaleza.
Francisco viajó cada quince días, visitas que le permitieron participar en la remodelación que estaba realizándose en la casa; aprovechó de pedir la construcción de algunos muebles en obra y, al mismo tiempo, que se eliminaran otros. En el segundo piso se preocupó de la ampliación de recintos como la sala de estar y distribuyó muy bien los dormitorios de los niños, cada uno con más de tres camas para cuando invitaran amigos.
Al definir la estética, el profesional planteó ambientes en base a tonos neutros; gama que se transforma en algo así como una gran pausa, donde poco a poco se advierten destellos de color. Mucho blanco, mucho beige, tonos tierras y apastelados que tienen como función ser la paleta estructural de la decoración, ya que el objetivo es que ésta pueda ir variando fácilmente a partir de pequeños "chispazos". Un estilo que el decorador resume muy bien en esta frase: "mantener el esqueleto en el tiempo, pero ir cambiando el look".
En este sentido "el blanco manda y unifica la ambientación", cuenta Francisco Silva. En sus manos estuvo la planificación de cada detalle, como el piso de damero instalado en el hall, el revestimiento de los muros y el de la chimenea; la fabricación de mobiliario a medida, la instalación de una boiserie en el dormitorio de la pareja. También la elección de muebles como la mesa de centro, el comedor estilo provenzal, algunas banquetas y sillones, los tres sofás cama enfundados, y hasta los cubrecamas de las distintas habitaciones. Incluso la distribución de muchas fotografías que la propietaria le entregó para que las hiciera parte de la decoración. Una historia familiar que el profesional desplegó en las áreas comunes -como escaleras y pasillos- a partir de cuadros y espejos donde en sepia, en blanco y negro o a color, las imágenes se plasmaron como la gran bienvenida que esta familia dio a su nuevo hogar. 

Texto, Constanza Toledo Soto | Producción, Carolina Ovalle N. | Fotografías, Fernando Gómez.

   
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