sábado 30 de enero de 2010  
 
Las dos caras de Cachagua
 
Mar y cerros. Son las dos cualidades que distinguen el paisaje de este balneario y que esta casa, proyectada por los miembros de G4 Arquitectos Asociados, mediante sencillas soluciones busca capturar.  

Texto, Claudia Pérez F. | Producción, Carolina Ovalle N. 

"Q ue ojalá todos los espacios miren al mar" parece ser la premisa al construir una casa en la playa. Y lo contrario sería una posibilidad casi impensable para arquitectos y propietarios. Salvo para los dueños de ésta, quienes pidieron priorizar la vista hacia los cerros y la vegetación circundante, en lugar de mirar al océano que se asoma a la distancia.

Sin embargo, los arquitectos decidieron darles "un valor agregado" y además de cumplir sus deseos  capturando el verde de los bosques sumaron también el azul de la playa, paisajes hacia los cuales se abre naturalmente el sitio donde se posa la construcción. Así, los responsables de la obra, Javiera Correa, Joaquín Ibáñez y Sebastián Zlatar, integrantes de G4 Arquitectos Asociados (www.g4arquitectos.cl), desarrollaron una propuesta que busca apropiarse del lugar y dar cuenta de bondades naturales como la tradicional isla de los pingüinos de Cachagua.

Es una de las panorámicas que se cuela por los ventanales que dan forma a la mayoría de las fachadas abriendo paso a la luz, una preocupación importante en el trabajo de los profesionales que con varios proyectos construidos en la zona han adquirido experiencia en el manejo de temas como luminosidad, humedad y aislación térmica.

"Respetar el entorno y entender características como las condiciones climáticas es parte importante de nuestro trabajo, sobre todo en este tipo de obras donde los propietarios no pasan todo el año; por lo mismo, debemos tomar todos los resguardos para evitarles dolores de cabeza", afirma Ibáñez.

Desde que recibieron este encargo abordaron hasta el más mínimo detalle arquitectónico y de construcción para minimizar riesgos y facilitar la mantención de la casa que se ubica en un terreno en pendiente que ofrece una "mezcla entre campo y playa".

Y ambas cualidades se disfrutan por igual. Especialmente en el nivel superior donde están el living, comedor y cocina, un colorido espacio, éste último, donde habitualmente se desayuna con vista a los cerros.

"Es una casa que se vive las 24 horas", dice Ibáñez sobre la intensidad con que sus propietarios disfrutan el inmueble al que se escapan durante todo el año. Tienen cinco hijos ya mayores y nietos que cuando se reúnen aprovechan al máximo cada rincón.

También el amplio jardín donde se ubican zonas de descanso y juego, y un agradable quincho, construcción levantada junto a la piscina que incorpora estar, comedor y terrazas que se viven de día y noche.

Este lugar fue el punto de partida del proyecto. "Era una de las cosas más importantes del encargo", dice el arquitecto quien luego de  tenerlo en pie,  junto a los miembros de G4 se dedicó a dar cuerpo a la casa. La ubicaron a unos cuantos metros y generaron distintos puntos para acceder a ella desde el exterior. Un rasgo que demuestra la flexibilidad con que la dotaron, especialmente por las  circulaciones perimetrales del nivel superior y del "piso zócalo" donde se ubican los dormitorios.

Son espacios tan luminosos como las áreas públicas, que hablan de una arquitectura simple potenciada por una decoración sencilla con notas de color.

 

Texto, Claudia Pérez F. | Producción, Carolina Ovalle N..

   
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