sábado 30 de enero de 2010  
 
Estrechos de arquitectura
 
Para el paseo Costanera Estrecho de Magallanes se hubiese agradecido un poco de justeza en el diseño. No todo tenía que ser tan rebuscado y colorinche.  

Por Felipe assadi Arquitecto 

Mirar el Estrecho de Magallanes es una experiencia bastante particular: quizá no existe una atmósfera similar en Chile como la de Punta Arenas, a través de la cual la luz evidencia los colores de una manera casi irreal, absolutamente diáfana para quienes venimos del norte. A veces incluso es posible reconocer el perfil de Tierra del Fuego con una claridad igualmente alucinante.

Quienes han tenido la suerte de pararse en el borde limpio, desprovisto de toda artificialidad, pueden observar ahora el Estrecho a través de un "borde costero" construido con un brutal exceso de elementos, formas y colores. Un conjunto de herramientas sacadas de aquella ochentera enciclopedia de paseos peatonales y bordes costeros que para muchos yacía en una polvorienta y olvidada biblioteca de detalles y maneras de "cómo hacer" espacios públicos, manual que por anga o por manga el MOP se ha encargado de validar durante estos últimos años, como la cara de la modernización del espacio público.

Es cierto que había, en una buena parte del -aún en proceso- paseo Costanera Estrecho de Magallanes, cerca de un centenar de viviendas que impedían que la ciudad se enfrentara al mar. En éste y otros tantos aspectos, una obra de casi tres kilómetros de longitud que involucra ciclovía, circuito para no videntes, escaños y protecciones contra el viento es a todas luces un esfuerzo de un valor irrefutable.

Pero es igualmente cierto que se hubiese agradecido un poco de justeza en el diseño. No todo tenía que ser tan rebuscado y colorinche. No era necesario tanto poste encima del horizonte ni tanta arboleda de fierro galvanizado, menos una decena de pavimentos distintos en el mismo sitio; un perfecto muestrario de soluciones que, a ratos, pareciera querer todo el protagonismo de esta historia.

Una propuesta sensible con este contexto un tanto frágil y precario, más tranquila y más sobria, habría puesto en valor el paisaje y sus colores naturales.

 

Postdata: Después de todo no hay casi nada mejor en un borde costero, que la costa misma.



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Por Felipe assadi Arquitecto.

   
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