Recorrido por Concepción y Talcahuano:
Largas filas y esperas de horas para comprar impacientan a vecinos de barrios periféricos

Los pocos locales abiertos ponen altas restricciones para comprar. Así se busca asegurar el orden y el abastecimiento de alimentos. En algunas poblaciones el mercado negro es la única opción de compra.  

IVÁN FREDES 

CONCEPCIÓN.- Es mediodía. Acaba de levantarse el toque de queda, pero los vecinos de Villa Simón Bolívar, en el Barrio Norte de Concepción, deambulan desde la madrugada, ignorando la restricción.

Ya es larga la fila para obtener agua en el cuartel de la Novena Compañía de Bomberos. Todo sirve al mismo propósito; botellas, tambores, baldes, bidones y hasta unos basureros azules, con ruedas, entregados hace seis meses por el municipio local para guardar los deshechos.

A una cuadra del lugar, Patricio Astete, empleado de la céntrica tienda de calzados "Spitz", espera, con un papel numerado en la mano, su turno para comprar en $1.000 una bolsa con 14 panes en la panadería "Santa Rosa". Está tras la reja del antejardín, frente a la puerta trasera del local y llega a retirar su "pedido", después de conseguir su número a las cinco de la madrugada, igual que sus vecinos.

Lo único que no ha faltado en ese sector es la venta de diarios. Clarisa Arias, dueña de un kiosco en la esquina de las calles Ejército con Paicaví, comenta que todos los días vende 120 ejemplares en apenas dos horas. "La gente sale a comprar los diarios, pan, harina, azúcar, aceite, principalmente, y también para visitar a familiares o amigos. No tienen mucho tiempo. Y tampoco donde comprar. Y si encuentran algo, deben pagar lo que pidan", reclama enojada.

La complicada situación de los sectores periféricos contrasta a la del centro de la ciudad. Farmacias, supermercados y cajeros automáticos ya prestan servicios, por lo que muchas personas viajan al corazón de Concepción para abastecerse de todo lo posible. Muchos lo hacen en el Híper Líder del Mall El Trébol, mientras que el local Santa Isabel incluso montó un supermercado "de campaña" al interior del Liceo Alemán, para vender una bolsa con productos a $5.000 por persona.

El resto del comercio mantiene cerradas sus puertas, mientras sus dueños limpian y ordenan para reabrir a partir de mañana. La situación dista de estar normalizada.

El Barrio Norte es apenas uno de tantos sectores de la periferia de esta ciudad en los cuales aún no hay agua ni luz. Menos supermercados de las cadenas tradicionales. Los vecinos, por lo mismo, deambulan en busca de pequeños almacenes, pero los dueños de éstos los mantienen cerrados por miedo a los saqueos y asaltos.

Lo mismo ocurre en poblaciones y cerros de Talcahuano, donde un recorrido de "El Mercurio" observó que ningún almacén de barrio está abierto.

La excepción es el supermercado Bigger, ubicado en el acceso principal a la ciudad, donde largas filas custodiadas por militares permiten que la gente ingrese en grupos de 20 a 30 personas y sólo con la posibilidad de comprar hasta 15 productos o lo que cabe en una bolsa grande.

"Eso es lo único que tenemos. Y sólo se puede comprar con billetes. Nadie recibe tarjetas. Por eso los vecinos somos los que nos ayudamos con alimentos o prestándonos algo para comer", cuenta Juana Ferrada Cruz, una dueña de casa que dice haber recibido hasta ahora sólo la ayuda del Gobierno, consistente en una bolsa de alimentos. "Eso durará como tres días y ya se está acabando", enfatiza.

Toque de queda

Jefe de plaza de Concepción, general Guillermo Ramírez, redujo la restricción: desde las 21 horas a las 10 de la mañana.

 Sobreprecios en poblaciones

En algunas poblaciones los vecinos denuncian que la falta de abastecimiento y cierre de los almacenes están provocando que los especuladores vendan productos a sobreprecio.

Las bolsas con alimentos se cobran a costos "para la risa o, mejor dicho, que dan rabia", reclama Juana Ferrada, habitante de Talcahuano.

"Acá, en el Barrio Norte, el kilo de pan se vende en $2.000, lo mismo que una caja de cigarros. Para qué hablar de los fideos o la harina, que están a $1.000. La gente lo vende por 'datos'", comentan las vecinas Macarena Ferrer y María Inés Cáceres. "Vamos a esperar, todavía nos quedan algunas cosas, pero no vamos a pagar las ganas de los pillos", dicen.

La gente reclama que los precios de los alimentos de algunos almacenes o comerciantes ambulantes son dos o tres veces más altos que antes del terremoto. Denuncian que nadie hace nada para evitar que especuladores se aprovechen de la necesidad de la gente. "Antes saquearon el comercio. Ahora hacen lo mismo con los más pobres. Muchos están vendiendo la mercadería robada", acusa Antonia Gómez, de Talcahuano.



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<b>COLAS.-</b> En los sectores más populares de Concepción y Talcahuano, los vecinos deben hacer largas filas para poder comprar un poco de mercadería. En el supermercado Bigger de Talcahuano (en la foto) los clientes sólo pueden comprar 15 productos, para evitar el desabastecimiento.<br/>
"COLAS".- En los sectores más populares de Concepción y Talcahuano, los vecinos deben hacer largas filas para poder comprar un poco de mercadería. En el supermercado Bigger de Talcahuano (en la foto) los clientes sólo pueden comprar 15 productos, para evitar el desabastecimiento.

Foto:MARIO QUILODRÁN


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