sábado 13 de marzo de 2010  
 
"Hay que asumir la pérdida de una arquitectura precaria"
 
Cuando el país aún no se recupera de las consecuencias del terremoto, el premiado arquitecto Alejandro Aravena ya hizo un diagnóstico.

Texto, Mireya Díaz Soto El 4 de marzo la BBC de Londres difundió la lista de los ganadores del Brit Insurance Designs of the Year 2010, premio que ya es conocido en el mundo como el "Oscar" del diseño internacional. En la categoría de Arquitectura la oficina chilena Elemental, liderada por Alejandro Aravena, recibió el galardón por un conjunto de vivienda social en Monterrey, México, que superó en la competencia a proyectos de autores como Zaha Hadid, Herzog & De Meuron y David Chipperfield.

La noticia llegó tres días después de que Aravena lograra -tras una travesía que partió en Sao Paulo, donde hacía escala cuando ocurrió el terremoto, viniendo de Sudáfrica- llegar a Santiago, y en la misma semana en que su equipo se adjudicó parte de un proyecto habitacional junto al lago Lemán en Ginebra. A todos les llamó la atención que, casi en paralelo, los mismos principios para vivienda social que fueron celebrados en Londres, fueran también seleccionados para aplicarse en el concurso inmobiliario en Suiza, en un encargo que no es vivienda social y que se rige bajo los exigentes estándares de ese país. "Esa exportación me parece que es bien atípica", dice, orgulloso, Aravena, en el piso 25 de la Torre Santa María, donde opera el cuartel central de Elemental.

Pero mientras las buenas noticias no paraban -ya un par de semanas antes el Royal Institute of British Architects (RIBA) nombró a este arquitecto con el título vitalicio de International Fellow-, gran parte de Chile todavía no podía creer el desastre del que había sido víctima. Y en Elemental se sentaron de inmediato a diseñar una pequeña guía para la instalación de mediaguas en las zonas más devastadas. La experiencia que han acumulado trabajando en contextos de escasez en los que "contestas con lo estrictamente necesario", es la que los autoriza a recomendar qué hacer en los nuevos asentamientos provisorios.

Los consejos son tres: que el espacio entre cada mediagua sea de tres metros, inmediatamente junto a la entrada, generando un patio o zaguán que pueda ser techado y aumente la superficie útil; que los accesos no queden enfrentados para evitar disputas de ese terreno; y que se emplacen en grupos de diez o doce, con un patio central, originando así una escala colectiva que permita a las familias organizar su funcionamiento (limpieza, seguridad, compra de alimentos) y recibir los servicios de manera más eficiente (el camión aljibe entrega una gran cantidad de agua para todos, por ejemplo).

En este panorama post catástrofe aparece un escenario de reconstrucción lleno de posibilidades, ¿cómo se debe enfrentar?

"En principio sí hay una oportunidad. El punto es que necesitas tiempo para identificarla y luego implementarla. Y ese tiempo hay que comprarlo, fabricarlo. Aquí hay dos escenarios distintos que están relacionados, y de cómo funcione uno dependerá la calidad del otro. El primero es cómo crear condiciones suficientemente buenas mientras dura la reconstrucción para llegar luego a una solución definitiva de calidad. No tiene demasiada ciencia, a mayor tiempo, mayor calidad. Por lo tanto lo provisorio no puede ser tan básico como para que no permita estar al menos un par de inviernos en esas condiciones. El concepto es que si no puedes hacerlo rápido y bien, hazlo rápido, pero mejorable. En condiciones mínimas a duras penas llegas a mañana. Si mejoras un poquito dices, bueno, me banco el invierno. Ése es el tiempo que necesitamos comprar".

Después del terremoto del 2007 en Tocopilla muchas de las mediaguas de emergencia quedaron deshabitadas.

"Estudiamos ese caso, al cual llegamos tarde para hacer estas recomendaciones, y descubrimos que las mejoras incrementables en el tiempo eran difíciles de hacerse. Hay muchas razones por las cuales no se habitaron, pero sí, hubo recursos valiosos desperdiciados. La escala de este desastre es tal que ahora uno no querría desaprovecharlos".

Aravena plantea que este es el momento de modificar las políticas habitacionales para que la vivienda deje de ser mínima y sea una con ADN de clase media. "Hoy podemos construir casas de 40 a 50 m2 con cargo al subsidio. Pero sabemos que los procesos de crecimiento de la casa se estabilizan en torno a las 70 u 80 m2. Éste es un estándar de clase media. Como no podemos pagar tantos metros, exijamos que los diseños permitan a las unidades llegar a ese tamaño. Alcanzarlo debiera ser gracias a la política habitacional y a la arquitectura y no a pesar de ellas, como ocurre hoy. Una política habitacional debiera medir qué tan fácil, segura y económica resulta esa extensión de la unidad inicial, y para ello se pueden elaborar pautas objetivas y sencillas. Sólo hay que identificar aquello que una familia no va a hacer bien por su cuenta y eso hacerlo coordinada y eficientemente con fondos públicos, profesionales de excelencia y con las grandes empresas constructoras de Chile. Otra parte debemos dejarla abierta a la participación de la comunidad, dando empleo a escala local, para que las soluciones no sean masivas y anónimas".

Se ha repetido tanto que las ciudades en Chile funcionan mal, con baja calidad de vida. ¿Qué se puede mejorar en ese sentido?

"Hay que girar el foco de qué es lo que entendemos por "bueno", sobre todo en lo que tiene que ver con la recuperación del patrimonio histórico, por ejemplo. Tanta gente se pregunta cómo vamos a tener una población de mediaguas cuando teníamos estas calles que, aunque no fueran de tanto valor arquitectónico, tenían cierta calidad, con casas de corredores... Creo que lo peor que podría pasar sería reconstruir con nostalgia, seudo-históricamente, con estilos como si fueran antiguos. El patrimonio es algo que se hizo alguna vez con los medios disponibles que produjeron ciertas tipologías. Lamentablemente cambiaron los tiempos, y no debiéramos reconstruir como hace 200 años. Salvo edificios patrimoniales muy puntuales. Las tecnologías que se usaban en esa época no estaban preparadas para la naturaleza y la geografía que hay en Chile. Hay que asumir la pérdida de una arquitectura precaria, que no estaba pensada para resistir demasiado. Nosotros no tuvimos imperios. No construimos como los incas con técnicas que son a prueba de siglos. Acá la cultura era más bien leve, se deshacía sistemáticamente cada tantos años con catástrofes naturales".

¿Dónde están las respuestas entonces?

"Pienso que esta es una oportunidad para, tanto a nivel de arquitectura como de las ciudades, reconocer que nuestro verdadero patrimonio es el paisaje. La naturaleza es la que nos bota al suelo, pero potencialmente también es la que nos salva. Los bordes destruidos de nuestras ciudades costeras en zonas forestales eventualmente podrían tener un parque que haga de filtro, nuestras costaneras deberían ser arboladas, y eso también significa calidad de vida, por mucho que las construcciones sigan siendo modestas. Va a requerir diseño, testeos, probablemente no en todos los casos funcionaría, pero como principio entender que ese tipo de operaciones está más cerca de lo que podríamos usar como un recurso, más que crear obras de ingeniería o de arquitectura. Si la escala de la amenaza es geográfica, la respuesta tiene que ser geográfica".

¿En concreto estamos hablando de materiales, tipologías?

"El material es súper relevante. No podremos reconstruir nunca más en adobe. La madera en Chile se produce en abundancia y más o menos barata. Como no es de demasiada calidad, vamos a tener que redefinir sus estándares. Finlandia ha logrado llevar su industria de la madera a niveles de excelencia, entonces parece razonable que aquí se aproveche este momento para crear tecnologías, diseños y arquitectura en madera porque como es liviana y flexible resiste terremotos. Deberíamos transformarnos en un país de diseñadores de la madera, y así como existe el diseño nórdico, también hablaríamos del diseño "súrdico". En Chile hay conocimiento para hacerlo y nos hacemos esta pregunta un poco antes que el resto. Si enfrentamos esto como un desafío y lo desarrollamos en beneficio propio, seguro que después incluso lo vamos a poder exportar. Cuando vives situaciones extremas que te botan al suelo, puedes reconstruir haciendo lo mejor que puedes o haciéndolo mejor que nunca". 

Texto, Mireya Díaz Soto.

   
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