Bicentenario Dos siglos de revolución musical:
Chopin en su versión más pop

El mundo festeja los 200 años del compositor frágil y sensible que dotó de emotividad a las melodías doctas; el pianista que, al incorporar el folclor y al componer piezas melancólicas, recordables y de corta duración, acortó la brecha entre lo docto y lo popular y acercó la música clásica al gran público.  

Evelyn Erlij 

Un piano desafinado parecía la única opción que tenía el judío Wladyslaw Szpilman para mantenerse con vida. Descubierto por un oficial nazi en una buhardilla, entre los escombros de edificios abandonados de la devastada Varsovia, el músico no tuvo más opción que cumplir la exigencia de su potencial verdugo y se sentó frente al instrumento que antes de la guerra había sido su herramienta de trabajo.

Harapiento y abatido, posó sus dedos esqueléticos sobre las teclas y comenzó a tocar la Balada N° 1 en Sol menor, Op. 23 de su admirado compatriota Fryderyk Chopin. El oficial Wilm Hosenfeld, conmovido por la triste melodía -quizás la manera más efectiva que tenía Szpilman para transmitir su desolación- no sólo le perdonaría la vida, sino también lo ayudaría, desde entonces, con alimento y noticias esperanzadoras sobre la inminente caída de Alemania en la guerra que finalizó en 1945.

Esta escena es posiblemente una de las más conmovedoras de la película "El pianista" (2002), de Roman Polanski, al mismo tiempo que refleja el fuerte poder expresivo de las composiciones de Chopin, a quien hoy, 200 años después de su nacimiento, el mundo sigue recordando como el símbolo máximo de la música romántica del siglo XIX.

El título es quizás injusto para sus contemporáneos Franz Liszt y Robert Schumann -quien también celebra su bicentenario este año-. Sin embargo, la dolorosa vida del compositor y pianista polaco nacido en Zelazowa Wola, en 1810, dotó a su música y a su figura de un halo de tragedia casi caricaturesco del que no podría zafarse nunca.

"La vida atormentada es un elemento muy estereotipado de lo romántico, y en el caso de Chopin está encarnado, entre otras cosas, en sus problemas de salud y su tormentoso romance con George Sand", explica el musicólogo de la UC Juan Pablo González, refiriéndose a la relación que lo unió a la escritora francesa, famosa por su pseudónimo y vestimentas masculinas -"que algunos hayan podido enamorarse de ella demuestra la bajeza a que han llegado los hombres de este siglo", diría Baudelaire-. "Liszt aparentemente no tuvo una existencia dramática, aunque Schumann sí. Chopin, sin embargo, generó mucha novela y cine sobre su vida, y así se construyó su imagen romántica", agrega el académico.

Su popularidad entre los compositores del romanticismo también tiene que ver con la intensa relación que sus piezas forjan con los oyentes. "Su música, a diferencia de la de Liszt y Schumann, alcanzó mucho mayor cercanía con todo tipo de público, lo que ha sido asociado a la inmediatez con que provoca sentimientos en quien lo escucha", explica el productor de Radio Bee-thoven José Oplustil. "Su música nace de un impulso provocado por un hecho personal y por lo mismo impacta rápido. Y lo interesante es que, sin que ésta pierda su lado intelectual, parece más simple y directa", afirma.

Una mente radical

Fue su música y no su vida dramática, sin embargo, la que lo catapultó rápidamente a la fama durante su corta existencia -murió sin alcanzar las cuatro décadas-. De hecho, antes de cumplir los 10 años, la gente y los críticos hablaban de él como un "segundo Mozart" y como "el mejor pianista" de Polonia. "Su música encarna mejor que la de cualquier otro compositor las características expresivas y técnicas del piano", escribió su biógrafo Bernard Gavoty, autor de "Chopin" (Vergara), considerado "el libro definitivo" sobre su vida.

"Una de sus particularidades es que se formó como pianista sin profesores de piano, ya que lo hizo con un violinista y un compositor que sabían tocarlo. Esa falta de escuela convencional le dio libertad como pianista y compositor para crear instancias nuevas. Escuchando a Paganini, quiso llevar al piano la técnica del violín, lo cual fue revolucionario. Ese cruce de instrumentos, su genialidad innata -fue un niño prodigio como Mozart y Mendelsohn-, el hecho de explotar aún más el sistema tonal rumbo hacia su disolución por el uso del total cromático, es decir, de todas las notas, y de tomar música campesina y llevarla a la esfera del concierto son los elementos que lograron establecer una revolución en la manera en que se interpreta el piano", explica González sobre la importancia de Chopin en la historia de la música.

En su época, sus composiciones fueron alabadas por buena parte de los críticos europeos que tuvieron la suerte de verlo tocar, e incluso en la actualidad se le ha considerado como una de las mentes musicales más radicales y penetrantes de la era post Beethoven. "Sus obras abrieron un camino por el que transitaron Fauré, Ravel, Debussy, Scriabin, Messiaen y Lutoslawski", afirma el crítico de música Jaime Donoso, quien considera que 200 años después de su nacimiento, la épica y la lírica de la poética de Chopin siguen vigentes.

"En sus líneas melódicas y ornamentaciones, Chopin trasladó al piano el bel canto de Bellini y Donizetti y, además, a juicio de sus contemporáneos instauró una manera de tocar no oída anteriormente, con una finura que causó admiración. Muchos intérpretes posteriores confundieron esto con afeminamiento y sensiblería. Existen grabaciones que para el gusto actual resultan insoportables", señala Donoso sobre la percepción que algunos tienen de sus obras, calificadas en ocasiones de "ligeras".

Sobre esto, González explica: "En Chile, por ejemplo, tenemos ciertos prejuicios y encontramos que Chopin es muy superficial, porque somos muy doctos y germanófilos", afirma, poniendo sobre la mesa el caso de Claudio Arrau. "Él es un pianista que se destacó por interpretar a Beethoven, Mozart y Bach. Aunque tocó algunas piezas del compositor polaco, creo que era un músico demasiado profundo para Chopin, ya que para tocarlo se necesita más liviandad y superficialidad, pero no de manera negativa, sino en el sentido de hacerlo con una gracia y suavidad particular", opina González.

Compositor superestrella

El talento y la fama llegaron de manera muy temprana a la vida de Chopin y durante su infancia en Polonia rápidamente se convirtió en una moda: príncipes, virreyes, condesas e incluso la madre del Zar querían ir a escucharlo a los salones, a pesar del disgusto que era para él la vida de conciertos públicos. "Como alguna vez escribió el compositor y musicólogo francés Roland Manuel, Chopin es uno de los compositores más populares y, al mismo tiempo, más traicionados. Por mucho tiempo se destacaron los rasgos más superficiales de su estilo y se oscurecieron sus reales aportes", afirma Donoso.

En el período que le tocó vivir, los salones burgueses europeos eran considerados entre los principales centros sociales y de fiesta, donde políticos, artistas e intelectuales se reunían no sólo a conversar. "En esa época había una industria del baile, con profesores y manuales para aprender. Los que enseñaban a bailar iban al campo a observar bailes folklóricos, los estilizaban y anunciaban que había un nuevo baile de moda. Chopin toma esas melodías como las mazurcas y las polonesas y las transforma en música de concierto", explica González.

De hecho, cuenta que el compositor debía escribir en las partituras de sus mazurcas que no eran para bailar, "lo que refleja que en ese momento era la música que se tocaba en los salones, ya que eran melodías fáciles de escuchar, rítmicas y pegajosas, que reúnen, por lo tanto, elementos comunes con el perfil de la música popular", afirma el musicólogo. En ese sentido, Chopin vinculó dos mundos -el docto y el popular- que estaban separados. "Y estamos hablando de música popular urbana, la que generaba una industria y la que la gente bailaba. Sería el equivalente actual del reggaeton, para que se entienda", asegura.

Pero no sólo esto explica que no sea tan descabellado asociar a Chopin con ciertos rasgos de la música popular: la corta duración de sus melodías -de alrededor de 3 o 4 minutos-, el carácter recordable y el aspecto sentimental, romántico y apasionado de su trabajo también lo conecta, de alguna manera, con el mundo de la música popular. "Sus obras se masifican porque llegan muy fácilmente al gran público, ya que si bien es música docta, es de un formato pequeño que no tiene la estructura más densa de las formas clásicas. No estamos hablando de la tetralogía de Wagner. Sus estudios, valses, mazurcas, preludios, polonesas y nocturnos, entre otros, son pequeñas piezas más fáciles de digerir", señala González.

Que Serge Gainsbourg haya convertido su Preludio Nº 4 en Mi menor, Op. 28 en una canción pop para su musa Jane Birkin o que el famoso pianista estadounidense Brad Mehldau se dé la libertad de interpretar sus piezas en clave jazzística no resulta extraño. "No tenemos problema en convertir la figura de Chopin en un ícono pop", afirmó el director del Instituto Fryderyk Chopin en Varsovia, Andrzej Sulek, cuando anunció las celebraciones de su bicentenario en Polonia, entre las que se cuenta incluso el lanzamiento de una línea de merchandising . Tras ello, agregó: "Eso no significa que haremos ringtones con algunas de sus sonatas... O por qué no, si es de calidad. Chopin ya es un símbolo de la cultura popular".

 Próximos conciertos y guía musical para neófitos

Una prueba más de los vínculos entre el compositor polaco y otros géneros musicales es el concierto de jazz con música de Chopin que ofrecerá el Centro de Extensión Artística y Cultural de la Universidad de Chile (CEAC), a cargo del cantante polaco Marek Balata . El evento -de entrada liberada- se realizará este jueves 18 de marzo, a las 19:30 horas, en el Aula Magna del Liceo Manuel de Salas (Av. Irarrázaval 3780). En tanto, para quienes estén interesados en adentrarse en la música de este célebre pianista, tres conocedores de su obra recomiendan estas piezas como las fundamentales:

-Jaime Donoso sugiere los nocturnos , "quintaesencia del Romanticismo intimista". También sus mazurcas , los estudios , sus cuatro baladas , "síntesis rapsódica de su lenguaje", los 24 preludios , "de admirable concentración y regidos por un estricto plan armónico", y la Sonata Nº 3, en Si menor , "que revela la libertad en el tratamiento de la forma".

-José Oplustil selecciona las Baladas Op. 23 y Op. 38 , los Estudios Op. 10 y Op. 25 , la Fantasía Op. 49 , el Impromptu Op. 29 , la Fantasía-Impromptu Op. 66 , la Polonesa-Fantasía Op. 61 , los Preludios Op. 28 , la segunda sonata para piano y los Scherzi Op. 20 y Op. 31 . Su elección se basa, entre otros motivos, en "el magistral manejo de los contrastes y el material temático, y la combinación de virtuosismo con melodías evocadoras y memorables".

-Juan Pablo González recomienda la Cuarta Balada , "que es la culminación de su estilo, una obra que tiene la dimensión de una sonata, pero manejada libremente por Chopin". También elige las mazurcas , "obras populares campesinas que él toma", el Nocturno en Si bemol, los estudios y los preludios. .

Chile tuvo su propio Chopin

Francia fue el principal referente cultural de América Latina tras el proceso de Independencia, continente que miró hacia París a la hora de desarrollar y crear su nueva cultura, justo en el momento en que Chopin gozaba de gran fama en Europa. "El interés latinoamericano por su figura tiene que ver con que fue un compositor de piano, instrumento con el que se puede hacer una cantidad enorme de música sin necesitarse una orquesta. Hay países que por entonces no tenían orquestas, ya que estaban recién formándose, pero que sí tenían piano", comenta Juan Pablo González. " Su importancia acá también tuvo que ver con la mirada de Chopin hacia las músicas populares de su patria. Los países latinoamericanos también querían tener compositores que las utilizasen para generar una música docta que fuese nacional ", afirma.

Esto explica que muchos compositores-pianistas latinoamericanos se convirtiesen durante el siglo XIX en los " chopines locales ", al tomar el vals, la mazurka y sus músicas nacionales para hacer música de concierto . "Él fue el primer referente para los compositores republicanos. Después van a conocer a Mozart y a Bach", cuenta González, quien explica que "nuestro Chopin" fue Federico Guzmán (1827-1885), considerado el músico chileno más importante del siglo XIX, mientras que en Cuba la versión local fue Ignacio Cervantes (1847-1905); en México, Tomás León (1826-1893) y en Brasil, Ernesto Nazareth (1863-1934).

"Guzmán y Cervantes viajaron a París cuando Chopin ya estaba muerto, pero recibieron su legado, tocaron donde él mismo tocó y tuvieron las partituras que él había usado. Cuando el chileno publicó en París, lo hizo como 'Frédéric' Guzmán. Y murió en París dando un concierto, o sea, la muerte más romántica que se pueda imaginar . Se desmayó sobre el piano dando un concierto y murió. Compuso una zamacueca para piano, valses y pequeñas formas como nocturnos", cuenta González.



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Foto:AGENCIAS

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