Entrevista Revelación española
David Monteagudo: "Echo de menos la rabia del anónimo e ignorado"

David Monteagudo es un hombre común que ha hecho algo muy poco común. Su ópera prima Fin (Acantilado) fue la revelación literaria del año 2009. Ya va por la novena edición y se traducirá al alemán, italiano, francés y holandés. Incluso es muy probable que se haga una versión cinematográfica.  

Marc Homedes 

Fin cuenta la historia de un grupo de amigos que deciden reunirse para pasar un fin de semana en el campo. Hace muchos años que no coinciden todos y la sombra de un episodio oscuro del pasado planea sobre el grupo. Además, deberán enfrentar una amenaza externa que no comprenden. La situación, cada vez más extrema, sacará al exterior lo íntimo de cada uno, sus obsesiones y sus miedos, en una trama de relaciones intrincada y absorbente...

Nos encontramos con David Monteagudo (Viveiro, España, 1962) en un Starbucks de Barcelona; viste polera negra con dibujos y jeans. Nos ha citado por la tarde porque por las mañanas trabaja de peón en una fábrica de cajas de cartón. En sus ratos libres, desde hace ocho años, escribe, y escribe bien. Monteagudo y Fin no son un producto de éxito "fabricado" por las editoriales, más bien son un éxito a pesar de las editoriales. La historia de este hombre de manos recias, que mueve remarcando lo que a veces se encalla en su habla ligeramente entrecortada, es una historia de esfuerzo recompensado.

-¿Se acostumbra a las entrevistas?

-Un mes después de que saliera publicado Fin , el pasado noviembre, ya empezaron las entrevistas. Uno se acostumbra, es como todo. He perdido la cuenta de las que me han hecho, pero si no es una diaria es casi cada día, en radio, televisión o como ésta, para prensa escrita. Y si no son entrevistas son actos de presentación del libro, en algún club de lectura.

-¿Escarmentado por mucho tiempo de golpear puertas sin recibir respuesta?

-Es una cosa muy bestia, porque cuando ya tienes una cierta edad y además has recibido muchas negativas, pues ya vas con mucha prudencia para no hacerte ilusiones ni falsas esperanzas; moderas las expectativas. En todo caso, lo estoy disfrutando y las críticas positivas o las que aunque sin ser positivas son inteligentes, dan satisfacción. También impresiona saber que te van a traducir al italiano, al alemán...

-¿Sabía que era cuestión de tiempo que lo "descubrieran"?

-Yo mismo no tenía ninguna seguridad de que pudiera ser escritor. Hay tanta gente que tiene lecturas, vocabulario, un bagaje cultural extraordinario y, en cambio, hay algo que no funciona cuando se ponen a escribir o quizás es simplemente que le tienen demasiado respeto al hecho de escribir y por eso precisamente no funciona. Yo tenía miedo de que me pasara algo así, porque era una de las últimas oportunidades que tenía de hacer algo creativo en esta vida además de estar currando (trabajando).

-En todo caso, tenía claro que escribía lo que quería.

-Pienso que el escritor que hace eso no se traiciona a sí mismo, es un tipo legal. Escribo el tipo de literatura que me gusta leer, aunque parezca contradictorio porque ahora estoy leyendo a los clásicos y Fin es una historia muy contemporánea.

-Y que atrae a muchísimos lectores.

-Me gusta una historia como ésta, que empieza de forma muy realista, casi costumbrista y que luego de golpe entra un elemento fantástico que le da un toque ambiguo que deja planeando la duda de si lo que te cuentan es simbólico o real, o la posibilidad de un final abierto. A mí me parece fantástico, me gusta aunque algunos digan que no se remata la faena. Hay tantas obras de las que recuerdas ambientes, atmósferas, situaciones, ¡pero no te acuerdas del final porque no era lo importante!

-¿Qué opina de su éxito, no siendo el súperventas al que estamos acostumbrados?

-Si hubiera escrito una novela histórica convencional es probable que hubiera publicado antes. El problema era puramente comercial y eso lo vi pronto, por la opinión de la gente que leía lo que iba escribiendo. Llegué a la conclusión de que lo que escribía sí era bueno, de calidad, lo que ocurría era que no cumplía con los estándares comerciales muy estrictos y encorsetados para que una editorial apostara por mí. Desde el principio quise entrar a través de una editorial grande, no autopublicarme ni ir por vías minoritarias. Con el agente literario que me llevaba veía que estaba bien escrito, que les gustaba, pero era desesperante que nadie quisiera publicarlo; pero, claro, es difícil que se arriesguen por un autor desconocido.

-Y eso que la agencia era ni más ni menos que la de Carmen Balcells. ¿Cómo llega a Acantilado?

-Un escritor, Jordi Llavina, que tiene una columna semanal en el periódico La Vanguardia, conocía mi obra y mi situación de peregrinaje. Un día escribió sobre el miedo que hay en el mundo editorial a apostar por algo nuevo, y hablaba de mi caso. Acantilado tenía mis manuscritos y algo se iluminó en la mente del editor Jaume Vallcorba, que ese mismo día llamó a mi casa. Desde entonces, todo vino rodado.

-Pero la editorial lo contactó por otro libro.

- Fin es el penúltimo libro que he escrito, pero el que le gustó al editor fue una novela ambientada en Galicia, donde pasé mi infancia, con la sombra del polishome (leyenda del hombre lobo) de fondo ( Brañaganda ). Esa fue mi segunda novela, ya tiene años, y saldrá publicada pronto. De hecho me han comprado los derechos de tres libros: dos novelas y un libro de cuentos. En total, tengo terminados diez libros, dos de cuentos, siete novelas y una especie de memorias.

-La espera valió la pena.

-Hasta que no tuve el libro entre mis manos, no me lo creía; pensaba que la editorial podía cambiar de opinión en cualquier momento. Era demasiado bonito para ser cierto. Cuando salió, mis esperanzas eran que se vendiera lo mínimo para que no perdieran dinero y así me dejaran publicar alguna otra cosa.

-Las críticas sitúan "Fin" en la senda de Bradbury, Philip K. Dick o del McCarthy de "La Carretera", ¿cuáles considera que son las fuentes de influencia en la gestación del libro?

-Básicamente, en Fin hay influencias de El Jarama , de Rafael Sánchez Ferlosio; del Bestiario de Julio Cortázar, alguna cosa de Onetti, y del teatro de Valle-Inclán. También encuentro que me ha influenciado el Truman Capote de A sangre fría .

-¿Es un escritor metódico, o el trabajar en la fábrica lo complica?

-Es terrible, porque soy obsesivo y hasta que no he terminado la novela o lo que sea no me quedo tranquilo, incluso tengo que refrenarme porque tengo una tendencia a acelerarme para terminar antes. Soy muy metódico, autodisciplinado, escribo cada día, me lo planteo como una obligación. Por lo general, escribo el fin de semana por la mañana muy temprano o las tardes de los días laborables cuando vuelvo de la fábrica y mi mujer o mis suegros se pueden hacer cargo de mi hijo que aún es pequeño.

-¿Reescribe mucho?

-Me cuesta mucho corregir, romper material que ya he dado por bueno, porque tengo muy poco tiempo para escribir y lo que sale ya está muy pulido estilísticamente; es un trabajo de orfebrería que me da rabia romper.

-¿Sus compañeros de la fábrica sabían que era un escritor en potencia?

-Para nada. Estaba completamente camuflado. Nunca he ido de artista por la vida, era una cosa mía, muy personal, de mi actividad fuera de la fábrica. Siempre tuve claro que había que cumplir, ganarse la vida y que ya habría tiempo para intentar escribir. Sí había un compañero con el que tengo más confianza que sabía y que incluso había leído algo de lo que había escrito, pero no trascendía. Ahora lo saben todos, pero fue por el día en que vino la televisión a la fábrica a hacerme una entrevista.

-¿Qué clase de lector es usted?

-He sido bastante ecléctico, pero creo que tengo buen olfato y pocas veces me he encontrado leyendo algún libro del que haya pensado que había tirado el dinero al comprarlo o que me haya decepcionado porque hablaban muy bien de él y a mí no me gustó nada. Desde que empecé a escribir y tengo menos tiempo para leer, me propuse leer sólo grandes clásicos. Es una cuestión casi estética. Por ejemplo, todo el año pasado me pasé leyendo a Proust. Empecé a leer en serio a los 11 años, con Dickens y Tolstoi, y nunca he parado.

-Pero no es un enfermo de lectura.

-Bueno, lo que no soy es un lector compulsivo, soy incapaz de estar dos horas seguidas leyendo, leo media hora o una hora como máximo y cuando más estoy disfrutando lo dejo. Me encanta paladear lo que leo.

-¿Le atrae el mundo editorial?

-Soy ajeno por completo al mundo literario y editorial, puedo decir que incluso de forma voluntaria. ¿Si me atrae? No, para nada. Tengo claro que debo mantenerme al margen de todos los aspectos sociales de ser escritor o de estar en el mundo editorial de Barcelona y seguir tranquilito en Vilafranca del Penedès (una ciudad de 40 mil habitantes cercana a Barcelona). Sé que tengo que escribir y que mi obra sea interesante. Y bueno, tenga éxito o no, sigue siendo mi obra.

-Ahora podrá conocer personalmente a sus escritores favoritos.

-Es una cosa que no me he planteado, pero es cierto que el hecho de entrar en el mundillo y tener una cierta resonancia puede servir para conocer a gente interesante, no sé (se toma su tiempo para pensar), quizás a Eduardo Mendoza y a Juan Marsé, que viven aquí en Barcelona.

-¿Cree que el éxito lo va a cambiar?

-Es una de las cosas que tengo claras. Me ha cambiado muy poco, sólo que ahora por las tardes en lugar de escribir casi siempre tengo que ir a hacer alguna entrevista. Lo que para mí es un problema es si entra mucho dinero, porque vivo muy austeramente, no le doy valor al dinero y con ganar lo suficiente para vivir con dignidad estoy satisfecho.

-¿Qué echa de menos si mira atrás, antes del éxito de "Fin", y qué le preocupa del futuro?

-Al mirar hacia adelante está una incertidumbre, dejando de lado las cuestiones económicas: la de si el éxito, por muy relativo que sea, habrá afectado a mi creatividad o a mi capacidad de concentración para escribir. Y mirando hacia atrás, lo que hecho de menos es la total independencia y la libertad creativa. También la rabia, que a veces es muy productiva, del que todavía no es nadie, del que vive completamente anónimo e ignorado. ¡Además, por toda esta movida hace meses que no escribo!

 Vínculo con Chile

Monteagudo pertenece desde hace años a los castellers de Vilafranca del Penedès. Los Castells son las torres humanas típicas de Cataluña y que precisamente llegaron a Chile de la mano de la agrupación a la que pertenece Monteagudo, que "apadrinó" las asociaciones castelleras de Lo Prado y Cerro Navia. El escritor cuenta que los Castells le han dado más felicidad que todo el éxito que está cosechando su primera novela publicada. "Los éxitos que conseguí con los Castells los disfruté mucho más que esto. Era como estar enamorado, y aunque la construcción es una cosa que dura muy pocos instantes, a mí me provocaba una gran felicidad y lo estaba saboreando durante semanas, lo paladeaba y lo disfrutaba mucho. El publicar, en cambio..., llevo ocho años escribiendo más o menos encerrado en casa y soñando con conseguir esto, y curiosamente no lo disfruto tanto, es muy cerebral, y lo vivo con un cierto distanciamiento".



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Foto:FRANCISCO JAVIER OLEA

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