Escritores cubanos Condenados en la Primavera Negra (2003)
20 años de cárcel por fundar bibliotecas y ejercer el periodismo

Todavía permanecen recluidos en penales cubanos 24 reporteros, escritores y bibliotecarios. Sus testimonios se han publicado fuera de la isla o circulan en los blogs, nueva arma del periodismo independiente y la "Generación Y", como la ha bautizado Yoani Sánchez.  

Pedro Pablo Guerrero 

El 18 de febrero pasado, Ricardo González Alfonso pasó su cumpleaños número sesenta en una celda. Juzgado en abril de 2003 por infringir el artículo 91 del Código Penal de Cuba, que tipifica los actos contra "la independencia o la integridad territorial del Estado", González fue condenado a veinte años de prisión, que actualmente cumple en el penal Combinado del Este, de La Habana.

"Como relámpagos sin nubes/ llegan./ Palpan la sábana/ en busca -quizás- de mi alma./ Releen mis manuscritos/ con ojos de críticos/ crónicos", escribe González Alfonso en el poema "Requisa". Mientras, en otros versos su libro Hombres sin rostro (2005) comprueba: "Sólo un huérfano/ de paladar/ no sufre/ el menú de los penados:/ manjares/ de azufre".

Por más que se busque y registre, no hay en la carrera de este hombre de letras -Premio Reporteros sin Fronteras 2008, en la categoría de Periodista del Año-, nada que lo vincule, ni remotamente, a hechos tan graves como los que se le atribuyen. En 1998 creó la biblioteca independiente Jorge Mañach, como parte del proyecto de Bibliotecas Independientes de Cuba. Tres años más tarde fundó la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling junto al poeta Raúl Rivero, con el objetivo de formar profesionales independientes, iniciativa que recibió el Quinto Premio Internacional de Derechos Humanos de la Fundación Hispano Cubana. Fue luego director de la desaparecida revista "De Cuba" (Mención especial Mariah Morse Cabot, de la Universidad de Columbia) y, desde la prisión, ha publicado tres libros fuera de su país: Historia sangrada, Hombres sin rostro y Con fines humanos .

González recuerda a las almas dormidas de todo el mundo que acciones tan mansas como fundar bibliotecas y escribir poemas pueden llegar a constituir, a los ojos de cualquier dictadura, actividades subversivas. Sobre todo en un país definido por el ensayista cubano Rafael Rojas como "una antiutopía literariamente mutilada" ( El estante vacío , Anagrama). En efecto, gran parte de la producción editorial de Cuba se publica en el exilio, incluso en los casos de autores que permanecen en la isla, ya sea por voluntad propia o ajena.

La Primavera Negra

Según el Comité de Escritores en Prisión del PEN Club Internacional -WiPC, por su sigla en inglés-, en Cuba hay 26 escritores, periodistas y bibliotecarios encarcelados (dos ya cumplieron condena este año y están libres). La mayoría de ellos fueron condenados en juicios sumarios, de un día, que se realizaron en abril de 2003, después de lo que en Cuba se conoce como la Primavera Negra: una ola de arrestos y acciones represivas contra opositores al régimen acusados de conspirar con James Cason, jefe de la Sección de Intereses Especiales de Estados Unidos en La Habana.

Uno de los casos de mayor connotación pública fue el de Antonio Ramón Díaz Sánchez (1962), autor del libro testimonial 690. Vivencias de terribles pesadillas , editado en 2006 por el Centro Internacional Democristiano Sueco. Recluido en el penal de Canaleta, provincia de Ciego de Ávila, este militante del Movimiento Cristiano de Liberación -que en una carta de 2004 al entonces ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, se presentó como "católico y miembro de la Logia Libertad y Civismo"- estuvo durante meses confinado a una celda de aislamiento. Como se negaba a usar esposas, los gendarmes le impedían tomar sol en la zona destinada a esa función. Tampoco despachaban las cartas que escribía a su mujer y retenían los cigarrillos y alimentos que ella le enviaba. Además le negaban el derecho a hacer siquiera una llamada telefónica al mes y a recibir la asistencia religiosa que solicitaba, a pesar de estar enfermo del corazón.

"¿Cuántas veces castigarán a Antonio Díaz Sánchez por no vestir el uniforme de recluso?", reclamó el año pasado su compañero de prisión Juan Adolfo Fernández Saínz (1948), en lo que apuntaba a una actitud característica de los intelectuales condenados en la Primavera Negra: todos insisten en su condición de presos de conciencia y se niegan a usar la misma ropa que el resto de la población penal.

Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa en la Universidad de La Habana, el disidente Fernández Saínz alguna vez fue un funcionario de elite, destinado por el gobierno cubano a importantes misiones internacionalistas -colaboró en Etiopía con el comandante Arnaldo Ochoa, fusilado en 1989- y a trabajos en el organismo estatal de traductores e intérpretes. Detenido y procesado en 2003, recibió una condena de quince años por infringir la Ley 88, que contempla penas de hasta veinte años para quienes sean hallados culpables de "acciones que en concordancia con intereses imperialistas persiguen subvertir el orden interno de la nación y destruir su sistema político, económico y social".

En Cuba libre (Debate), la bloguera Yoani Sánchez recuerda una llamada telefónica que Adolfo Fernández le hizo una noche de 2008 desde la prisión de Canaleta. "Se le oye agitado. Unos carceleros, casi analfabetos, le impiden recibir los libros y revistas que le llevó su esposa en la última visita. La lista de los 'peligrosos' textos retenidos incluye las publicaciones católicas Palabra Nueva , Espacio Laical y unas reflexiones espirituales de san Agustín. Sus compañeros de causa, Pedro Argüelles Morán y Antonio Ramón Díaz Sánchez, se le han unido para presionar de la única forma que pueden: rechazar el magro sustento que ponen sobre sus bandejas. Hasta que les dejen pasar el alimento de las letras, evitarán la insípida ración que los mantiene vivos".

Generación Y

Si en otras sociedades el periodismo suele verse como un tránsito a la literatura, en la cubana se da muchas veces el caso inverso: escritores que, relegados de los circuitos oficiales por sus ideas, llegan al periodismo -o algo parecido- de manera involuntaria. Censurados por el régimen castrista, vetados en sus editoriales, universidades y bibliotecas, cada vez más autores utilizan internet para difundir sus textos. Esas "criaturas mestizas", hipogrifos "a medio camino entre la crónica, el exorcismo personal y el grito", como llama Yoani Sánchez (1975) a las viñetas de la realidad cotidiana que sube, desde 2007, a su blog Generación Y .

"Una bitácora inspirada en gente como yo -anota esta filóloga renegada -, con nombres que comienzan o contienen una y . Nacidos en la Cuba de las décadas de los setenta y los ochenta, marcados por las escuelas en el campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración".

Conscientes de los riesgos que entraña manifestarse libremente bajo un régimen totalitario, Yoani Sánchez y otros blogueros cubanos descubren la paradoja de que su mejor defensa contra la censura y la represión no es la clandestinidad, sino precisamente la visibilidad de la web: miles de ojos en todo el mundo vigilan al Vigilante.



 75 procesados

entre marzo y abril de 2003, durante la Primavera Negra. Cincuenta y tres de ellos siguen en prisión.

22 intelectuales

Escritores, periodistas y bibliotecarios recibieron condenas que van de los 13 a los 27 años. La mayoría fueron sentenciados a veinte años.

4 más fueron encarcelados

después de 2003, bajo los cargos de "peligrosidad social predelictiva" y "desacato a la autoridad". Cumplen penas de tres a cuatro años.

(Datos de International PEN)

Desde Cuba habla el periodista independiente Luis Felipe Rojas

Vive en un pueblo a treinta kilómetros de Holguín, ciudad del oriente de la isla. Con periodicidad variable, Luis Felipe Rojas Rosabal (San Germán, 1971) mantiene dos blogs: Animal de Alcantarilla y Cruzar las alambradas. En ellos describe la realidad cotidiana e informa de algunas actividades que realizan los opositores al régimen. Luis Felipe Rojas cubre -o al menos lo intenta- sus manifestaciones, acciones de protesta y declaraciones.

Subir textos y fotos a la web no es fácil. "Le pido a otra persona que me revise el correo -explica-. Yo no puedo hacerlo directamente desde ningún cibercafé del oriente del país".

Imprevisto fue su camino hacia el periodismo electrónico. Estudió filología y comunicación social, sin concluir ninguna. Ha publicado los poemarios Secretos del Monje Louis , Animal de alcantarilla , Cantos del malvivir y Anverso de la bestia amada . En la actualidad es corresponsal del diario digital Encuentro en la Red, de Madrid, y noticias suyas son emitidas por las radios Martí y República, ambas de Miami. Desde Holguín, a través de su teléfono celular, relata cómo llegó al periodismo independiente y los problemas que ha tenido con "ellos", como se refiere a veces a la Seguridad del Estado.

-¿Cuántas veces te han detenido?

-Unas catorce o quince.

-¿Y este año?

-Tres veces ya. En enero vinieron a mi casa, me llevaron a la unidad de la policía y me mantuvieron detenido por unas horas, supuestamente para que no fuera a una reunión que se iba a hacer en Holguín. Después, en febrero, cuando murió Orlando Zapata Tamayo me retuvieron en casa para que no asistiera a sus funerales. No te sacan a un cuartel, pero llevan una fuerza de vigilancia de varios hombres que se apostan en la calle, con un jeep de la policía. Te comunican la orden de que no debes salir; de que en caso de salir te detienen.

-¿Te interrogaron?

-La última vez, el 24 de marzo, cuando me detuvieron en la ciudad de Bayamo a las siete de la mañana. Como estaba fuera de mi provincia no me llevaron a una unidad policial, sino a un centro de detención, que ellos le dicen de operaciones, de la Seguridad del Estado. En cada provincia hay uno. Ahí me hicieron un interrogatorio feroz, durante horas, lleno de insultos, diciéndome que no debía estar en esa ciudad. Después me llevaron a la unidad de operaciones de Holguín, y ya sobre las dos de la tarde me hicieron otro interrogatorio. Me registraron todo, borraron los documentos que tenía y echaron a perder mi cámara de video. Esta vez me devolvieron el teléfono.

-¿Qué razones dan para detenerte?

-La amenaza es que no debo salir del lugar donde vivo. Ellos siempre dicen al principio que te detienen para cuidarte, y que no te pase algo, pero al final del interrogatorio te piden que no sigas escribiendo. No pertenezco a ningún partido político, pero tengo un blog y hago periodismo independiente, así que me arrestan para que no se conozcan en el extranjero las acciones de la disidencia. Hay grupos que me comunican de manera clandestina lo que van a hacer. Uno va y cubre como puede, porque a veces no nos dejan ni llegar, o nos quitan los elementos de trabajo, como las cámaras y cualquier tipo de grabadoras. Últimamente están quitando los teléfonos.

-Aparte de publicar en blogs, ¿puedes editar libros?

-Yo publiqué en Cuba hasta 2004 cuatro libros de poesía y aparecí en varias antologías de cuentos. Desde allí para acá no he podido publicar nunca más. Quedé prohibido por las autoridades. No puedo actuar como jurado. Tampoco hacer lecturas públicas. Algunos organizadores de eventos, a veces sin saberlo, de manera ingenua me invitan a encuentros de literatura dentro de la isla, pero rápidamente la seguridad del Estado interviene e impide que me lleven. Mi obra acumulada la tengo en la casa.

-¿Qué pasó en 2004?

-Junto a otros escritores hicimos una revista que se llamaba "Bifronte". No era de confrontación, sino simplemente una revista literaria, pero al margen de la literatura oficial. Queríamos hacerla fuera de ese marco, sin sobrevalorar ninguna tendencia de las que hay en la isla, ni a los autores aceptados por el régimen, que son bastante traídos y llevados. Pusimos cosas de Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Antonio José Ponte y otros escritores que todavía están prohibidos. Logramos sacar dos números nada más. En 2006 ellos registraron la casa, me quitaron un laptop y la impresora con que hacíamos la revista.

-¿Tomaron represalias contra ustedes?

-Expulsaron a mi esposa del trabajo, que era una periodista de la radio local. A otro amigo, que ahora está en Houston, Texas, lo dejaron sin trabajo un tiempo. Y así. El asesor de nosotros era el sacerdote Olbier Hernández Carbonell. Ejercieron tanta presión sobre la Iglesia Católica que la Conferencia de Obispos de Cuba decidió mandarlo a estudiar a España. Nos dejaron a la deriva. Luego empezaron a llamarme de la Seguridad del Estado para detener la revista. Yo me negaba, aunque ya no podía hacerla, porque no tenía los medios. Era una muestra de disidencia.

-¿Cómo llegas al periodismo independiente?

-A medida que me llamaban de radios extranjeras empecé a ligarme al periodismo independiente. Yo sólo quería hacer literatura; nada de opinión. Pero ellos me expulsaron del trabajo, me cerraron todas las puertas editoriales en Cuba, y no podía hacer otra cosa que escribir para medios de fuera de la isla y colaborar con proyectos independientes que había adentro: revistas como "Amanecer" y otras que iban saliendo de manera clandestina.

-Se estima en 24 la cantidad de escritores y periodistas cubanos encarcelados. ¿Crees que hay más?

-Esa es más o menos la cifra. Algunos no eran periodistas ni escritores antes de llegar a prisión, pero adentro han hecho un periodismo de barricada desde la garganta del diablo, como las memorias de Tony Díaz Sánchez. Otros periodistas independientes también han conseguido publicar sus testimonios: Héctor Maseda, Normando Hernández y Manuel Vázquez Portal, que ya está libre. De todas formas, yo creo que la cifra es un poco mayor si contamos a presos que escriben para medios digitales y boletines clandestinos: "El cubano libre", de Holguín, o "Porvenir", un boletín que se edita en Guantánamo. Quizás esos medios no tengan el reflector de la prensa internacional, pero esas personas, que deben ser cinco o seis, escriben más que decorosamente.



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<p>El periodista Juan Adolfo Fernandez Saín, condenado a 15 años.</p>

El periodista Juan Adolfo Fernandez Saín, condenado a 15 años.


Foto:Adolfo Fernández Saínz

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