El éxito profesional

Es mucho más importante para una persona tener un talento destacado que no tener defectos. El compromiso con unos pocos talentos se complementa con la flexibilidad en su uso,  

 

AGREGAR VALOR A LA SOCIEDAD

La siguiente reflexión busca orientar a un hombre o a una mujer que quiera revisar la estrategia de desarrollo de su propia carrera. Esto, con el objeto de mejorar las probabilidades de tener éxito profesional.

Primero tenemos que definir qué es tener éxito. Creo que una persona puede sentirse exitosa en su vida profesional si ha agregado valor a la sociedad.

Así, para ser exitoso hay que crear valor, crear nuevas tortas. Nadie puede aspirar a recibir más que su propio valor agregado, que se define como la diferencia que hace su aporte. Esto es, la diferencia entre el valor total creado con su trabajo y el valor que se crearía sin su trabajo.

En una empresa con fines de lucro, para que tu posición sea estable es necesario que tu impacto en las utilidades de la compañía sea mayor que tu sueldo.

Por supuesto, entre los exitosos se incluyen los que crean valor para la sociedad sin priorizar los beneficios personales. El Padre Hurtado fue muy exitoso. Piensen en su valor agregado, en lo diferente que sería Chile si él no hubiera existido. Creo que los profesionales exitosos y generosos son los más felices, porque da alegría hacer el bien, colaborando desinteresadamente en la construcción de una sociedad más próspera y justa.

Pocos talentos

Para agregar valor a la sociedad los profesionales deben desarrollar talentos que permitan realizar, con maestría y distinción, actividades que la sociedad necesita.

Detrás de cada desempeño sobresaliente hay talentos específicos. Se requieren determinados talentos deportivos para ser un gran tenista, o en el ámbito musical para desempeñarse como un gran flautista, o artísticos para ser un gran pintor, o artísticos y matemáticos para desempeñarse como un gran arquitecto, o matemáticos para ser un gran ingeniero en computación, o en el ámbito de las letras para ser un gran abogado, o en el ámbito de las relaciones humanas para ser un gran líder.

Peter Drucker recomienda concentrarse en las fortalezas, transformando talentos destacados en talentos extraordinarios. Insiste en no perder mucho tiempo tratando de mejorar áreas débiles. Es mucho más importante el tener un talento destacado que no tener defectos.

Para ser exitoso es necesario tener algún talento valorado por la sociedad que sea distintivo y difícil de imitar. No se necesita tener muchos talentos, pocos son suficientes.

Más aún, para mí lo ideal es tener pocos talentos y muchas debilidades. En el dibujo de Aetós, la linterna representa el talento salvador, que pesa más que los muchos otros elementos: vicios, mala onda, humo y velas; discapacidades o talentos no distintivos que oscurecen o iluminan poco.

Muchas debilidades

Tener pocos talentos facilita la elección de aquellos que se van a potenciar. Todos conocemos casos de personas que por tener talentos naturales en demasiados ámbitos nunca toman el compromiso de potenciar unos pocos de ellos, perdiéndose la sociedad el valor que a ellos les correspondía aportar, de acuerdo a los talentos recibidos.

Tener muchas debilidades facilita el trabajo en equipo, ya que la necesidad de la colaboración de otros se hace más evidente. Claro, siempre que entre las debilidades más marcadas no esté la incapacidad de trabajar en equipo. Todos sabemos lo difícil que es hacer equipo con personas arrogantes que creen ser más competentes que todos los otros en todas las dimensiones.

Conocerse a sí mismo

Los profesionales deben elegir qué talentos van a desarrollar. Para esto hay que conocerse a sí mismo. Tú debes conocer lo más posible tus fortalezas y debilidades, lo cual no es tarea fácil. En realidad, uno nunca termina de conocerse a sí mismo.

Una manera práctica de avanzar en el conocimiento de sí mismo es desempeñando actividades que utilicen los talentos que uno cree que tiene y ver si se es exitoso haciéndolo.

Nada me habría gustado más que ser músico de una banda de rock. En mi juventud dediqué muchísimas horas a estudiar flauta. Como mi mejor amigo en el colegio sí tenía talento para la música, puedo decir con absoluta certeza que mis talentos musicales naturales eran muy precarios. Por lo que el basar mi éxito profesional en potenciar mis talentos musicales habría sido una muy mala decisión.

TRES CLASES DE DECISIONES

Los talentos son lo central para agregar valor a la sociedad. Durante su vida las personas deben tomar tres clases de decisiones en relación con ellas.

Ellas deben decidir 1) cómo conocerán cuáles son sus talentos, 2) cuáles potenciarán, y 3) qué actividades valoradas por la sociedad desempeñarán utilizando estos talentos.

Antes de los 17

Las tres clases de decisiones mantienen su vigencia durante toda la vida de las personas. Sin embargo, el énfasis entre estas tres clases cambia. Antes de los 17 años, el acento debería ser el conocerse a sí mismo, realizando muchas y variadas actividades, y buscando retroalimentación.

Se deberían realizar actividades intelectuales relacionadas con las ciencias básicas, la matemática y el lenguaje, actividades artísticas como pintura, música, danza, y actividades deportivas múltiples.

La carta de Gastón Soublette publicada en "El Mercurio" el 6 de abril pasado no puede ser más certera. Él plantea que lo más importante de todo aprendizaje es que "alguien capacitado para ello le enseñe al joven o al niño cómo revertir la mirada del mundo exterior hacia sí mismo para conocerse".

Antes de los 17 el acento debe ser calibrar los talentos naturales, manteniendo máxima flexibilidad respecto a la elección de los talentos que potenciará y a las actividades que desempeñará para servir a lo sociedad.

Después de los 17

A partir de los 17 años, cuando los jóvenes tienen que elegir qué carrera profesional estudiar, ellos deben comenzar a tomar decisiones sobre el inventario de talentos que potenciarán.

Si uno quiere ser exitoso, inevitablemente hay que comprometerse por anticipado en el desarrollo de talentos únicos y difíciles de imitar, porque éstos demoran tiempo en desarrollarse.

Entre los 17 y los veintitantos, la recomendación es focalizarse en potenciar talentos y dejar para más tarde las decisiones de cómo exactamente éstos se emplearán.

Entre más joven se es, más prioritaria es la decisión sobre qué talentos únicos potenciar. Serán años de trabajo, y el éxito se logrará si en el futuro los talentos desarrollados permiten realizar actividades útiles para la sociedad.

El problema es que hay mucha incertidumbre, y nadie sabe cuáles serán las actividades que más valorará la sociedad en el futuro. Para gestionar la incertidumbre, el compromiso con unos pocos talentos debe complementarse con la flexibilidad en el uso de ellos.

La recomendación es potenciar talentos que idealmente puedan ser utilizados en una amplia gama de actividades. Por ejemplo, talentos matemáticos, verbales o artísticos. Y mantenerse flexible respecto de las actividades, hasta que llegue el momento de desempeñarlas.

Ingeniería Industrial UC es un buen ejemplo de una carrera que ayuda a potenciar talentos fundamentales cuyos usos son muy flexibles.

Aunque seguramente estoy sesgado, por mi condición de profesor de esta carrera, veo con mucho orgullo a nuestros egresados destacándose en los ámbitos más variados. Los hay gerentes, empresarios, líderes, fotógrafos, escritores, sacerdotes, entrenadores de fútbol... y también algunos desempeñándose como ingenieros.

Los 20 y más

Conocerse a sí mismo y potenciar unos pocos talentos son tareas para toda la vida. Después de los veintitantos se activa la tercera clase de decisión, completándose la trilogía.

Recién ahí los profesionales deben comenzar a tomar decisiones sobre qué actividades desempeñarán para realizar el mayor valor agregado a la sociedad, dados los talentos que han decidido potenciar.

Los jóvenes ya no pueden postergar más el inicio de la carrera profesional. Deben comenzar a elegir, dentro de sus opciones, qué harán como músicos, pintores, bailarines, arquitectos, diseñadores, abogados, profesores, ingenieros, gerentes, empresarios o políticos.

Durante toda la vida el éxito profesional requiere buenas decisiones sobre cómo desarrollar los talentos y en qué actividades emplearlos.

Para tomar correctamente estas decisiones, la clave es estar siempre profundizando el conocimiento de uno mismo y permanentemente sintonizado con las necesidades de la sociedad.



 


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