Hilda Molina publica un libro con su historia:
Doctora disidente relata cómo es vivir las dos caras de la revolución castrista

En "Mi verdad" revela detalles de su especial relación con Fidel Castro y aclara que no tuvo un romance con él.  

ERIKA LÜTERS GAMBOA 

La doctora Hilda Molina llegó a ser una de las científicas más importantes de Cuba, y como tal fue reconocida por el régimen y por Fidel Castro en particular. Tan alto llegó que cuando se apartó del gobierno comenzó para ella un calvario que sólo concluyó hace nueve meses cuando abandonó la isla.

Quince años demoró en conseguir la autorización del gobierno para viajar a Buenos Aires para reunirse con su hijo Roberto, sus nietos, a quienes no conocía, y a su octogenaria madre, a quien también se le prohibió salir de Cuba hasta mayo de 2008.

Detalles de lo que le significó vivir y sufrir la dos caras de la moneda de la revolución componen su libro "Mi Verdad", que se lanzará el 23 de este mes en Argentina.

De Buenos Aires casi no ha visto nada, pues desde que llegó en junio del año pasado se ha dedicado a atender personalmente a su madre, quien sufre de insuficiencia cardíaca.

Y aunque el tiempo ha transcurrido, "a veces me da la impresión de que esto no es real; imagínese, estar con la familia después de 15 años", señala al teléfono.

Dice que escribió el libro para que la gente sepa "lo que se sufre no sólo cuando se es disidente, sino cuando se está dentro del sistema y se tiene un poco de dignidad".

Como le pasó a ella, cuando siendo muy joven, recién egresada de un colegio de monjas pero con mucho idealismo y pasión, adhirió al proyecto de Fidel Castro.

Pero el desencanto llegó temprano. "Era un ambiente de mucha confrontación, de violencia, de vulgaridades, de obscenidades, de imposiciones, de dogmatismo", recuerda de esos años.

Pese al ambiente que chocaba con sus principios, admite que se autoengañó con lo que era para ella el sueño revolucionario, tuvo miedo a reconocer que había fracasado, y siguió adelante.

"Esas contradicciones, errores, y también aciertos, todos esos detalles están en mi libro que es un recorrido de casi seis décadas", indica la doctora.

Como neurocirujana brillante fue enviada a Argelia entre 1980 y 1983. Eso le sirvió para abrir los ojos y darse cuenta del mundo en el que vivía. Fue allí donde tomó la decisión de seguir vinculada al proceso revolucionario, pero sustrayéndose de la realidad nacional para así dedicarse exclusivamente a la medicina.

Molina se convirtió en la primera mujer en el mundo que practicó con éxito una intervención quirúrgica de trasplante de tejido cerebral. Este triunfo científico sería luego el argumento enarbolado por Fidel Castro para impedirle dejar la isla. "Su cerebro pertenece al Estado", fue la consigna del régimen.

Su máxima realización se concretó en 1989, cuando fundó el Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren).

Pero la felicidad duró hasta que las autoridades quisieron destinarlo sólo a pacientes extranjeros en contra de su voluntad. "Ahí siento que rompen el último lazo que me ata a ellos", manifiesta.

"Quise renunciar en Cuba, no me quise escapar ni aprovechar mis viajes. Según mi conciencia, si yo había estado en ese sistema tan terrible durante 35 años, lo mínimo que podía hacer era seguir en la isla".

Sabía a lo que se exponía al renunciar; por eso, primero consiguió con el profesor de su hijo, quien estudiaba medicina, que le adelantara una práctica programada para el año 1995 en Japón.

"El profesor no me pidió explicaciones, parece que en mi mensaje él percibió un llamado de auxilio. Mi hijo se enteró en Japón de mi renuncia y de que ya no podría regresar a la isla. Fue tremendo, pero yo no quería que mi hijo sufriera las consecuencias; Fidel sabía lo que significaba mi hijo para mí".

Molina recuerda ahora que cuando consiguió poner a salvo a Roberto nació la idea de alguna vez escribir un libro. Por eso, dice, tituló el primer capítulo "La despedida", porque allí relata la separación que se prolongó por largos 15 años.

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"Mientras Fidel Castro respire va a dirigir Cuba y va a ser el patriarca de la subversión latinoamericana".

HILDA MOLINA

 Su singular relación con Fidel

"Ha sido mucha la virulencia de Fidel Castro contra mi persona. Es algo inexplicable; por eso, siempre les digo a los periodistas por qué no se lo preguntan a él", dice Hilda Molina de su relación con el líder cubano.

Pero no siempre fue así, como lo relata Molina en su libro. En los tiempos en que la doctora trabajaba con el régimen, "Fidel Castro fue extremadamente deferente, delicado y cariñoso conmigo", recuerda.

-¿La admiraba por su profesionalismo o porque se enamoró de usted?

"Lo del profesionalismo estoy convencida, porque además él siempre lo decía mucho. Lo otro, no lo sé. No lo puedo asegurar. Él nunca me dijo nada".

-¿Cómo era su trato con él?

"Cada vez que yo percibía algo, le hablaba de trabajo. Nunca quise que se produjera una relación más allá de lo profesional. Si no siguió adelante fue porque yo hice todo lo posible para que no siguiera".

-¿Era usted entonces la que manejaba la relación?

"Él siempre me preguntaba: '¿Y tú no tienes otro tema de qué hablar?'. Y yo le decía: 'Sí, como no, ayúdeme a que no saquen a los pacientes cubanos del Centro'. O le contaba que había dirigentes que tenían más interés en que las camas fueran para pacientes extranjeros que para los cubanos. Y eso lo molestaba".

Molina recuerda que asistió a muchas cenas invitada por Castro. "Eran cenas en el Consejo de Estado, no eran privadas. Casi siempre tenía de invitados a personalidades, y por lo general eran capitalistas; tenía muchos amigos capitalistas pese a que condena tanto el capitalismo".



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Hilda Molina dejó Cuba hace nueve meses. Actualmente vive en Buenos Aires.


Foto:ASSOCIATED PRESS

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