La urbe más peligrosa de México es azotada por la criminalidad:
La muerte, la violencia y el narcotráfico acechan en cada calle y cada esquina de Ciudad Juárez

Los carteles de la droga se disputan el territorio en la urbe fronteriza con Estados Unidos. Sólo el año pasado murieron ahí dos mil personas.  

AMIGZADAY LÓPEZ BELTRÁN El Comercio de Lima 

CIUDAD JUÁREZ La muerte ronda en Ciudad Juárez, con los fantasmas de más de 2 mil víctimas de la "narcoviolencia" sólo en 2009, con un promedio de ocho asesinatos diarios este año y en cada habitante que lucha por no ser el próximo cadáver.

Pero no todos resisten esa constante amenaza. Unos se han marchado, otros han cerrado sus negocios o se han ido a vivir a El Paso, en Estados Unidos, pero los más, los que no pueden o aún soportan, se encierran en sus casas desde las seis de la tarde.

Y Juárez se vuelve una ciudad fantasma, sus calles amplias se vacían, el tráfico fluye a cuentagotas. Los visitantes en restaurantes, bares y los trabajadores de la tarde se cuentan con los dedos de una mano.

Esa hora es para los sicarios, para los carteles que se disputan el control de la ciudad fronteriza ubicada en medio del desierto, para los 10 mil soldados, para las policías federales y municipales que rondan las calles con la esperanza de vida puesta en ser más rápido a la hora de disparar, para las prostitutas, para los borrachos, para los que desafían a la muerte.

Caminar en las calles de Ciudad Juárez es un desafío enorme; cualquier momento puede ser el último. Y si la supervivencia en Juárez es un desafío, tratar de gobernarla es una osadía.

El alcalde de la ciudad, José Reyes Ferriz, es uno de los funcionarios públicos más amenazados del país. La última advertencia le llegó en una cabeza de perro envuelta en una pequeña manta, con una cartulina que decía "en 15 días se muere". Por ello, el alcalde se ha tenido que mudar a El Paso. Periodistas y hasta militares dicen que aún vive en Estados Unidos, pero él asegura que su residencia está en Ciudad Juárez, "aquí vivimos y aquí trabajamos", sostiene.

Reyes Ferriz, entrevistado en su oficina desde donde se ve ondeante la bandera de Estados Unidos y el cruce entre México y EE.UU, sin minimizar las repercusiones de la inseguridad, considera a la crisis económica como el problema más grave de Ciudad Juárez.

"Un sicario gana 500 pesos a la semana (unos 40 dólares) por matar gente y, una persona que mata por eso no es porque se quiera hacer rica, mata porque tiene hambre, por poner unos frijolitos en la mesa. No podemos permitir que eso suceda", dice.

¿No le da miedo gobernar Ciudad Juárez?.

"Es un trabajo difícil, complicado, con muchos riesgos y hay que tomar muchas precauciones", responde y al fin sonríe y relaja el rostro, como quien se siente descubierto.

A los efectivos de la Policía Federal Preventiva (PFP), que ahora se están haciendo cargo de contener la violencia en Ciudad Juárez para que el Ejército retorne paulatinamente a sus cuarteles, el municipio les facilitó el hotel Santa Fe para que puedan vivir allí. No pasó mucho tiempo y fueron recibidos por los sicarios. Una noche, sin siquiera bajarse del auto, ametrallaron el hotel. Uno de los policías que estaba de guardia, murió al instante. Una bala en la cabeza y otra en el pecho segaron su vida.

Aquí nadie se salva de la violencia, de ver muertos, de escuchar disparos. Todos tienen a un familiar o a un conocido al que al menos lo han asaltado y hasta asesinado. No por nada es la ciudad más violenta de México.

La muerte en Juárez está en cada calle, en cada esquina. Pero en las poblaciones más pobres, está más cerca. Cualquier vecino puede ser integrante de bandas como Los Aztecas o Mexicles, que se han unido a los Carteles de Juárez o Sinaloa en disputa por el territorio.

El centro de Juárez tampoco escapa de la constante amenaza. El narcotráfico ampara a la delincuencia organizada y da impunidad a los delitos comunes como robo y asalto. "Ya cualquier cholo se siente Superman", dice Andrés, un mesero del hotel City Express.

"Hasta las prostitutas perdieron", dice Nadine, una mujer de 36 años que trabaja en el antiguo Juárez. Antes la prostitución era un negocio muy lucrativo. Los estadounidenses sólo cruzaban la frontera y encontraban placer en los cientos de bares juarenses. Hoy esos antros de mala muerte apenas siguen abiertos.

Y a pesar de ser la ciudad con mayor vigilancia de México, el narcotráfico hace "su agosto": Aquí se pueden encontrar las más variadas drogas: heroína, LSD, marihuana, cocaína, todo.

 Ser soldado en una zona de alto peligro

Los soldados, con un dedo en el gatillo, lucen tensos, pero uno de ellos accede a hablar. Ya nada le asusta, ni piensa salirse del Ejército por el temor de morir. Pero en Juárez no los quieren y muchos habitantes dicen que no "pueden" o no "quieren" hacer nada para que se respeten los derechos humanos.

El soldado se defiende: "Nosotros tampoco estamos preparados para tratar con la gente, estamos haciendo el trabajo de los policías, pero al menos estamos haciendo algo". Tampoco le teme a la muerte si cumple con su deber. "Para mí es trabajar por mi país, yo estoy haciendo mi parte", señala convencido. Algo de alivio ha llegado por estos días a los soldados, que están siendo reemplazados por la policía en las labores de vigilancia, aunque deberán estar listos para actuar si la ocasión así lo amerita.



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<p>Según cifras oficiales, se registra un promedio de ocho asesinatos diarios en Ciudad Juárez, la mayoría relacionados con el crimen organizado. También en esta urbe fronteriza con EE.UU. proliferan los asaltos y la venta de drogas. La foto muestra una escena habitual en Juárez. Una persona yace muerta tras ser baleada por desconocidos. Este crimen ocurrió el 8 de abril.</p>

Según cifras oficiales, se registra un promedio de ocho asesinatos diarios en Ciudad Juárez, la mayoría relacionados con el crimen organizado. También en esta urbe fronteriza con EE.UU. proliferan los asaltos y la venta de drogas. La foto muestra una escena habitual en Juárez. Una persona yace muerta tras ser baleada por desconocidos. Este crimen ocurrió el 8 de abril.


Foto:EFE


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