Cuarenta voluntarias del Centro de Espiritualidad Santa María
Acompañantes del dolor: mujeres recorren el Maule para escuchar desahogo de damnificados

Han llegado a las zonas más golpeadas por el terremoto en la VII Región sólo para oír y orientar a quienes perdieron sus casas y sus trabajos.  

MACARENA TORO Y FREDY ALIAGA 

Ximena Montes y Elena Correa viven en Santiago, pero tras el terremoto partieron a Retiro, en la VII Región. No fueron a construir mediaguas ni tampoco a llevar comida o ropa para los damnificados. Su trabajo en la zona de catástrofe es más simple y -a la vez- complejo: visitan a los damnificados para escuchar sus historias y contenerlos ante su profundo desahogo.

Junto a otras compañeras recorren las calles del Maule, varias aún con escombros, para visitar a distintas familias con quienes comparten los efectos de la tragedia. "Vamos a visitar de nuevo a la señora Elena", dice una de las mujeres del grupo de cuatro voluntarias que llegó el miércoles a Retiro. A pie llegan a una casa totalmente destruida en la que aún viven Elena Hernández y su esposo e hijo. La mujer sale a la calle a recibirlas y conversan un buen rato. "Me he sentido mejor desde que ellas vinieron", afirma Hernández, abrazando a una de las señoras.

Ximena y Elena son sólo dos de las más de 40 voluntarias del Centro de Espiritualidad Santa María (CESM) que están recorriendo el Maule para acompañar y compartir con los damnificados. "La gente necesita que además de la ayuda material alguien la escuche", explica Marcela Rueda, directora de la corporación. Es por eso que las voluntarias no sólo acompañan a los damnificados, sino que también a quienes trabajan en la catástrofe. Los médicos y carabineros también están afectados y por eso el trabajo se extiende a la comunidad completa.

"La idea es que toda la comunidad se fortalezca para que una vez que nos vayamos puedan seguir adelante", agrega.

Rosa Navarrete es una de las que les abrieron sus puertas. Recibe a las voluntarias en su gallinero, porque ahí instaló una improvisada cocina y comedor. Su casa de madera se cayó, aún no recibe una mediagua y tiene que compartir una pieza con un arrendatario que tenía. "Es muy bonita la visita de ellas. Mi casa estaba acá y ahora estoy en el gallinero. He sufrido mucho, soy asmática crónica y el frío me ataca", les cuenta al grupo.

Las historias de dolor y desesperanza son constantes, pero las voluntarias trabajan para llenar de ánimo a la gente. La idea es "no quedarse enganchados en el sufrimiento", explica Ximena Montes. La meta de este voluntariado es que la gente encuentre su propio rumbo para seguir adelante.

A la fecha, los equipos del CESM han recorrido a menos once localidades de la VII Región, entre ellas Cobquecura, Iloca, Linares, Talca y Rosario. Sus visitas duran cinco días y luego vuelven a Santiago. Tras dos semanas de normalidad, su compromiso es regresar a ver a algunas de las familias que ya visitaron.

Llegan con las manos vacías y regresan con el corazón lleno, cuenta Margarita Burr, una de voluntarias que visitaron el Maule a mediados de marzo. El cariño es tanto, que en algunos casos vuelven incluso con regalos de los damnificados. En agradecimiento, les entregan lo que pueden: frascos de miel, bebidas o racimos de uvas. Las mujeres los reciben felices, entendiendo que los presentes son sólo una muestra del lazo que se creó.

''Lo primero para levantarte es reencontrarte contigo mismo y para eso es necesario compartir el dolor. Además, es tremendo ver cómo la gente afectada perdió todo su norte. Están como perdidos, no saben cómo seguir",

MARCELA RUEDA, Directora del Centro de Espiritualidad Santa María.

 Trabajo podría ampliarse a otras regiones

La labor del CESM no es improvisada. Sus integrantes tienen tres años de preparación. Toman cursos de psicología, antropología y talleres de espiritualidad. Durante el año trabajan con otras personas, como por ejemplo internas de la cárcel de mujeres de Santiago o quienes viven en los hogares para madres de niños con cáncer.

Marcela Rueda explica que después del 27 de febrero, rápidamente surgió la necesidad de ir a apoyar a los damnificados. Llegaron al Maule, porque conocían a sacerdotes o religiosas que sabían dónde se necesitaba ayuda. Pero de todas maneras no descartan seguir su tarea en otras regiones. "Estamos trabajando en el día a día", explica Rueda.



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<b>RESPALDO.-</b> Rosa Navarrete habilitó su hogar en un gallinero tras el desplome de su casa. Agradece la visita y la compañía de las voluntarias del Centro de Espiritualidad Santa María<br/>
RESPALDO.- Rosa Navarrete habilitó su hogar en un gallinero tras el desplome de su casa. Agradece la visita y la compañía de las voluntarias del Centro de Espiritualidad Santa María

Foto:JUAN CARLOS ROMO

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