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La gran ventaja

Viernes 23 de abril de 2010

Sergio Gilbert J.



 

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¿Qué hace hoy que la U de Pelusso esté un escalón más arriba que la UC de Figueroa y el ya abortado Colo Colo de Tocalli? ¿La visión futbolística superior del DT uruguayo? ¿El sistema táctico? ¿Los distintos grados de motivación? ¿El diferente compromiso estético? ¿El tipo de trabajo integral en todas las divisiones?

Nada de eso. La cosa es mucho más simple: los azules, en esta ocasión específica, hincaron el diente donde se debía: la mejor composición de su plantel.

La U de Pelusso no juega mejor, en general, que la Católica y Colo Colo. Incluso tiene desbalances evidentes entre sus líneas (la defensiva es una preocupación incluso reconocida públicamente por el DT), pero posee un componente diferenciador en la posibilidad de variantes a las cuales echar mano en momentos de conflicto, algo que los albos y los cruzados -con planteles que objetivamente están sobre la media del fútbol criollo- carecen con respecto al rival azul.

Y ese punto esencial es lo que de inmediato genera el segundo debate: ¿qué tan trascendente es la elección del entrenador a la hora de iniciar un proceso? Más bien, ¿son sus criterios más importantes que el trabajo de conformación del plantel?

La experiencia dice que no. Se dirá que clubes poderosos como Real Madrid exhiben mayor esfuerzo en comprar jugadores que en elegir a un entrenador de ciertas características, y que igual le ha ido mal. No es argumento. El cuadro merengue no ha fallado en sus objetivos por haber errado la filosofía. Sucede, simplemente, que hoy su gran competidor -Barcelona- tiene un mejor grupo de jugadores en prácticamente todos los puestos. O sea, se confirma la teoría inicial.

Colo Colo y la UC, hoy en períodos de cambios, parecen no estar en sintonía con una tendencia que parece mundialmente aceptada. En los albos, al menos entre los que toman las decisiones, parece pesar más el análisis de lo "aburrido" que era el fútbol de Tocalli, más que el desacierto inmenso de haber contratado a jugadores como Graf y Pavez.

Entre los cruzados, la idea ha sido similar. Luego de lo exhibido en el Torneo de Clausura 2009, Marco Antonio Figueroa requería reforzar su plantel en todas las zonas, especialmente en la ofensiva. La llegada solitaria de Pablo Vranjican a ese sector indica a ciencia cierta que se pensó más en la responsabilidad de Figueroa por "sacarle rendimiento" a lo que se le entregaba, que en el peso específico del argentino que jugaba en Rangers.

Los datos son sólidos, pero el error es permanente. ¿Se aprenderá alguna vez?