sábado 24 de abril de 2010  
La receta chilena para el éxito personal
Se busca life coach
 
Ni terapeutas ni sicólogos. Ni sacerdotes ni gurús. Un entrenador de vida es un poco de todo y de todos.  

Por Werne Nuñez 

Este life coach se toma el mentón, se achina, sonríe y mira fijamente, obvio.

"¿Qué quieres lograr, realmente, para ser feliz?", pregunta. Diego de la Rivera tiene 58 años, un par de camionetas en el antejardín de su casa en Vitacura y figuritas de Buda y Jesús en su despacho. Fue rugbista y triatleta y también un exitoso y vacío constructor civil, hasta que un día, todo cambió: "Yo ganaba mucho dinero, gastaba mucho también, comía todos los días en El Bosque, pero algo me faltaba. Lo único que hacía era dedicarme a mí.

Un día leí lo que escribió un gerente general de un gran banco en una revista, y comencé mi camino como life coach", cuenta. Le brillan los ojitos.

"Me pegó fuerte la historia: un tipo millonario y poderoso, que un día se muere en un accidente y se va al cielo. Allá, un ángel le muestra su nueva casa, un basural asqueroso. Y el tipo le dice: 'Oiga, por qué no llama al jefe, debe haber un error', y el angelito le dice: 'No hay error. Esto es todo lo que usted ha logrado tener aquí'. Fin. Fue un rayo de luz en mi cabeza. Dejé de trabajar y me puse a estudiar y meditar sobre el entrenamiento de vidas. Es que cuando te iluminas tú, puedes iluminar al resto", dice.

La iluminación del coach es una meseta a la que se llega en diferentes medios: algunos son (o fueron) sicoanalistas, constructores, arquitectos e ingenieros; otros, profesores, filósofos, deportistas y periodistas.

Arnau Sarrá, por ejemplo, tiene 48 años y tuvo un programa en el canal Más22: Zendero del espíritu: entrenamiento de vida. Es conocido como Roshi, Rabi Binah y/o Gurú Ji en el mundo del Tao-Zen. Este coach se iluminó el domingo 21 de octubre de 2001, en Santiago, durante un seminario sobre hipnosis y reencarnación con el siquiatra Brian Weiss, autor del best-seller Muchas vidas, muchos maestros. "Llegó un minuto en que comprendí que todo lo que creí no era así, y ya no pude seguir haciendo lo que hacía", recuerda. El día después de la luz, renunció a un par de directorios y a su pyme constructora. "Antes construía casas, ahora construyo vidas", es su propio y personal tag-line.

"El entrenamiento de vida viene de las filosofías orientales, principalmente del zen. Del autoconocimiento. El life coach trabaja para que las personas se conozcan a sí mismas y en sacarles lo mejor de sus potencialidades".

"¿Y qué crees que viene antes que el éxito?", pregunta Diego de la Rivera. "Esto no es cuento: en las sesiones el alumno me entrega un papelito con su proyecto personal y yo les entrego, en un papelito cerrado, el secreto para lograrlo. ¿Qué crees tú que les escribo en el papel? ¡Fe! ¡Les escribo la palabra 'Fe'! La fe es un tubo con el que yo me conecto con la energía del universo, que es como una cañería más grande. No vas a lograr el éxito material si no tienes fe. Focalízate en una cosa y serás el mejor. El dinero y la fama son consecuencias de un talento potenciado. Saca a tu gigante interior", dice el coach y webmaster de www.elexito.cl.

Por una sesión, De la Rivera cobra, en promedio, 45 mil pesos. Su mínimo para empezar a trabajar es un trato por cuatro sesiones. Por entrenamientos más complejos y más personales aún, sus honorarios van desde 300 mil hasta un par de millones de pesos. La felicidad no es gratis. Lo del "gigante interior" es un concepto que muchos life coaches manejan porque leyeron el libro Despertando al gigante interior: cómo tomar el control inmediato de su destino emocional, mental, físico y financiero, y son fans de Anthony Robbins, su autor, life coach de personalidades mundiales y considerado el orador motivacional más importante del planeta.

Nada es imposible

La encuesta contiene una pregunta: ¿Quiénes vienen a ti? Y la lista se completa con gerentes nuevos y asustados, ejecutivos top que no rinden, tipos que lo tienen todo y no quieren nada, abuelas que quieren que sus nietos las quieran, suegras que quieren que su yerno las respete, gente que siente culpa con el alivio que le provocó la muerte de sus padres. Gente que quiere tener un millón de dólares, gente que quiere un cargo en la empresa, gente que quiere separarse, padres que odian a sus hijos, hijos que odian a sus padres. Gente poderosa en su compañía e irrelevante en sus casas. Gente que quiere desarrollar otras competencias, ser y hacer otra cosa. Gente desorientada, padres, jubilados y aburridos, mujeres profesionales ambiciosas y adolescentes que se sienten derrotados ante el primer fracaso.

Gente que no sabe por qué corre todo el día. Gente que odia a su jefe y su trabajo. Gente que no se siente tomada en serio. Gente que está desahuciada y quiere ser feliz durante el tiempo que le queda. Gente que se pregunta: ¿para qué estamos vivos?, y/o ¿qué hago aquí? Empresarios, embajadores, políticos, muchos ingenieros y médicos. Gente que cree que no se merece lo que tiene y gente que cree que merece más. Gente estancada, bloqueada, molesta consigo misma. Gente que quiere reconocimiento. Gente en el clóset. Gente muy gorda y muy flaca. Gente que se siente fea. Gente que quiere subir una montaña o lograr un hoyo en uno. Gente que no sabe de orgasmos. Gente ultra tímida, también, por ejemplo.

A ellos, los life coaches los llaman clientes, pacientes, alumnos, aprendices, buscadores, discípulos o simplemente coachees. Contratar a un life coach incluye la obligación de hacer tareas para la casa y la posibilidad de utilizar el comodín de la llamada telefónica las 24 horas del día, 7 días a la semana. A todos ellos se les asegura que nada, pero nada, es imposible.

"Todos los que llegan a mí  tienen miedo. Muchos vienen con su decisión tomada, y me doy cuenta que más que un coach, vienen a buscar un apoyo a una decisión importante, porque están muy solos. Conozco a gerentes de 40 años que se transforman en niños, y lloran catárticamente, solo porque les doy cariño", dice Diego de la Rivera.

"Converso con múltiples personas de distintos niveles, y puedo afirmar que la experiencia más fuerte que están sintiendo es de incertidumbre, con sus empleos, con sus familias, con la salud y ahora, con la naturaleza. Hay un sentimiento de temor y de poca compañía", cuenta Ricardo Román, 45 años, profesor de filosofía y coach.

Si un cliente no logra su meta, no es un fracaso del life coach. Tampoco del cliente. Si un cliente declara estar enamorado de su life coach, es un error del life coach, y debe alejarse completamente. Todos pueden ser un life coach, y todos somos potenciales sujetos de coaching, dicen.

País de coaches

No todos los life coaches son seres iluminados ni vivieron momentos epifánicos. Algunos simplemente estudian para esto; otros, tienen el talento. Sin embargo, hay detalles que se repiten. "El life coach es humilde, sabe resonar con el otro, empatiza rápidamente y es muy humano. No opina y no victimiza al cliente. Es inquisitivo, desafiante, curioso, no pierde el foco", dice la coach peruana Illary Quinteros, 40 años, master en comunicación empresarial de Chicago.

O como dice Ricardo Román: "El coaching no es una ciencia exacta, es más bien un arte, hay una disciplina sólida detrás. El life coach debe ser abierto y muy sensible, comprender al otro y saber que todas las personas pueden transformarse. Debe ser honesto y decirle al cliente lo que no le gusta que le digan. Es por su bien".

Otros, como Paul Anwandter, piensan en el comienzo de todo esto y ven la portada de un libro sesentero en su pantalla: El juego interior del tenis, el título; Timothy Gallwey, el autor. "Él fue el primer coach de esta nueva era. Mostró cómo se podía enseñar sin decir necesariamente qué es lo que había que hacer, y qué se podía hacer para que la persona lograra sus objetivos, a través de preguntas. Él fue jugador y profesor de tenis, y una instrucción como 'Toma la raqueta así', la transformaba en una pregunta: ¿Cómo crees tú que es la mejor manera de golpear la pelota?", cuenta.

Anwandter tiene 54, es ingeniero electrónico, master trainer en coach integral, autor de tres libros sobre el tema, presidente de la Asociación de Coaching de Chile y director de la Internacional Coaching Comunity. Es un gremio académico y organizado. Y una industria en crecimiento: diez años atrás, los pocos coaches que había sólo hablaban frente a empleados de empresas en crisis. Hoy, los encuentras con Google. El servicio personalizado de coaching responde a una nueva necesidad en un mundo de individualidades: lograr lo que quiero para sentirme feliz.

"Montones de life coaches son chantas, charlatanes que se creen coaches y que lucran con gente desesperada y solitaria. Hay que fijarse en el currículum, ver de dónde vienen. Un life coach sabe leer tu lenguaje corporal, tus gestos, tus tonos, y se da cuenta de tus falencias, pero para poder ayudarte. No para crear dependencia. Tu life coach sabe cosas de ti que ni tú mismo conoces", dice Alejandra Aguilera, ingeniera, 34 años, coach desde hace tres.

"Está el coach que es bien superficial, que funciona más como un motivador, el que te grita '¡Vamos, tú puedes, dale!'. Eso funciona, un poquito. Hay otro que busca construir tu propio plan estratégico personal para posicionar tu marca como persona. Hay otros que son transformacionales, y son capaces de guiarte en cambios más profundos de tu vida. El coaching de vida es un proceso hecho muy a la medida, que debe durar un mínimo de tres meses para producir ciertos cambios observables. No recomiendo estar toda la vida con un life coach. El buen entrenador debe trabajar para que te independices y tomes el control de tus decisiones", explica Ricardo Román.

Para Beatriz Pereira, sicóloga y miembro de la Asociación Chilena de Coaching, las razones para elegir a un life coach y no a un terapeuta o sacerdote, están en lo que no define a un life coach: "Mucha gente se siente afectada si va al sicólogo. Activan sus traumas del pasado. Muchos no se sienten cómodos hablando con un sacerdote. No creen que pueda aconsejarles sobre la vida real. La gente se siente más cómoda acudiendo a una sesión con un life coach, porque uno, de lo único que se preocupa, es de reflejar lo que es. Un life coach no tiene prejuicios morales ni manuales de uso. Te acompaña y motiva a conocer tus potenciales, y luego te dice: 'Bien, ¿qué metas quieres lograr?", dice, y sonríe. Sonreír es parte del asunto.

Habla Ricardo Román: "Una de las cosas en las que puedes ayudarle a alguien con un coaching de vida, más que a conseguir sus objetivos, es mostrarles que tienen una meta equivocada, pequeña, irrelevante. Ten cuidado con el éxito, porque es relativo".

Habla Paul Anwandter: "Lo que buscamos es cómo hacer que la persona logre lo que quiere. Pero es difícil medir algo como el rendimiento del life coach. ¿Cómo puedes medir el nivel de satisfacción de alguien que te dice 'quiero llevarme mejor con mis hijos'? O si alguien te dice que quiere conseguir otro trabajo, y al final del proceso esa persona descubre que está feliz donde estaba. Esa persona aprendió. En nuestra escuela no usamos la palabra 'fracaso'. Usamos la frase 'resultados no esperados".

 

Por Werne Nuñez.

   
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