sábado 24 de abril de 2010  
 
Cuando Kafka vino hacia mí...
 


Rodrigo Pinto 

El escritor Martin Walser afirmó que la obra de Kafka permanecía irreductible pese a las múltiples interpretaciones sufridas desde que Max Brod realizó la publicación de sus obras mayores (en vida, el escritor checo publicó relativamente poco). Es cierto. Aún hoy, El castillo, El proceso, La metamorfosis y tantos otros escritos, interrogan al lector y permanecen abiertos, fuera de toda ortodoxia e inmunes a las lecturas unívocas.

Sin embargo, con la persona del escritor no ocurrió lo mismo. J.M. Coetzee, en un ensayo, detalló la trayectoria que llevó a construir la imagen del escritor como un hombre atormentado, introvertido, asediado por la angustia. Por fortuna, en los últimos años han surgido diversos estudios y libros que revelan a un personaje muy distinto, un hombre dotado de un gran sentido del humor y mucho más alegre de lo que sugiere la tradición. Ahora se suma la versión española de Cuando Kafka vino hacia mí..., de Hans-Gerd Koch, el director de la edición crítica de las obras completas de Kafka. Se trata de una recopilación de testimonios de personas que trataron con el escritor checo, de sus amigos, de las mujeres que lo amaron, de otros escritores. Abre con el artículo necrológico escrito por uno de sus íntimos amigos, Felix Weltsch, y cierra con el testimonio -que sirve sobre todo para contrastar otras miradas- de Max Brod. Entre ambos, y entre muchos nombres desconocidos, están dos de las mujeres de Kafka, Dora Diamant, su compañera en sus últimos meses de vida, y Milena Jesenská, la periodista con la que Kafka se escribió durante dos años y con la que sólo compartió cinco días.

El conjunto de estos testimonios, muy dispares en extensión y a veces contradictorios entre sí, tiene la virtud de ofrecer un retrato colectivo que respira autenticidad y cercanía. Tras su lectura, el acercamiento a la obra de Kafka puede -y quizá debe- cambiar. A veces Kafka aparece como su personaje Gregorio Samsa ya devenido insecto, un ser monstruoso cuyo sufrimiento existencial y su sumisión al absurdo son dignos más bien de conmiseración y piedad antes que de admiración o complicidad. Pues bien, aquí hay otro Kafka, ese personaje de "serena vivacidad y sonrisa encantadora", un escritor que cultivó la paradoja y el ocultamiento con un rigor que sólo ahora viene a quedar más claro.

Hans-Gerd Koch (ed.). Acantilado, Barcelona, 2009. 179 páginas.

 

Rodrigo Pinto.

   
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