Francisco Vidal "destapa" los episodios conflictivos de la era Bachelet:
"La Concertación debe hacer su propio 'nunca más' y evitar que un gobierno suyo sea dominado nuevamente por tecnócratas"

La puesta en marcha del Transantiago y la cancelación de proyectos clave de Ricardo Lagos fueron, a su juicio, errores políticos que provocaron la derrota. El ex ministro Vidal acusa a la "lógica tecnocrática, profundamente ideológica y tremendamente liberal en lo económico" encarnada en el ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco. Y lo hace a un día del cónclave del último gabinete de Bachelet, que se realizará mañana en el restaurante "Divertimento".  

ROCÍO MONTES ROJAS 

Los chilenos lo saben: Francisco Vidal (Santiago, 1953) no debe haber sido el más callado del curso. Tiene una labia desarrollada y la lució en La Moneda durante gran parte de los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, en los que fue vocero, ministro del Interior, nuevamente vocero y titular de Defensa. Nunca ha dejado de ser polémico, pero desde que ya no es parte del oficialismo, desde el 11 de marzo, el discurso de Vidal tiene un marcado tono rebelde y contestatario que sería imposible de desplegar desde el Poder Ejecutivo.

-¿Cómo ha visto a la Concertación en la oposición?

-La Concertación está desconcertada. Para ser alternativa en la elección presidencial de diciembre de 2013 requiere desarrollar tres tareas. Primero, defender lo hecho, que fue mucho y muy bueno. Segunda tarea: una autocrítica de verdad, profunda, honesta, que no deje espacio a las inmunidades ni a las impunidades. Debemos reconocer las deficiencias y errores que en parte nos llevaron a la derrota. La tercera tarea, tan relevante como la segunda, es ser una oposición con propuestas para el país y constructivas para el Gobierno.

Profesor de la Universidad Alberto Hurtado y de la Academia de Guerra del Ejército, en abril se incorporó al Centro de Estudios e Investigaciones Militares. Esta entrevista se realiza en su casa, en la comuna de Las Condes, bajo la atenta mirada de su perra "Adela". Durante casi dos horas de conversación, Vidal dispara y "patea el avispero" sobre tópicos que, a casi tres meses de haber abandonado La Moneda, siguen siendo temas tabú de la Concertación. Por ejemplo:

-"Hay un tema que tenemos que asumir en el marco de la autocrítica: la presencia al interior de la Concertación, de manera transversal, de una cierta lógica tecnocrática, profundamente ideológica y tremendamente liberal en lo económico. Es necesario discutir el rol que ha tenido en los gobiernos de la Concertación y, particularmente, en los dos últimos".

-¿Cree que hay gente de derecha dentro de la Concertación?

-Hay un grupo muy reducido con cero vínculo con la base social, política y cultural de la Concertación, pero que logró tener una sobrerrepresentación en los gobiernos. Es un grupo que a través de redes y de contactos consiguió saltarse el proceso de toma de decisiones de la Concertación y conducir a ciertas políticas que fueron equivocadas.

-¿A quién se refiere?

-Lo que se aproxima a ese mundo que tenemos que evaluar en la Concertación es Expansiva.

-¿En quién piensa cuando habla de Expansiva?

-No quiero que mi opinión política se personalice, pero tengo grandes diferencias en estas materias, como en otras, con el ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco. Esto es mucho más que una persona, pero me refiero a los creadores de Expansiva: Daniel Fernández, Eduardo Bitran, Velasco. Están profundamente equivocados y no representan ni la historia ni la génesis de la Concertación.

-¿Qué tiene de reprochable que haya diferencias ideológicas dentro del conglomerado? ¿Eso no es parte del arco iris de la Concertación?

-Eso es consustancial a la Concertación, pero yo quiero que las diferencias tengan un denominador común. Las diferencias sin límites lo que producen es una bolsa de gatos, no una coalición política. El problema es que nunca hemos debatido lo que era comentario obligado en los locales partidarios, en los pasillos de Gobierno y de los ministerios, en los consejos de gabinete. Eso es lo que estoy colocando en letra imprenta.

-¿Qué propone? ¿Expulsarlos?

-Este mundo pequeño en lo cuantitativo, pero poderoso en lo cualitativo, obviamente tiene derecho a permanecer en la Concertación. Pero las fuerzas no liberales en lo económico, que somos el 99% de la coalición, también tenemos derecho a poner la atención en las políticas equivocadas que se cometieron por parte de estos grupos. No creo que sea bueno para la Concertación que yo quiera, como alternativa presidencial para 2013, no despejar este tema.

-¿Cuáles fueron esas políticas equivocadas?

-Quiero debatir si fue bueno o malo para el país y para la Concertación no haber hecho el puente del canal de Chacao. Y el rechazo de ese proyecto por parte del ministro de Obras Públicas de la época, Eduardo Britan, obedece a una cierta mirada que está en debate. El Presidente Lagos lo dijo en "El Mercurio" el domingo pasado: se cuestionó el costo del puente del Chacao, pero resulta que lo pagaba la inversión privada. Existió una racionalidad exclusivamente de costo-beneficio económico.

-Segundo ejemplo: el tren al sur. Y es primera vez que lo estoy diciendo, porque me he informado en detalle: la gente confunde el fracaso del tren al sur, hasta Puerto Montt, con el tema judicial de fraude al fisco. Quiero discutir por qué el segundo plan trienal que dejó el Presidente Lagos en las oficinas de partes de las oficinas de Hacienda y Obras Públicas, entre el 6 y el 9 de marzo de 2006, luego se guardó en unos cajones y no se hizo. Porque, en mi opinión, si eso se hubiera hecho, porque estaba recomendado por el Sistema de Empresas Públicas, en una de esas tendríamos hoy tren a Puerto Montt. Detrás de esta decisión hay una razón profundamente ideológica, que era no concebir que el Estado tuviera trenes.

-¿De esto se enteró la Presidenta?

-Después.

-¿Cuándo?

-Cuando alguna vez yo le pregunté.

-¿Qué le respondió?

-Ahí consultó y fue informada. Pero fue un año después.

-¿Dice que no fue una decisión de la Presidenta no haber llevado a cabo una segunda etapa del plan trienal del tren al sur que dejó Lagos?

-Por la información que tengo, no.

-Entonces se le ocultó información a la Presidenta...

-O no se consideró relevante informarla.

- Hubo razones técnicas para descartar el tren al sur.

-Siempre las ideologías tienen razones técnicas. Y la cancelación del proyecto no solamente le causó un daño al país, sino que provocó un daño político enorme a uno de los liderazgos de la Concertación.

-¿Usted se refiere a...?

-... A Lagos. Es muy fuerte, y la derecha fue inteligente en asociar la imagen de un presidente que inaugura estaciones y mostrar seis meses después las estaciones comidas por ratones. Hay que preguntarse por qué dejamos que eso ocurriera. Fue un canapé servido en la boca.

-En ese momento el ministro de Obras Públicas era Bitran, y el de Hacienda, Velasco...

-... Y le hace bien a la Concertación, si quiere ser de nuevo una alternativa, despejar este punto. Y tercero: el Transantiago. Pero, ¿de qué lógica viene el Transantiago? De la tecnocracia y de la idea de creer que bastan incentivos para que esto se resuelva. Proviene del desconocimiento absoluto de la idiosincrasia, de la política y de los fenómenos sociales. Por la información que recabé, sé que esto fue debatido en el gobierno y que, en el proceso de la toma de decisiones, finalmente se impuso la tecnocracia.

-Usted habla de la decisión de ponerlo en marcha en febrero de 2007.

-A la obsesión por ponerlo en marcha. Como ciudadano y ex ministro me pregunto: ¿por qué, si se postergó de octubre de 2006 a febrero de 2007, no se postergó de nuevo, como la Presidenta dice que hubiera sido lo correcto? Por el prejuicio tecnocrático. Si aquella idea de lanzar de todas maneras el Transantiago tenía como razón evitarse la multa, quiere decir que la evaluación económica de esa decisión estaba errada. Al final se implementó un sistema mal hecho, se pagó un costo político y social enorme, y desde el punto de vista económico el gobierno pagó cien veces la multa cuando lo razonable habría sido aplazar el Transantiago hasta que todas las piezas que lo integraban estuvieran desplegadas.

-¿El ministro Velasco insistió en llevar adelante el plan?

-Lo que me consta es que fue una decisión muy conflictiva. Es de público conocimiento la intuición de la Presidenta, pero es de menos público conocimiento las diferencias entre Belisario Velasco y Andrés Velasco. El ministro del Interior era partidario de no ponerlo en marcha por consideraciones políticas y de orden público. La otra posición, más allá de cierta soberbia tecnocrática que siempre existe desde la lógica económica, era por qué el Estado iba a pagar multa si estábamos en condiciones de lanzarlo. Coloco el ejemplo durísimo de la peor política pública de los últimos 20 años. Y no es el único caso.

-¿Hay otros?

-El conflicto de los camioneros de junio de 2008: ellos pedían 8, el gobierno ofrecía 6, terminamos dando 10, con paro mediante. Los empleados públicos en noviembre de 2008 pedían 10, ofrecimos 7, terminamos en 10, paro mediante. Los contratistas del cobre en mayo de 2008: pedían Z, el gobierno ofrecía N, y terminamos dando O. La lógica tecnocrática no considera las consecuencias políticas de las decisiones de un gobierno.

-¿Esto provocó la derrota de la Concertación?

-Es la acumulación. La ideología de la que hablo tiene la ingenuidad de creer que las políticas que se proponen pueden penetrar en el ABC-1, y el ABC-1 tiene una conciencia de clase brutal. El ABC-1 en la Concertación multiplicó su patrimonio por 10, por 20, por 30. Sin embargo, la respuesta política del ABC-1 en Vitacura fue de 82% de respaldo a Piñera y 18% para Frei. Los liberales en la Concertación le causaron un daño a esta coalición política. Y sobre todo el daño es porque tuvieron cargos muy importantes en los gobiernos. Fueron ganando hegemonía y la otra fuerza comenzó a perder materialidad.

-¿En todos los gobiernos?

-Esto se hace más nítido desde Frei en adelante. Y si me fuerzan, esta presencia se dio mucho más en los gobiernos de Lagos y de Bachelet. Esa influencia condujo a errores que tuvieron un efecto político. Y si no solamente quiero hacer historia, sino que ver futuro donde volvamos a ser mayoría, el debate no puede permanecer en el silencio.

-Otro ejemplo, todavía más duro, que nunca se ha dicho: toda la política anti-recesiva de principios de 2009 es obra del empecinamiento, la perseverancia y la decisión política de Michelle Bachelet. Los bonos, los montos de los bonos, el plan completo. No en su diseño técnico, sino que es su decisión política. Los 4.000 millones de dólares, la rebaja transitoria al impuesto de timbres y estampillas, la rebaja transitoria a los combustibles... Todo eso fue obra de ella, muchas veces teniendo en contra a esta lógica que describo. La opinión pública tiene que saber que esas acertadas decisiones fueron producto sólo de la voluntad de la Presidenta.

-¿Usted exculpa a la Jefa de Estado de la omnipresencia del liberalismo económico que, según usted, imperaba en el propio gobierno?

-La exculpo, sí. Porque me consta que ella nunca quiso discriminar a ningún grupo de la adhesión y porque, por lo demás, sé que un presidente, habiendo tratado con dos, tiene entre sus múltiples responsabilidades la del equilibrio. Y aunque parezca paradójico: me consta que la Presidenta tuvo siempre conciencia de esto y que hizo lo posible por evitar que esta lógica se impusiera en todos los frentes. Es un grupo muy poderoso que se va retroalimentando. ¿Cuánto nos costó a Pérez Yoma y a mí terminar con el conflicto de los contratistas? Y eso era porque Codelco no nos hacía caso. Así de simple, porque hay cierta autonomización de este poder. ¡No nos hizo caso!

-¿Cómo ejercía influencia Andrés Velasco dentro del gobierno?

-No es personal, porque también lo viví con mi amigo Nicolás Eyzaguirre. Por eso felicito, aunque sea mi adversario político, que Rodrigo Hinzpeter haya dicho que es bueno que la jefatura de gabinete esté en Interior. Mi experiencia en los dos gobiernos en los que participé es que la influencia de Hacienda era como un segundo Poder Ejecutivo, que tenía subordinados a los otros 21 ministerios. La sectorialista de la División de Presupuestos tenía mucho más poder que yo como ministro de Defensa y que el subsecretario.

-¿Qué culpa asume usted?

-Mi autocrítica es no haber perseverado con más fuerza en lo que yo creí que eran las posiciones que debíamos adoptar.

-¿Tenía espacio para dar esa pelea?

-Los espacios se hacen, pero siempre tuve un límite: la lealtad a la Presidenta. Y lo mantendré siempre.

-Y mantener la lealtad significaba aceptar y no hacer ruido.

-Hay un minuto en que uno sabe que si sigues ya estás entrando en una confrontación que complica a la Presidenta. No persistí porque creo que hubiera llegado el minuto en que tendría que haber renunciado. Y una renuncia es un daño al Jefe de Estado.

-¿Usted, con estas críticas, intenta evitar que, de llegar Michelle Bachelet otra vez a La Moneda, vuelva a gobernar con los mismos?

-Lo que quiero es hacer un aporte a un debate abierto, transparente. Y como espero que regresemos a La Moneda, este es un tema ineludible. La Concertación debe hacer su propio 'nunca más' y evitar que un gobierno suyo sea dominado nuevamente por tecnócratas.

 "Sufrí una descalificación brutal, de carácter personal, por parte del ministro de Hacienda"

-¿Otros ministros tuvieron conflictos con Hacienda?

-Hablo por mi experiencia, pero esto generaba debate y división en el gabinete.

-¿Por ejemplo?

- Recuerdo el consejo de gabinete del 1 de octubre de 2009, que fue el penúltimo, donde obviamente se hizo una evaluación política de la campaña. Había mucha presión en responsabilizar a la Presidenta del eventual fracaso en la elección, pero era tremendamente injusto, porque ella hizo todo lo posible. En esa ocasión yo hice un diagnóstico y una propuesta. Le dije que ella, personalmente, por su liderazgo no le iba a traspasar ni un solo voto al candidato de la Concertación. Salvo que le diera contenido a la frase que ella y todos usábamos: "No da lo mismo". Y yo propuse dos temas: reforma laboral y AFP estatal. Mi opinión, y la de muchos más -quienes no han dicho nada, pero es problema de ellos, no mío-, era que se hacía imprescindible -no en el sentido instrumental, como fueron las reformas laborales del 99- enviar un conjunto de reformas laborales cuyo objetivo era fortalecer a los sindicatos y mejorar la negociación colectiva. ¿Qué hubiese pasado con esos dos temas en el debate? El candidato hoy día Presidente y su alianza hubieran tenido una mirada, y el nuestro, otra.

-¿Qué sucedió cuando usted hizo aquella propuesta?

-La respuesta que tuve, y es uno de los peores momentos que viví en los 10 años que estuve en La Moneda, fue una descalificación brutal por parte de un miembro del gabinete, el ministro de Hacienda.

-¿De qué tipo?

-De carácter personal. Me contuve porque tengo un respeto irrestricto y hasta el infinito a los presidentes de la República, y en este caso particularmente a la Presidenta Bachelet.

-¿Cuál fue la actitud de la Presidenta?

-De mucha incomodidad, obviamente, y de molestia por la situación. Por lo demás, hubo un silencio y ahí terminó el consejo de gabinete.

-¿Tuvo el respaldo de sus compañeros?

-A las horas después recibí el llamado de algunos ministros que estaban sorprendidos y consternados por lo que allí había ocurrido. Me consta que muchos ministerios sufrían esta hegemonía.

-¿Hubo pasividad por parte del resto de los ministros?

-Hubo colegas míos que lo que pensaban en privado nunca lo plantearon colectivamente, como yo lo hice. Existe inhibición en esto y es parte del problema.

-¿Esa tensión con Hacienda se vivía constantemente?

-En los quince meses que estuve en el comité político de La Moneda en mi segundo ingreso, esto fue una tensión permanente.

-¿Hubo algún otro momento en el que planteara sus discrepancias?

-En el último consejo de gabinete, entre primera y segunda vuelta, nuevamente plantee la necesidad de una reforma laboral, y me contestó otro ministro, que no quiero nombrar, pero de la misma lógica, quien me dijo que lo que yo estaba planteando no correspondía.

-¿Cortázar? ¿Tokman?

-Averígüelo. Me dijo que no era el momento...

-¿Después del 11 de marzo ha hablado de política con la ex Presidenta, de estos errores que usted describe?

-Sí, algo.

-O sea, sabe de sus críticas.

-No sé si se lo he planteado con este nivel de detalles, pero ella me conoce muy bien.



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Foto:JOSE ALVUJAR

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