Matas en Dublín

 

D ublinesca , como la mayoría de los libros del escritor español Enrique Vila-Matas (1948), no corresponde al formato al uso de una "novela": su valor literario radica, de principio a fin, en el intento de buscar una forma narrativa que sea exclusivamente vila-matiana, una versión nueva y extravagante del género, una insólita mezcla de elementos novelescos y no novelescos, de imaginación y de ensayo, de fantasía y de razón.

"Pertenece a la cada vez ya más rara estirpe de los editores cultos, literarios", leemos en la primera línea. Se trata de brindar un retrato, en una voz narrativa en tercera persona, de Samuel Riba, hombre sesentón que hasta hace poco se dedicara al negocio de la edición literaria y que en el presente de la narración asiste al declive de su plenitud vital. Riba subsiste en un estado de crisis absoluta, "en una permanente sensación de fin de época y de fin de mundo", acostumbrado a pasar horas navegando en internet y a sobrellevar una rutina asfixiante que alterna las visitas semanales a sus padres y los desencuentros cotidianos con Celia, su mujer, que desde hace algunos meses ha decidido convertirse al budismo. Ha llevado, se nos dice, una "vida de catálogo", afanado en hacer de la literatura el elemento primordial de su existencia, y un buen día se ha cansado de "salir a la caza de esos escritores, y encima no dar nunca con uno que fuera auténticamente genial". Comienza, de este modo, la pequeña aventura que moviliza las páginas de Dublinesca : la "psicosis de final de todo" que acosa a Riba se vuelca de pronto en un duelo por el fin de la era de la imprenta y por la "desaparición de los autores literarios", y su desencanto en una frenética obsesión por situarse en el centro del mundo para celebrar allí "el funeral, siempre demorado, de la literatura como arte en peligro".

Nada nuevo, entonces, para un autor que ha hecho de la imposibilidad y de la eventual desaparición de la literatura el tema recurrente de su escritura, su idea fija. Toda la primera sección del libro y buena parte de la segunda, tituladas "Mayo" y "Junio" respectivamente, se encargarán de ahondar en la decisión del personaje de organizar un réquiem "no sólo por el mundo derruido de la edición literaria, sino también por el mundo de los escritores verdaderos y los lectores con talento, por todo lo que se echa en falta hoy en día". El modo escogido por Vila-Matas es, como de costumbre, el de la sobreabundancia de "lo literario": cada fragmento consigue sumar, al tiempo que un narrador omnisciente ahonda en el proceso personal de Riba, alguna cita o referencia arrancada de la tradición y relacionada con el dramático ocaso de la literatura escrita. Una multitud de cineastas (Cronenberg, Antonioni, Kubrick, etc.), músicos (Tom Waits, Dylan, etc.) pintores (Hopper, Hammershøi, etc.) y ante todo escritores (Borges, Magris, Perec, Yeats, Larkin, Walser, etc.) son convidados a integrar el "citario" erudito de Vila-Matas, haciendo del libro un verdadero conglomerado de voces.

Prima, eso sí, la presencia determinante de dos autores irlandeses, James Joyce y de Samuel Beckett. Riba resuelve, motivado por un sueño que lo persigue hace años, que las exequias de la letra deberán realizarse en Dublín un día 16 de junio, reanimando de paso la escena del Ulysses joyceano en la que Leopold Bloom y sus amigos asisten al funeral de Paddy Dignam en el cementerio de Glasnevin. Así las cosas, junto a Ricardo, Javier y Nietzky -los tres amigos a los que ha reclutado para concretar su propia versión del Bloomsday- emprenden un recorrido delirante por las calles de una de las ciudades más "literarias" del mundo, escoltados por el eco fantasmal de aquellos dos creadores dublineses. Porque de lo que se trata, para el editor barcelonés, es de consumar "su paseo privado (...) a lo largo del puente que enlaza el mundo casi excesivo de Joyce con el más lacónico de Beckett y que a fin de cuentas es el trayecto principal -tan brillante como depresivo- de la gran literatura de las últimas décadas: el que va de la riqueza de un irlandés a la deliberada penuria del otro; de Gutenberg a Google; de la existencia de lo sagrado (Joyce) a la era sombría de la desaparición de Dios (Beckett)".

Sorprende en el Vila-Matas de Dublinesca la capacidad de reavivar sus hábitos sin repetirse, de apostar sin miedo por aquel "fanatismo desmesurado por la literatura" que lo ha determinado desde siempre. Sorprende la amplitud de su registro narrativo, idóneo tanto para la reflexión ensayística como para el relato de fantasmas, capaz, incluso, de rebasar el género novelístico. Sorprende la madurez de su estilo, la inteligente entonación paródica y melancólica de una prosa de indudable calidad.

 


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Dublinesca Enrique Vila-Matas Seix Barral, Barcelona, 2010, 327 páginas, $14.900. Novela
Dublinesca Enrique Vila-Matas Seix Barral, Barcelona, 2010, 327 páginas, $14.900. Novela


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