La música callada de Ishiguro

 

Ishiguro emplea la música como la ilación visible pero ambigua que une los cinco relatos que componen Nocturnos. Cinco historias de música y crepúsculo: Un músico que toca en las orquestas de la Piazza San Marcos de Venecia divisa entre el público al otrora cantante Tony Gardner (un Sinatra de segunda), hoy ya casi olvidado y de quien su madre fuera fan durante su infancia, y en homenaje a ésta conviene en ayudarlo a dar una serenata nocturna a la mujer de Gardner; Raymond, un modesto e itinerante profesor de inglés, recibe de un par de antiguos amigos de universidad la invitación de pasar unas vacaciones en Londres con el propósito solapado de salvar el matrimonio por la vía de contrastar su propio fracaso con el éxito de Charles, pero con la condición de evitar el tema de la música, el lazo que, más allá de toda comparación, une a Raymond con Emily; Un guitarrista cesante va a trabajar al restaurante de su hermana Maggie en las montañas y conoce allí a Tilo y Sonja, dos músicos suizos que tocan en cafés, restaurantes y hoteles, cuyo matrimonio se haya en crisis; Un saxofonista de talento, pero sin ningún éxito, accede efectuarse una cirugía estética convencido por su mánager y su ex mujer de que es su falta de belleza la traba que la cierra el paso al éxito. En la clínica, mientras se encuentra todavía vendado, vive una curiosa aventura con la estrella Lindy Gardner, la ex mujer del cantante que aparece en el primer relato; Finalmente, en el último relato, otro músico de alguna de las orquestas de la Piazza San Marcos divisa entre el público al joven Tibor, un antiguo compañero de trabajo, violonchelista, y rememora la extraña relación que este mantuvo con Eloise McCormack, una virtuosa del violonchelo que jamás ha tocado ese instrumento para no estropear su frágil y extraordinario don.

En Nocturnos -su primer libro de relatos- son reconocibles algunos de los rasgos principales del mundo narrativo de Kazuo Ishiguro, apreciables en sus anteriores seis novelas: la prosa elegante y fluida, aunque sin especial brillantez y con una cierta tendencia a la monotonía en la elaboración de la voz de los narradores; los personajes clausurados en su hablar que se niegan activamente a la comunicación; el lastre del pasado pesando sobre los individuos. A ellos se añaden otras características nuevas: el narrador no es necesariamente el personaje central, sino un testigo participante (en estos relatos suelen haber, así, dos historias sutilmente entrelazadas como dos melodías que se superponen: la del narrador y la de los personajes que éste muestra al lector, como en "El cantante melódico" y "Violonchelistas") y la irrupción del humor, incluso más, de la comedia (como ocurre en "Come rain or come shine", "Malvern Hills" y "Nocturno").

La estructura del libro, definida con mucho cálculo, es la de una obra musical: un tema con sus variaciones. El tema central (crepuscular) es la aflicción (amortiguada en el caso de Ishiguro) que surge de la constatación de un potencial frustrado (o inexplorado), es el triste y sordo contraste entre el supuesto talento o "genio" y las realizaciones y reconocimientos reales, entre lo que pudo ser ayer y ya definitivamente no fue hoy. También esa decepción se extiende al plano de las relaciones humanas porque estos relatos son también historias de matrimonios y amistades en decadencia, alguna vez dichosos y ahora en crisis absurdas, sin salida, difíciles de desentrañar por la opacidad de sus protagonistas. En estos cuentos largos, Ishiguro traza en sordina, a veces en tono de absurdo o de comedia, historias de encuentros que, en verdad son desencuentros, en la medida que dejan a la vista en los personajes un conjunto de desajustes irreparables y amargos.

La discrepancia entre el talento o genio musical y su realización y reconocimiento, la convivencia de personajes que experimentan la música desde la mediocridad o modestia de su oficio (intérpretes en la plaza San Marcos, intérpretes de bares y hoteles, guitarristas y saxofonistas sin trabajo) con el artista de éxito y el peso de su propia soledad y miseria, sirve al autor para explorar de manera inteligente y no discursiva la relatividad de esas categorías y ampliar su cuestionamiento a otros ámbitos de la condición humana.

El lenguaje de este libro, el carácter un tanto huidizo e inasible de sus historias y, sobre todo, el tono del narrador, un testigo no menos cándido que sensible y perspicaz, le conceden al conjunto de Nocturnos un aire vaporoso, musical y muelle, que más allá de la indudable solvencia de Ishiguro, se quiebra con sorpresa y sonrisa sólo en algunos valiosos episodios: una obra bien escrita, inteligentemente estructurada, aunque lejos de la brillantez de alguna de sus novelas anteriores.

 


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Nocturnos Kazuo Ishiguro Traducción de Antonio-Prometeo Moya, Editorial Anagrama, Barcelona, 2010, 256 páginas, $22.340 CUENTOS
Nocturnos Kazuo Ishiguro Traducción de Antonio-Prometeo Moya, Editorial Anagrama, Barcelona, 2010, 256 páginas, $22.340 CUENTOS


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