Coleccionismo y filantropía En el Instituto Cultural de Las Condes:
La colección Mac Kellar sale a la luz pública en gran exposición

Amigo de Antonio Romera, Óscar Trepte y Pedro Luna, entre muchos, Ricardo Mac Kellar formó una de las colecciones más importantes de pintura chilena de la primera mitad del siglo XX. El jueves se inaugura, por primera vez, un gran conjunto de ella con cerca de 100 obras. Esta selección podría pasar -por estos días- a transformarse en patrimonio de la Corporación Cultural de Las Condes.  

CECILIA VALDÉS URRUTIA 

Los grandes museos del mundo se han ido formando sobre la base de donaciones y legados de arte. Basta mirar a nuestro vecino, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, con sus valiosísimas obras recibidas, como los Rodin, la pintura impresionista y obra moderna de gran nivel. En el museo argentino se dedican salas enteras a los legados de diversos coleccionistas. En la historia, el más brillante de éstos ha sido Lorenzo de Medicis, durante el Renacimiento. En los tiempos contemporáneos sobresale Andrew Mellon, en Estados Unidos, quien regalaba sus cuadros para que la National Gallery de Washington se "convirtiera en la más prestigiada del mundo", precisa el historiador del arte Ricardo Bindis.

De Lisperguer a Mac Kellar

El coleccionismo en Chile -más escaso, sin los medios y el ojo escrutador de otras latitudes- se remonta al siglo XVII. De acuerdo con los inventarios de 1627, don Pedro de Lisperguer y Flores -un tío de la Quintrala- poseía 139 cuadros entre obra religiosa y profana, como naturalezas muertas. A fines del siglo XIX, bajo la iniciativa de Pedro Lira se produjo un incentivo de esta práctica. En 1910, la primera "reunión" de cuadros del Museo de Bellas Artes proviene del coleccionista y compositor Eusebio Lillo. Legó 124 trabajos al museo, entre ellos su favorita "La perla del mercader". Sin embargo, el primer conjunto coherente y cronológico fue el de Luis Álvarez Urquieta, que reunió más de 200 creaciones desde la Colonia hasta 1928, dando origen al libro "Pintura chilena", a principios del siglo XX.

Hoy una de las colecciones privadas más importantes -en pintura chilena de la primera mitad del siglo XX- es la de Ricardo Mac Kellar Jaraquemada (Viña del Mar, 1928), formada hace más de 60 años. El conjunto de 400 piezas habla de las aficiones y del profundo conocimiento y sensibilidad de su dueño. Los cuadros se conservan, hasta ahora, en su casa en Quillota.

Pero, contrario a la mayoría de los coleccionistas que mantienen sus "joyitas" celosamente guardadas, Mac Kellar siempre ha puesto sus pinturas a disposición de los espacios públicos de arte. Y va más allá. Por primera vez se expondrá un gran conjunto de su colección, incluso con algunas de las obras robadas en el año 2008 que pudieron ser rescatadas. Se inaugura en el Cultural de Las Condes, el próximo jueves (abierta hasta el 26 de septiembre). Asimismo, MacKellar ha manifestado su intención de legar estos cuadros a la Corporación Cultural de dicha comuna. Un proceso que está en marcha hace un tiempo y del que podría salir muy luego humo blanco (ver recuadro). Todo esto en el mes en que Las Condes celebra un nuevo año de vida, agrega el director de la Corporación, Francisco Javier Court.

Junto a Romera

Para el director del Museo Nacional de Bellas, Milan Ivelic, "esta es una de las colecciones privadas más importantes en su género del país". El conjunto de piezas en mediano y pequeño formato que ha ido formando este querido personaje -generoso, de cara sonriente, voz firme y fuerte personalidad- abarca desde los llamados "Cuatro maestros" hasta los años 70 del siglo XX.

El objetivo de la exposición más que hablar de autores o de períodos específicos es centrarse en la pintura, en la materia y el oficio, explica el productor y curador de Las Condes Fernando Moya. "Estas son algunas de las obras que un coleccionista eligió de acuerdo a sus preferencias". Bajo ese concepto, la muestra parte con los llamados "4 maestros" según la definición de Romera: Juan Francisco González, Alfredo Valenzuela Puelma, Alberto Valenzuela Llanos y Pedro Lira. Luego vienen trabajos de la Generación del 13 y del 40. "Vamos a llegar hasta los magníficos retratos de Ricardo Yrarrázabal, de los años 70", precisa el curador.

Estará el primer cuadro que tuvo Mac Kellar. Se trata del óleo "Valparaíso", de Juan Francisco González. Se lo regaló su padre cuando tenía 15 años. Pero su afición real al coleccionismo partió en 1955, "entusiasmado con el Modernismo, pero después quise tener a los maestros", cuenta Mac Kellar. Su hermano artista participaba en el taller del gran Tótila Albert y de Kurt Herdan. Él lo introdujo en ese mundo y juntos veraneaban con Herdan. Al ingresar a la Asociación Internacional de Críticos de Arte, el coleccionista se acerca mucho a Antonio Romera. Se hacen amigos. Mac Kellar le da a conocer, incluso, al más desconocido pintor Roko Matjasic.

Court sostiene que esta colección es una verdadera "Lección de pintura". "Tiene mucho que decir la colección que él armó. No sólo le interesaba la obra, sino que el proceso. Cada pintura tiene su historia que él cuenta". Mac Kellar ha desempeñado, además, un papel clave entre el artista y los espacios de exhibición. Armó la muestra de Enriqueta Petit en el MNBA, ayudó a realizar la del Mulato Gil. Impulsó la Bienal de Valparaíso. Es consultado ante cualquier tema sobre pintura del XX, además de asesorar al Cultural de Las Condes, a museos, impulsar la otrora colección de arte BHC y otras".

En este sentido, Ivelic resalta "su incondicional colaboración para contribuir en el conocimiento y difusión del arte chileno. Nos ha cooperado constantemente, prestándonos obras de Camilo Mori, de Pedro Luna. Y donó "El Baile de las Enanas en Magallanes", de Luna. Todo sin exigir ni solicitar reconocimiento alguno".

Cumbres de Pedro Lira, Trepte y Petit

Contrario a lo que podría pensarse, Mac Kellar tiene también en su casa muchos trabajos de vanguardia. Hay piezas de Juan Domingo Dávila y de Carlos Leppe, que adquirió en los años 60 y 70. En su colección figuran también artistas desconocidos como los hermanos Manuel y Albino Quevedo, de la generación del 13, precisa Fernando Moya. Y posee las mejores creaciones, en manos privadas, de Óscar Trepte y Pedro Luna; lo mismo de Enriqueta Petit, añade Ivelic.

"Él ha ido preocupándose de destacar ciertos artistas y obras , como es el caso de los paisajes de Pedro Luna, que se caracterizan por ser muy matéricos, un atributo desusado para la época. Es la serie más importante a nivel privado", afirma Ivelic. De la generación del 13, resalta Arturo Gordon. Y de la llamada del 40 posee, entre otros, óleos de Sergio Montecinos, Carlos Pedraza y de su amiga Ximena Cristi. Hace poco prestó muchas telas de ella para la retrospectiva del MAC.

Las pinturas que hay de Trepte son emblemáticas: figurativas, desoladas y sin resonancias cromáticas. "Sus paisajes y algunos retratos dan cuenta de esa mirada melancólica y solitaria que mantuvo el artista, porque a Trepte le costó mucho insertarse en el ámbito chileno y no le fue fácil", puntualiza Milan Ivelic. "Mujer parada en una esquina" es una de las telas escogidas de Trepte, de su período alemán".

También llega "Faenas en el puerto" (1915), de Pedro Luna. Y sale a la luz "El pelusa", de Pedro Lira. "Este sería uno de los mejores cuadros en manos privadas del artista, según ha dicho la familia del maestro", afirma el curador. A su vez, el retrato "Ser muy querido", de Valenzuela Puelma -sobre su madre-, constituye una de sus piezas cumbre. "Pertenece a su etapa madura, de gran penetración psicológica y más suelto en su pincelada". De Burchard veremos una marina muy sintética. En tanto, Enriqueta Petit estará representada, entre otros, por "Camino costero". Y entre los contemporá- neos se incluyó una composición abstracta de Enrique Zañartu, de los años 60. Una década controvertida y densa para la pintura, al cuestionarse la validez de ésta, y una década que cronológicamente empieza a marcar el fin del recuento, en Las Condes, de la significativa colección Mac Kellar.

 ¡Estas valiosas pinturas se donarían al Cultural!

Ha sido una larga historia todo lo referente al proceso de donación. Francisco Javier Court nos cuenta que por prudencia y respeto al coleccionista ha dado todo el tiempo del mundo "para que el proceso vaya desarrollándose como se debe, en todas sus etapas". Ello partió a raíz de que Ricardo Mac Kellar (soltero y sin hijos) quería que lo medular de su colección -unas 100 obras- se mantuviera junta. " Siempre ha comentado que la colección de Juan Bascuñán se disolvió al morir éste, y la otra notable de Fernando Lobo Parga se desintegró entera y nunca más se supo de ella ", señala Court. Mac Kellar piensa que al mantenerse sus cuadros en una mano sería una manera también de dar un impulso al coleccionismo y a la comunidad.

Movido también por una amistad de más de 40 años con Court (han trabajado juntos en Las Condes y es asesor permanente de esa Corporación), Mac Kellar manifestó su intención de que gran parte de sus pinturas "quedaran en torno a la Corporación Cultural de Las Condes", en una entidad con estas características. T rascendió que se instalaría en la Casa Gandarillas, "pero ello no es posible ya que su destino es ser un casa-museo representativa del siglo XIX", reconoce Court . "Le propuse entonces arreglar todo el primer piso de este Instituto y exponer allí las obras en forma permanente. La idea sería ir renovando las muestras tres o cuatro veces al año, por temáticas". En estos momentos, la Corporación ya fotografió las obras, se hallan inventariadas y se está revisando la historia de cada una. Sobre esta base se haría la selección final. "Y como somos una corporación cultural podemos recibir donaciones patrimoniales, sin problemas jurídicos", afirma. Se especula que podría salir humo blanco este mes. Lo que llevaría a trasladar las mismas pinturas que estarán expuestas en el segundo piso, al primer nivel del Instituto. De acuerdo con versiones no oficiales, las salas del primer piso estarían remodelándose e implementando los requerimientos museográficos, con el financiamiento municipal.



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PABLO BURCHARD Óleo del precursor de tantos grandes, como Couve. Marina.
PABLO BURCHARD Óleo del precursor de tantos grandes, como Couve. "Marina".
Foto: PABLO BURCHARD

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