REPORTAJE El destino de un enclave sureño
Puerto Octay: las preguntas que plantea un pueblo suspendido en el tiempo

¿Debe seguir el pueblo sumido en el silencio para conservar su encanto? ¿O puede convertirse en un polo turístico que genere progreso y movimiento? Tras la reciente declaración de "zona típica", comienzan a surgir las preguntas.  

Elena Irarrázabal Sánchez 

"Es una pequeña joya. Parece estar detenido en el tiempo, lo que permite reconocer hoy la cultura de la colonización alemana, que en otras ciudades ha ido desapareciendo bajo la picota", explica el arquitecto y profesor de la Universidad de Chile, Lorenzo Berg.

Una inmovilidad que no convence al empresario y vecino de Puerto Octay Rodolfo Harwardt. "Lo que necesitan los habitantes de Octay es que sus autoridades fomenten iniciativas para retener al turista. Hoy en día llega un grupo de visitantes, sacan fotos durante cinco minutos y se van a tomar té a Frutillar y a alojar a Puerto Varas. No ponen ni bencina aquí".

23,14 hectáreas del corazón histórico de Puerto Octay cubre la nueva zona típica decretada por el Consejo de Monumentos Nacionales. En esta comuna, que vio en el pasado cómo quedaba apartada del trazado del ferrocarril y de la Carretera Panamericana, muchos ven en la nueva categoría patrimonial una gran posibilidad de fomentar el turismo. Pero también hay escépticos.

Secretos bien guardados

Dicen que uno de los secretos mejor guardados del lugar es su mantequilla. Sí, la mantequilla "Puerto Octay" -que en Santiago se vende en contados lugares, entre ellos el Jumbo- es muy celebrada por los entendidos. En realidad, Puerto Octay, con sus escasos turistas, sus calles plácidas sin farmacias, el pequeño supermercado de la familia Teuber, su iglesia encumbrada, las antiguas casas de los colonos y el mítico Hotel Haase, guarda muchos secretos más, en paisajes y lugares que parecen congelados en el tiempo.

"Es un espacio geográfico único, creo que el más bonito de todo el lago Llanquihue. Su escenario natural, sus casas, su cementerio, sus capillas y la iglesia de San Agustín conforman un conjunto con mucho encanto", explica el padre Gabriel Guarda, Premio Nacional de Historia y nacido en Valdivia, quien confiesa ir todo los años, "al menos un día a Puerto Octay".

Proteger este patrimonio es lo que buscó la reciente decisión del Consejo de Monumentos Nacionales. "Puerto Octay es hoy un testimonio vivo de un fenómeno cultural significativo en la historia de Chile. Su patrimonio que no sólo abarca a la arquitectura, sino también las costumbres, las tradiciones y la cultura de las familias alemanas que se instalaron en esta zona", explican los arquitectos Pablo Moraga y Heike Höpfner, autores del proyecto Fondart que respaldó la postulación y que incluyó un catastro de 35 lugares valiosos o interesantes del pueblo.

Vivir en una zona típica

La nueva zona típica (ya hay una en Puerto Varas) comprende edificaciones como la iglesia de San Agustín y su casa parroquial, la casa Niklitscheck (que alberga un bien montado museo y una biblioteca municipal), el Instituto Rural, el Hotel Centinela y el Hotel Haase. También incluye una serie de casas particulares de valor.

Algunos de sus propietarios están preocupados por los alcances de la denominación de "zona típica". Como Rodolfo Harwardt, propietario de la casa Wulf -originalmente de la familia Klagges-, situada al costado de la plaza, que con su torreón y su especial estructura es uno de los hitos de la ciudad. Él la compró y restauró para vender productos típicos de la zona, pero ahora teme que la declaratoria le genere puros problemas.

Le responde Óscar Acuña, secretario del Consejo de Monumentos Nacionales. "En ningún caso queremos congelar estos inmuebles, porque lo que les da vida a las construcciones es su uso. Una construcción abandonada es la que primero se deteriora. Tenemos un espíritu abierto y, estamos disponibles para aprobar el reciclaje de espacios, modificaciones e incluso nuevos volúmenes, si son coherentes con el lugar. Es cierto, es un trámite extra, pero las exigencias y garantías que implica la zona típica también protegen la inversión, ya que aseguran un paisaje armónico en el entorno de esa propiedad".

Según explica el alcalde de Octay, Carlos Mancilla, "las modificaciones de las construcciones están sujetas a ciertas restricciones que buscan proteger su esencia. Por ejemplo, si una casa tiene techos con tejuela de alerce, lo lógico es que mantengan esos rasgos y no se pongan techumbres de otro material".

Los torreones de Octay

Según el padre Guarda, "Puerto Octay no tiene muchas casonas extraordinarias, pero sí, un conjunto de buena calidad". En el pueblo se conjugan, diseminadas, casas sencillas de madera, con otras más complejas, en un marco geográfico hermoso, gracias a que gran parte del pueblo se emplaza en altura. "Algunos de los colonos que se instalaron eran carpinteros o tenían conocimientos de la especialidad. Había cierta homogeneidad cultural en los artífices", relata Gian Piero Cherubini, profesor de Arquitectura de la U. de Los Lagos

Ellos levantaron las construcciones de madera que distinguen al pueblo, un conjunto que denota rasgos comunes de la arquitectura del Llanquihue, pero también formas particulares, como el uso frecuente de "torreones miradores". "Los torreones son una forma de propagación de la arquitectura por medio de la imitación. Están en el Hotel Centinela (1913), en la Casa Wulf (1923), en el Instituto de Educación Rural (1931) y en la casa Barrientos", enumera Lorenzo Berg, autor, junto a Edward Rojas, de la "Guía de patrimonio arquitectónico de Puerto Octay".

Algunas de estas casas han sido restauradas y están en buenas condiciones. Otras no. Caminando por sus calles se ven casas deterioradas, algunas abandonadas y otras casi. Como la casa Werner, con su simétrico perfil de dos pisos, cuyas paredes cubiertas de lata se remecen con el viento. "De impronta neoclásica, tiene su símil en la casa Richter de Frutillar, que fue completamente renovada y se encontraba en un estado de deterioro similar. Es un buen ejemplo de lo que se puede hacer", argumentan Heike Höpfner y Pablo Moraga.

Estos arquitectos explican que tras la declaración de zona típica, ahora viene una segunda etapa, que implica la elaboración y difusión de un 'Instructivo de Intervención'. "Se buscará orientar a propietarios y autoridades frente a distintas preguntas: ¿Cómo intervenir? ¿Cómo se pueden organizar los propietarios para obtener beneficios? ¿Puede el municipio impulsar proyectos de inversión en áreas patrimoniales? La gestión es clave para convertir la protección del patrimonio de Puerto Octay en una opción rentable que mejore la calidad de vida de los habitantes".

"En el turismo está el futuro de nuestro pueblo", opina el alcalde Carlos Mancilla. "Queremos aprovechar ese carácter 'suspendido en el tiempo' para promover a Octay como un verdadero museo al aire libre. Pero también hay nuevos proyectos, como una atractiva costanera en el borde del lago y un moderno anfiteatro".

¿Habrá gestores dispuestos a convertir el poblado en un polo turístico, como ocurrió en Colchagua con Santa Cruz? ¿O esa sola idea hace desmayar de espanto a los puristas? El tiempo dirá si Octay encuentra su propio camino para conciliar patrimonio y progreso.

 5 Claves de la arquitectura del Llanquihue

1 ESPACIOS

Uso de volúmenes concentrados (uno o dos pisos con entretecho habitable), techos muy inclinados. Habitaciones amplias y altas (3,20 m de altura).

2 TECNOLOGÍA

La construcción es casi completa en madera, sobre la base de tabiquerías, que son una adaptación de la construcción en "fachwerk", del norte de Europa. Se usan pilares y vigas de madera nativa de buena factura y de anchos considerables. Las uniones se hacen con sistemas de ensambles, el uso de clavos y fijaciones metálicas es mínimo.

3 TERMINACIONES

Son de gran calidad. Sobresalen las ventanas prefabricadas: sus hojas son de doble contacto y con una cámara interior, para que no pase el viento y drenar o eliminar el agua lluvia que se deposita en ellas. Los revestimientos exteriores son de madera (tejuela o tabla) y más tarde aparecen los metálicos.

4 DATA

Construidas entre 1850 y 1930.

5 ESTILO

Las primeras construcciones son simples y muy simétricas, de rasgos neoclásicos. Luego se agregan volúmenes como miradores, torreones, etc. El diseño adquiere más libertad, se aplican estructuras y detalles ornamentales de distintas tradiciones europeas.

Información de Lorenzo Berg y Gian Piero Cherubini, autores del libro "Ocupación, Arquitectura y Paisaje en la Región de Los Lagos. 15 mil años de historia".

Esplendor y caída

Originalmente llamado Puerto Muñoz Gamero, Octay nace en 1852 en una bahía rodeada por un cordón de lomajes verdes, con vista al volcán Osorno. Surge como respuesta a las necesidades de los recién llegados colonos germanos, que se instalan en los campos aledaños. "Allí, como sucede en Puerto Varas y Llanquihue, se construye un muelle, una 'casa fiscal' para acoger a los colonos y un molino , necesario para moler el trigo. El pueblo se forma gradualmente, ya que esta colonización fue en principio más bien agraria", explica Lorenzo Berg.

La localidad fue creciendo en función de la actividad en torno al lago Llanquihue, lo que significó la construcción de hoteles y restaurantes para acoger a las personas de paso. "Por aquí salía la importante producción de la hacienda Ñuble Rupanco, con destino a Puerto Montt", agrega Gian Piero Cherubini.

"En ese entonces llegaban hasta 200 carretas con trigo. El primer modelo de auto Ford A de la zona llegó a Octay. El Hotel Haase, primero llamado Hotel Universal, fundado en 1894, recibía a los pasajeros que llegaban en barco por el lago. Mi suegra pasó su luna de miel ahí y su bar todavía tiene las huellas de los balazos surgidos en querellas entre colonos", relata Rodolfo Harwardt, vecino de Puerto Octay. El lugar se transforma en un sitio de aprovisionamiento para los colonos , que se abastecían en lugares como el surtido almacén de Christian Ochs. De allí habría derivado el nombre de Puerto Octay ("Donde Ochs hay...") aunque otros sostienen que viene del término indígena Utay (pueblo del costado norte).

Pero la prosperidad no fue eterna. El trazado del ferrocarril pasa lejos de Octay y lo mismo sucede con la carretera. El golpe de gracia lo da la decadencia de la navegación lacustre, por el mejoramiento de los caminos. En 1957 atraca por última vez el vapor que unía los puertos del lago.




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Foto:ESTUDIO DE ARQUITECTURAPUERTO VARAS

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