"Santiago de Chile: Catorce mil años" Habla Rodrígo Pérez de Arce
De cara al Bicentenario: "A Santiago hay que mirarlo desde arriba"

Presentado desde la cima del Santa Lucía, el libro llama a recuperar en Santiago los cerros y a habilitar miradores accesibles desde varios barrios. La obra propone medidas urgentes para una transformación positiva en su calidad de vida.  

Maite Armendáriz Azcárate 

"No contaríamos con el cerro Santa Lucía si es que Vicuña Mackenna hubiese estado obsesionado con su reelección", dice Rodrigo Pérez de Arce, el arquitecto de la PUC y uno de los autores del volumen "Santiago de Chile: Catorce mil años" que se lanzó el jueves último desde el Castillo Hidalgo, ubicado en la cumbre misma de ese ícono santiaguino. "Es mas: no se le habría ocurrido a Alberto Mackenna instalar la idea del Parque Metropolitano en el Cerro San Cristóbal si no hubiese sido porque Vicuña Mackenna demostró que un cerro, lejos de ser una trastienda inaccesible, era un patrimonio singular para una ciudad-oasis como Santiago.

Ciudad de miradores

Pérez de Arce propone implementar en la capital "un plan urbano para recuperar los cerros isla degradados y habilitar miradores accesibles desde muchos barrios". En su opinión la habilitación del Sendero de Chile ofrecería un recorrido-balcón, al igual que el trazado de la avenida de la cota mil, acentuando este rasgo de ciudad de miradores. Agrega que el programa podría culminar en el funicular y mirador del San Ramón, "un proyecto varias veces enunciado".

Para lograr esta transformación positiva de la ciudad se requiere, en su opinión, visión urbana y un cálculo político que admita resultados en tiempos diferidos: inmediatos, de mediano y de muy largo plazo. "Santiago presenta condiciones espectaculares de visión aérea. Por otra parte, estas grandes reservas agrestes y degradadas que son nuestros cerros semi abandonados pueden combinar usos productivos y recreativos; no es necesario entenderlos por entero como 'parques', sino más bien articular inteligentemente acciones destinadas a su recuperación que incentiven a su vez la accesibilidad a ellos y el atractivo de sus destinos".

Vías para acceder a lo alto

Entre los tramos para llegar hasta esos miradores, el arquitecto explica que Renca podría acceder a su cerro, como también San Bernardo a Chena, el sector del Salto al San Cristóbal, Recoleta al Cerro Blanco: "no es una idea novedosa: fue enunciada por Vicuña Mackenna hace 136 años, lo que demuestra nuestra baja capacidad de reacción en temas urbanos". Recuerda que, como consecuencia de esa tradición chilena del "rulo", según la cual el "monte" era un espacio si no de común propiedad, al menos libre de control, todos estos cerros han sido accesibles en alguna medida. "Pero la gente subía a obtener leña o llevar ganado, depredándolos, al mismo tiempo que subía a gozarlos o a hacer la cimarra". Argumenta que ahora que no explotamos los cerros para el combustible es el momento de habilitar miradores y paseos. "Sin embargo para hacerlo no es necesario desperdiciar sus potencialidades productivas. Los cerros son muy grandes: ¿por qué no plantar olivares y viñedos en Renca? ¿Por qué no forestar los faldeos del cerro Chena con especies nativas, incluso pensando en una ordenada explotación futura? ¿Por qué no habilitar las canteras del cerro Blanco como terrazas sombreadas?

Pérez de Arce sabe que los cerros se cuidan cuando cuentan con algún uso: "así lo han demostrado los monjes Benedictinos quienes vienen cuidando el cerro Los Piques en beneficio de la comuna de Las Condes por varias décadas". Recuerda que esta orden religiosa ha contribuido con una de las mejores obras de arquitectura en Santiago y se pregunta ¿por qué no contar con instituciones en las cumbres o faldeos? Y ¿qué impediría que algunos proyectos de gran calidad se situaran sobre ellos aportando destinaciones urbanas, actividad y los recursos asociados a la concesión de los suelos? Llama a pensar si la colina de la Alhambra en Granada seria mejor sin las construcciones que la han hecho universalmente famosa.

Ampliar el Sendero de Chile

Reconoce que para completar el Sendero de Chile numerosas entidades deben ponerse de acuerdo. Este programa de gobierno para la construcción de un recorrido, cuyo emplazamiento sea preferentemente en la precordillera y Cordillera de los Andes, fue enunciado el año 2000 por el Presidente Ricardo Lagos y hoy cuenta con algunos senderos habilitados. "Es de las ideas importantes que han surgido en los últimos años; es profundamente democrático, convoca a todo el mundo, hace más por entender los valores del paisaje y la sustentabilidad que miles de estadísticas e informes y construye un modo nuevo de entender nuestro territorio. Debería ser mejor conocido y ojalá fuese ampliado hasta completar el proyecto original".

Habilitar más parques nacionales

Otro de los caminos pendientes que plantea el arquitecto es habilitar más parques nacionales. "Sectores al límite del valle, como el cordón de Lo Prado, deberían constituirse en uno de ellos, siguiendo la pauta más previsora de otras ciudades de equivalente tamaño, donde el patrimonio natural cercano ha sido correctamente asumido como tarea urbana". Denuncia que la conurbación de las áreas centrales de Chile "está limitando cada vez más esta posibilidad en la medida en que todos los suelos están en manos de privados y mientras no existan potentes indicaciones de que los limites urbanos no sean en definitiva negociables". Echa de menos más parques naturales costeros y cree necesario declarar de interés ecológico los acantilados que caracterizan lo mejor de nuestro litoral. "¿Cuánto falta para que las amplias zonas de secano al norte de Santiago sean parceladas o urbanizadas y perdamos la posibilidad del parque natural de la estepa de espinos y matorral silvestre?"

Reforestar las calles: el modelo de Mendoza

Pérez de Arce cree que la ciudad es el ambiente más fértil para el desarrollo de las culturas y es también el espacio en donde mejor se pueden obtener condiciones de equidad social. "Podemos plantearnos horizontes más amplios que la concentración en los problemas -por cierto urgentes pero no únicos- de la contaminación o el transporte. Todas las ciudades exitosas cuentan con espacios públicos de calidad -gratuitos, accesibles, bien distribuidos-, considerando entre ellos por cierto la trama de calles que representa la mayor superficie publica en el dominio urbano". Llama a mejorar estos espacios integralmente (no sólo para el tráfico, sino para las personas), pues ello incide en un mejoramiento sustantivo en la calidad de la experiencia urbana. "Si Mendoza, cuyo ambiente es más seco que el nuestro, cuenta con magníficos corredores verdes, ¿por qué no podemos hacer de nuestras calles espacios de similar calidad? y, de paso, ¿por qué no invitar técnicos en poda urbana desde esa ciudad para instruir en el manejo de la forestación urbana?"

 Benjamín Lira, asesor artístico: "Rastreamos museos, colecciones y fotografías inéditas"

Las distintas visiones de los integrantes del equipo fueron lentamente moldeando la estructura del libro, explica Benjamín Lira, asesor artístico de este volumen, que junto a Hernán Rodríguez se encargó de la recopilación de material gráfico. "Semana a semana, y hasta el último minuto, obtuvimos descubrimientos de imágenes valiosas antiguas o nuevas fotografías que se encontraban o que se le pedían tomar especialmente al fotógrafo, Fernando Maldonado". Durante tres años se extendió este proyecto. "Buscamos cómo mostrar la ciudad, sobre todo en la sección más actual, sin caer en hacer un libro turístico, para dar una visión transversal entre lo arqueológico, histórico, artístico, geográfico y arquitectónico, junto con la vida pública y la vida privada, lo religioso y lo popular".

Por ello -agrega-, además de la selección iconográfica, también se encuentran en el libro imágenes del Maratón de Santiago, una celebración futbolística en la Plaza Baquedano, y hasta la Pequeña Gigante y su tío Escafandra.

"Se trató de presentar documentación gráfica, en lo posible inédita; están las bellas acuarelas de Harvey; la pintura primitiva "El río Mapocho y los Tajamares durante el paseo de los seminaristas"; también se incluye El cerro Santa Lucía dibujado por Rugendas, el mural del Colegio San Ignacio de El Bosque, de Mario Carreño, y la obra "Santiago", de Samy Benmayor". El libro concluye con la "Fundación de Santiago", de Bororo, una reinterpretación de la pintura de Pedro Lira, presente en el primer capítulo.

"Participan los mejores autores"

El flamante volumen "es una memoria viva de Santiago", afirma Gema Swinburn, coordinadora de este volumen con sello Bicentenario del Museo Precolombino y el Banco Santander. "En la elección de autores como del contenido fuimos rigurosos".

La obra resalta el nombre de esta ciudad, que no solemos vincularlo a la identidad real del apóstol Santiago el Mayor, advierte en su primera página el arquitecto y sacerdote benedictino Gabriel Guarda. "Santiago fue el hermano de Juan, primer mártir de los doce apóstoles, santo ejemplar y patrono potente que fuimos olvidando a partir del siglo XIX, lo que nos alejó de un caudal de tradiciones y del millar de ciudades hermanas que llevan su nombre en América", agrega el arquitecto Hernán Rodríguez, autor de tres de los ocho capítulos que completan este volumen. Piensa que otro de los principales aportes del libro es que revisa la edad de Santiago , no circunscrita sólo a su fundación histórica, sino a la presencia de seres humanos en el valle.

La proyección precolombina como aporte para la capital es el tema que desarrolla el arqueólogo Luis Cornejo. Y sobre cómo Santiago se convierte de campamento en ciudad entre 1541 y 1646, y de qué manera en la centuria siguiente vive años de superación, reconstrucción y cambios hasta alcanzar la plenitud colonial, la impronta del barroco y lo neoclásico, se explaya Hernán Rodríguez. En tanto, de los albores de la Independencia al Centenario habla el historiador Francisco Javier González. Y todo cuanto ocurrió en el siglo XX, en que la ciudad protagonizó importantes cambios sociales y su población creció exponencialmente, se encarga de analizar el historiador Rafael Sagredo; su estilo es más bien ensayístico, dada la cercanía en el tiempo de esos episodios.

El texto se complementa con las columnas de Pedro Gandolfo y Cristián Warnken, en que cada uno revela los sentimientos que le inspira la ciudad que habitan.

El libro nace acogido a la Ley de Donaciones Culturales. Su tiraje es de 5.000 ejemplares. "Lo traduciremos al inglés". Más de quinientos ya fueron donados a la Dibam para que los distribuya en sus bibliotecas y museos.



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Desde el Cerro Santa Lucía Litografía de T. Sinclair basada en daguerrotipos de Edmond Revel. 1850. Biblioteca Nacional.
Desde el Cerro Santa Lucía Litografía de T. Sinclair basada en daguerrotipos de Edmond Revel. 1850. Biblioteca Nacional.
Foto:BNCH

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