"La cinta blanca", ¿película de una sola idea?

Ernesto Ayala 

En un sentido, La cinta blanca es una película con tesis moral y política, de una forma no muy distinta a como Michael Haneke la llevó adelante en Caché, su película de 2005. En ésta, la tesis era que Europa y todo su mundo burgués, civilizado y culto estaba edificado sobre la violencia del colonialismo del siglo XIX y XX. Para ello recurría al acoso que vivía el conductor de un programa cultural en París, para revelar, hacia el final, un secreto de su pasado y la real madera de que estaba hecho. En La cinta blanca, la metáfora está más expuesta, más al frente si se quiere, menos oculta. Incluso podría discutirse si hay metáfora del todo, y no simplemente una tesis. La película cuenta los extraños eventos que suceden en un pequeño poblado, prácticamente feudal, del norte de Alemania un año antes de que estalle la Primera Guerra Mundial. Todo comienza con el accidente del doctor (Rainer Bock) a caballo, que cae por culpa de un cable estratégica y clandestinamente puesto en su ruta habitual. Sigue con la muerte accidental de una campesina, y continúa con numerosos hechos de violencia que nadie sabe a quién atribuir. Los eventos, seguidos por una cámara omnipresente y acompañados por el relato en off del joven profesor de la escuela (Christian Friedel) cuando ya es un hombre mayor, nos permiten entrar en las casas de los personajes más prominentes del poblado. Presenciamos, así, una galería de padres fríos, duros y exigentes; mujeres despreciadas y sometidas a la autoridad patriarcal; hijos maltratados y subyugados que circulan casi siempre en pequeños choclones. La conclusión que se extrae, decíamos, es evidente: este antiguo orden -jerárquico, protestante, de valores claros e inviolables- funcionaba bien sólo en apariencia, ya que se sostenía en el sometimiento económico, la humillación de los más débiles, la represión de las emociones y la hipocresía en los afectos. Sus consecuencias: violencia, crímenes y, peor aún, una generación de niños que en veinte años más se convertirá en el cerebro y los músculos del nazismo. Sí, en su reducción más simplista, La cinta blanca postula a que el nazismo nació de hijos abusados. En sentido, Haneke parece un lector muy impresionado por las teorías de sicoanalistas -o ex sicoanalistas-, como Alice Miller, que explican que, a menos que uno sea consciente de los abusos sufridos en la infancia y fiel a los sentimientos que de ellos nacen, estará condenado a repetirlos en la vida adulta.

Vista así, La cinta blanca, ganadora del Festival de Cannes 2009, puede verse como una película de una sola idea. Sin embargo, esta limitación no anula el rigor con que está actuada y filmada y no cancela el esplendor de sus imágenes en blanco y negro ni el brillo de su puesta en escena. Esos niños, obedientes y en extremo corteses con los adultos, no dejan de ser inquietantes, extraños y, en el fondo, enfermos. Están en todas partes, y pese a su humillación, están sublevados. A pesar de lo transparente que resulta su lectura, la cinta perturba, incomoda, desasosiega. Su estilo duro y austero no seduce, pero intriga. Tiene también algo de familiar, ya que esos padres estrictos, exigentes, apegados al orden y la ley, no son tan lejanos. Todavía escuchamos voces que añoran la claridad valórica de los viejos tiempos, de cuando los hijos obedecían irrestrictamente a los padres, las mujeres llegaban vírgenes al matrimonio y tanto el orden familiar como social era claro, nítido, incuestionable. La cinta blanca, sí, en un plano nos habla del sustrato que permitió el nazismo, pero en otro nos recuerda también que todo orden jerárquico, patriarcal y religioso se paga caro por los más débiles y puede tener nefastas consecuencias en el futuro.

 

La cinta blanca

Dirección:

Micheal Haneke

Elenco: Burghart Klaussner, Christian Friedel y Maria-Victoria Dragus

Austria, Alemania, Francia e Italia, 2009

Duración: 144 minutos

 


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Personajes Una galería de padres fríos, duros y exigentes; mujeres despreciadas y sometidas a la autoridad patriarcal; hijos maltratados y subyugados.
Personajes Una galería de padres fríos, duros y exigentes; mujeres despreciadas y sometidas a la autoridad patriarcal; hijos maltratados y subyugados.

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