A 70 años de su muerte Las desdichas del crítico literario:
¿Quién mató a Walter Benjamin?

Le quedaba su libertad, y antes de que los nazis se la quitaran, eligió morir. ¿Pudo ser de otro modo? ¿Por qué redujo sus opciones a morir o caer preso? Una historia de infortunios y muchos cabos sueltos que tejen dudas sobre lo que Brecht calificó como la primera pérdida verdadera que Hitler causó a la literatura alemana.  

Juan Ignacio Rodríguez Medina 

Cuenta una leyenda alemana que un "hombrecito jorobado" es el responsable de todas las calamidades infantiles: de que botes la leche, de que quiebres un plato. A ese jorobado cita Hannah Arendt -en su ensayo sobre Walter Benjamin recopilado en "Hombres en tiempos de oscuridad"- para graficar la "mala suerte" como designio de la vida del pensador judío-alemán nacido el 15 de julio de 1892 en Berlín.

La referencia no es gratuita, el propio Benjamin se refiere al jorobado: "Cualquiera a quien el hombrecito mira no presta atención; ni a sí mismo ni al hombrecito. Consternado, está ante una pila de escombros". Montones de escombros, cree Arendt, que servirían para trazar la vida de Benjamin hasta el último de ellos: su suicidio hace setenta años, el 26 de septiembre de 1940, en la frontera franco-española cuando intentaba huir de la Francia ocupada por el nazismo.

La pobreza de un hombre de letras

Su muerte fue el corolario de siete años de exilio y penurias intelectuales y económicas. Recordemos. En 1933, en pleno ascenso del nazismo al poder total, Benjamin huye de Berlín, donde "la atmósfera apenas es ya respirable", hacia Ibiza. En septiembre se traslada a París donde "lo esperaba" -según narra Bernd Witte en "Walter Benjamin: una biografía-, "toda la miseria del exilio".

Recién en 1934 consigue una pequeña ayuda monetaria de la Alianza Israelita, pero sólo hasta abril. Sus intentos de publicar casi siempre chocan con algún infortunio y cuando por fin logró la publicación en Alemania, bajo el pseudónimo, de "Personajes alemanes", su editor quebró y las copias quedaron guardadas. "Donde sea que uno mire en la vida de Benjamin -escribe Arendt- encuentra al pequeño jorobado".

Su "único apoyo material y moral" fue el círculo marxista de la Escuela de Frankfurt (que por entonces se había trasladado a Nueva York), donde comenzó a publicar con regularidad desde 1934 a cambio de una pequeña mensualidad. Pero los problemas no acabaron. Benjamin era un marxista sui generis que intentaba conciliar su materialismo con elementos mesiánicos tomados de la teología judía. El punto cúlmine fue el rechazo de los tres capítulos de su libro sobre Baudelaire y el temor, desde 1938 -por la situación financiera de la Escuela- de perder la ayuda económica. En marzo de 1939 escribió a Scholem que no podría soportarlo: "La atracción que ejerce sobre mí el mundo que me rodea es demasiado endeble para ello, y demasiado inciertos los premios de la posteridad".

En mayo de 1939 a Arendt la urgía ayudarlo y escribió a Scholem: "A menudo me parece como si sólo ahora se aproximase a las cosas que le son decisivas. Sería abominable que justamente en este momento se viese interrumpido". Lo abominable ocurrió.

El último escombro y las dudas

En junio de 1940 Walter Benjamin -que en 1939 perdió su nacionalidad y pasó un mes preso- huyó hacia el sur de Francia. Su apartamento fue confiscado y salvo por algunos materiales que quedaron al cuidado de Georges Bataille, todo cayó en las manos de la Gestapo. Cuando se encontraba en Marsella, Horkheimer le consiguió un visado para emigrar a Estados Unidos. Sólo le faltaba un permiso para salir de Francia, dificultad salvable si se cruzaba por los Pirineos hacia Port-Bou, un pueblo en el límite franco-español, que la policía francesa no vigilaba.

Benjamin marchó junto a un grupo de personas, pero al llegar al puesto fronterizo, el 25 de septiembre de 1940, los guardias les informaron que la España franquista había cerrado la frontera para los apátridas y no reconocía los visados entregados en Francia. Bajo vigilancia policial, se les permitió pasar la noche en un hotel para ser devueltos al día siguiente a Francia. Según narrara luego Arkari Gurland, la mujer que viajaba junto a Benjamin, eso significaba para los hombres del grupo "el internamiento en un campo de concentración".

El relato de Gurland cuenta que a la mañana siguiente Benjamin le confesó que la noche anterior "había ingerido grandes cantidades de morfina". Que luego de la confesión perdió el conocimiento. Y que el médico que llegó a atenderlo se negó a trasladarlo a un hospital y diagnosticó un ataque de apoplejía. Benjamin fue enterrado en el cementerio de Port-Bou sin identificarse el lugar de la inhumación (años después se inventaría una lápida). En una esquela que Gurland destruyó, el filósofo explicaba que "ya no podía más, que no veía salida alguna".

El recuerdo de la mujer es el único testimonio del suicidio. O de lo que se supone es un suicidio. Sí, porque un documental de 2005, "¿Quién mató a Walter Benjamin?", del argentino David Mauas, plantea dudas a partir de una serie de cabos sueltos: que un hombre, diez horas después de ingerir una sobredosis de morfina, estuviese lúcido; que el sacerdote del lugar, un falangista, permitiese que se enterrase a un suicida en el cementerio católico; que las actas hablen de muerte por causas naturales; que los documentos oficiales (civiles y eclesiásticos) difieran en las fechas del fallecimiento (26, 27 o 28 de septiembre). La obra no se juega por una tesis, aunque esboza la del asesinato cuando sugiere que Benjamin cayó en "la boca del lobo": el pueblo había sido tomado recientemente por los franquistas y, según algunos testimonios, estaba ocupado por la Gestapo.

Más allá de las dudas, no parece arriesgado pensar que Benjamin es la víctima de una Europa que se desmoronaba. ¿Quién lo mató? ¿Él? ¿Hitler? ¿Las penurias económicas? ¿El fracaso europeo? Como sea, al parecer la muerte de Benjamin impactó a los guardias que cuidaban la frontera, los que permitieron al resto del grupo seguir hacia Portugal. Algunas semanas después se levantó el embargo a los visados. "Sólo en ese día en particular -escribe Arendt- era posible la catástrofe". Fue la última jugarreta del jorobado.



 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
Hitler en París La Alemania nazi invadió Francia en mayo de 1940, un mes después Walter Benjamin inició la huida final.<br/>
Hitler en París La Alemania nazi invadió Francia en mayo de 1940, un mes después Walter Benjamin inició la huida final.

Foto:AP

[+] Vea más fotos


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   El Tiempo
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Puzzle
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
Versión Digital

Ver versión animada
  • Revistas
    El Mercurio
  • Revista del Domingo
    Así es Bali.
    Alternativas  Académicas Ediciones Especiales