domingo 8 de agosto de 2010  
Gualliguaica:
Lo que el Agua se llevó
 
Los viejos hippies del Valle del Elqui le dicen "Guallimaica". Los windsurfistas lo bautizaron "Planeta Puclaro", por el embalse que inundó al pueblo antiguo. Y sus habitantes lo llaman simplemente Gualliguaica. Pero todos lo conocen como: "El primer pueblo del nuevo milenio". Uno que parece convertirse, poco a poco, en una versión nortina y a vela de Pichilemu.  

Por Marcelo Ibáñez Campos, desde Gualliguaica, Cuarta Región. 

"El primer pueblo del nuevo milenio". Ése fue el eslogan que acompañó a los habitantes de Gualliguaica, en su pelea por no desaparecer bajo las aguas del Puclaro, el embalse construido en 1999 sobre terrenos habitados hace casi 500 años.

Esa frase -"el primer pueblo del nuevo milenio"-, usada por el gobierno y difundida por los medios, fue creada por los habitantes del pueblo como una promesa a sí mismos, cuenta Marcelo Olivares, una de las personas que lideró el proceso  para lograr que el viejo Gualliguaica fuese trasladado a 800 metros de su ubicación original, y cuyo nombre ahora bautiza la calle principal del pueblo nuevo.

Esa frase acompañó a Gualliguaica en su lucha de seis años por no desaparecer, como sí desaparecieron La Polvada y Punta Azul -los otros pueblos inundados-, cuyos habitantes decidieron recibir el dinero de las indemnizaciones y partir cada uno por su lado. Ex pueblos cuyos habitantes viven, en su mayoría, en la Villa Puclaro, una población ubicada al otro lado del embalse -donde las casas ahora se transan a un tercio del precio que alcanzan en este lado del Puclaro- y que hace ver a Gualliguaica como lo que es: un pueblo con identidad a pesar de sus casas idénticas. Uno que luchó por mantenerse unido cuando las aguas arrasaron con su pasado, y los vientos trajeron un posible futuro.

Esa frase es la que todos repiten en el Valle cuando se les pregunta por Gualliguaica -el chofer del bus de La Serena, la mesera del restaurante de Vicuña, el guía de cabalgatas en Pisco Elqui- y es la misma que usa Filomena Díaz (67) para recordar los años en que su pueblo natal salía en las noticias porque había sido traslado, cuando se decía que sería "refundado" junto con la llegada del año 2000.

"El primer pueblo del nuevo milenio" dice la señora Nenita. Y al hacerlo sonríe con los labios apretados, como lo hacen las abuelas cuando quieren ser educadamente irónicas.

Casi una década después, mucha agua ha pasado sobre Gualliguaica, el pueblo  ubicado a 15 kilómetros de Vicuña, que fue transplantado en marzo de 2001 a los pies de un cerro. Olvidadas quedaron las promesas incumplidas que ofrecían desarrollarlo turísticamente. Se habló de pesca de truchas y pejerreyes que atraería visitantes, de la construcción de una Costanera con juegos para niños, áreas de camping a la orilla del lago, anfiteatro, paseos peatonales y puestos de artesanía para los lugareños.

Diez años después, la orilla del lago sigue siendo un terreno baldío y la gente aún se reúne en las esquinas a falta de una plaza.

"Pasamos de vivir en un pueblo a vivir en una población. Porque eso es al fin y al cabo Gualliguaica", dice Jhonatan Rojas (28), mientras la señora Nenita recuerda los centenarios árboles frutales, ahora sumergidos, que aún asoman sus copas sobre el agua cuando el nivel del embalse lo permite. Las casas de adobe compartidas por tres generaciones y los extensos cultivos familiares que alimentaban el trueque de frutas y verduras. Recuerda las tres camionadas de piedras que sacó de su casa en el nuevo pueblo -cada una posee un terreno de 600 metros cuadrados-, para revivir el pequeño huerto que alguna vez ocupó hectáreas. Recuerda cómo ampliaron la casa que les entregaron y los tres años que demoraron los nuevos árboles en dar fruto. Y, por supuesto,  la primera vez que vio asomarse una tabla de windsurf sobre el embalse que alguna vez pareció una maldición.

"Aparecieron por el lado del túnel cuando se llenó el tranque (2001). No sabíamos qué eran y todo el pueblo partió a verlos. Se veían re lindos con el reflejo del sol haciendo sus piruetas" dice la señora Nenita. Y cuando lo dice, por primera vez sonríe  entre tanto recuerdo difícil.

 

Siglo 21

"El primer pueblo del nuevo milenio" tiene seis calles. Tres minimarkets. Una iglesia. 108 casas de construcción sólida, con muros amarillos y base color terracota. Poco más de 400 habitantes, cinco de los cuales miran al forastero como una rareza, y un casino propio: cuatro de esas máquinas tragamonedas que se promocionan como "juego de habilidad y destreza", donde varias mujeres del pueblo aprietan botones, con la esperanza de oír una lluvia de monedas.

Gualliguaica tiene un museo cerrado por falta de financiamiento, a cuyas puertas hoy golpea sin éxito una familia sudafricana -si desea visitarlo debe pedirle a Margarita Cox, la auxiliar del colegio, que lo abra- y un gran cartel azul que anuncia la construcción de una posta. Gualliguaica tiene además una escuela amplia, una cancha de fútbol y una lora: la Chepita, que fue cambiada por una caja de cervezas a un habitante de Villa Puclaro, y que ahora es otro personaje más del pueblo.

Y por supuesto, Gualliguaica posee el bello paisaje del Valle del Elqui en una versión única: las aguas turquesa del embalse, encajonadas entre los cerros de tonos minerales. Esos que cambian de color incontables veces al día, gracias al sol que nunca falta.

Gualliguaica tiene también una tienda de windsurf. Un conjunto de cuatro cabañas de linda vista, recientemente adquiridas por un pudiente navegante. Una hostal propiedad de Ian Warner -ex campeón nacional de kitesurf, que vive en La Serena- y otro hospedaje aún en construcción -su dueño es Luis Esponda, más conocido por los lugareños como el Che, un profesor argentino de kite radicado hace dos años en el pueblo-, además de un futuro restaurante.

Porque al igual que el lago artificial, la apacible vida de Gualliguaica en invierno esconde un verano que la transforma en otro planeta. El Planeta Puclaro. Todo gracias a los vientos que recorren constantemente el embalse, convirtiéndolo en uno de los mejores lugares del mundo para practicar windsurf y kite. Un cambio tan radical, como comparar al Gualliguaica nuevo con el antiguo.

 

Planeta Puclaro

"¿Ya hablaste con Chamorro?", preguntó un windsurfista de Santiago.

De Chamorro dicen que es el alma del pueblo, el Negro Piñera del Valle del Elqui, y que si se presentara a alcalde, seguro lo eligen.

Es el último sábado del mes de julio y el viento no para de soplar a la orilla del Puclaro. Sobre el agua, cuatro velas de windsurf corren a toda velocidad -entre ellas la de Antonia Undurraga, campeona nacional y tercera del mundo-, mientras un canadiense alucina con las corrientes de viento. Pero en la ribera del pueblo, por un instante, los navegantes locales sólo hablan de Chamorro.

Chamorro calza un gorro Billabong y un polerón Doo Australia sobre el cual se posa Chepita, la lora del pueblo. Chamorro tiene un grupo de Facebook donde "las peloláis más ricas de Santiago" -según la opinión de un windsurfista veterano- son sus amigas. Chamorro, que se llama Cristián Agurto y tiene 35 años, sólo se ríe por el comentario, a las afueras de su minimarket: el San José. El que tiene un cartel que reza "Bienvenido al Planeta Puclaro" y un libro con las cuentas de los navegantes, que en un fin de semana pueden sumar varios ceros. La esquina más concurrida de Gualliguaica por locales y visitantes.

Chamorro cuenta que fue una especie de "mediador" entre los navegantes que se atrincheraban a orillas del lago, y los habitantes del pueblo que veían, temerosos, a toda esa gente que sólo pasaba por el pueblo en sus 4x4, directo al embalse. Cuenta que fue el primero en arrendar piezas y que ahora la mitad del pueblo hace lo mismo durante el verano, mudándose a la casa de sus parientes en la parte alta de Gualliguaica. Explica cómo cambiaron las costumbres de los jóvenes locales -ropa de marcas playeras, rap y electrónica al lado de cumbias y rancheras- por la influencia de cada verano. Que para ver lo que nació de ese cruce, lo mejor es pasar un 18 en el pueblo.

Ese cruce entre el pueblo y los kite y windsurfistas pudientes que lo visitan -dos deportes donde los equipos no bajan del millón-, resulta similar a lo que vivió Pichilemu décadas atrás. Un cruce que tuvo su escena trascendental a principios de este año, cuando Italo Agurto (16 años, gualliguaiquino, hijo de Chamorro) disputó la final nacional de kitesurf en Estilo Libre, apenas un año después de comenzar a entrenar. El año     en que congeló el colegio para ensayar sobre el embalse, los trucos que veía en Youtube.

 "Si salió segundo fue porque el día de la definición había mucho viento y él sólo tiene un kite, lo que le dificultó hacer las maniobras", relata el argentino Luis Esponda. "Pero todos saben que él es el mejor de Chile", asegura.

"Fue la primera vez que el pueblo completo bajó al embalse a verlo competir", cuenta Chamorro. "Al final nos dio rabia verlo segundo, pero bueno. Yo creo que este ha sido el mayor cambio: cuando movieron el pueblo, para mucha gente que vivía de allegados o tenía casas muy precarias, la vida mejoró. Pero ver al Ítalo en la final fue saber que nosotros también podíamos hacerlo. Y eso ha hecho el kite y el windsurf en Gualliguaica: hacer que las expectativas de las personas de acá cambien".

"Planeta Puclaro", así bautizaron a Gualliguaica los deportistas que lo visitan.

 

Por Marcelo Ibáñez Campos, desde Gualliguaica, Cuarta Región..

   
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