La mayoría no se ha movido desde las instalaciones de la minera San José:
La diaria congoja de las mujeres de los mineros

Algunas aseguran que sus maridos las prepararon para soportar una tragedia. Mientras que otras comentan que "los viejos" ocultan los riesgos a los cuales se someten.  

JAIME PINOCHET Y RODRIGO ÁLVAREZ 

"Siempre nos preparó para un momento así. Siempre nos dijo que un día no volvería". Son las únicas palabras que tiene en su cabeza Soledad Morales para entender la dramática situación que vive su marido, Víctor Segovia, luego del derrumbe que afectó a él y sus 32 colegas en la mina San José.

La mujer y su familia instalaron un pequeño campamento en las cercanías de la entrada a la mina que las autoridades permitieron. Soledad dice que no se ha movido en ningún instante de allí, con una débil voz que advierte el pasar angustioso de los días.

"Le decía que se cuidara e intentaba que no fuera. Pero Víctor me contestaba que no se podía hacer nada, que era un trabajo peligroso y había que estar preparado para todo", recuerda.

Soledad dice que poco ha dormido y que intenta no llorar para mostrarse fuerte ante su hija de 10 años. "Tenemos esperanza de que salga con vida. La faena es toda su vida", asevera.

Las mujeres de los mineros atrapados no se muestran demasiado. Más bien permanecen sentadas, escudadas por sus familiares y las cálidas brasas que siempre permanecen encendidas.

Ximena Contreras es otro caso. A ella la encontramos junto a un altar con la imagen de una virgen. Su historia de vida es lo contrario de Soledad, porque asegura que su marido Pablo Rojas siempre le intentó ocultar los riesgos de su profesión. "Nunca me dijo nada. Él me contaba que los riesgos eran escasos por la tecnología actual para dejarme tranquila a mí y mi hija", señala.

Sin embargo, Ximena asevera que en el último tiempo lo enfrentó por los fuertes rumores que corrían sobre el estado de San José, e incluso realizó una investigación propia.

"Siempre lo negó todo y mira dónde está ahora. Ni siquiera sabemos cómo están", afirma la mujer, quien espera las labores de rescate en una pequeña silla, cerca del comedor que instaló la Municipalidad de Copiapó, porque no tenía recursos para armar un campamento.

Más al norte del lugar, Griselda Godoy accede a hablar sobre su minero perdido. Se trata de Carlos Barrios, quien no es su marido, sino el hijo de su pareja. "Si bien no somos sangre, yo soy su única conexión femenina y siento que tengo que estar acá hasta las últimas", dice, mientras cocina una crema de verduras para mantener el optimismo.

Asegura que han sido seis días de mucha angustia, pero el apoyo familiar y de las amistades de la localidad Tierra Amarilla ha sido un golpe de energía para mantener la esperanza.

"Tengo una pena enorme, porque Carlos presentía un accidente y quería renunciar en septiembre. Me decía mamita, la mina está peligrosa, cae mucha piedra durante la jornada", relata.

Griselda confidencia que su hijastro se puso muy cariñoso en los últimos días. "Me daba muchos besos, siempre tuve la sensación de que se estaba despidiendo", comenta con lágrimas en sus ojos.

Las mujeres siempre han tenido una participación importante en la mina San José. Hace tres años cuando murió el ayudante geólogo Manuel Villagrán en el yacimiento, las señoras de sus colegas reunieron 1.300 firmas para cerrar la minera San Esteban por graves problemas de seguridad. "Este documento se lo enviamos a la ministra Karen Poniachik, quien nos contestó que se preocupaba por nuestro dolor, que haría todo lo posible por escuchar nuestras peticiones. Incluso, nos mandó a la subsecretaria Marisol Aravena y se comprometió a cerrar las minas peligrosas, pero no cumplió", recuerda Sandra Chávez.

PREMONICIÓN

Algunas mujeres confiesan que sus mineros presentían un accidente.

 Pilar Sordo trabaja en terreno para "soltar las angustias"

El reloj marcaba las 11 de la mañana de ayer cuando repentinamente apareció por las instalaciones de la mina San José la psicóloga Pilar Sordo, quien se desvió de un viaje que realizaba a El Salvador para implementar terapias de grupos a los familiares de los mineros atrapados.

"Esta situación me ha llegado al alma y vengo a ayudar con un granito de arena. Estas personas, en especial las mujeres, tienen que soltar su angustia", dice. Agrega que la mejor actividad para eliminar este estrés es conversar directo del tema para que ellas puedan escribir todos sus sentimientos en un papel.

"No pueden estar con tanta angustia por muchos días", finaliza la especialista que recorrió todo el campamento de los familiares.

La mujer, el gran soporte en medio de la incertidumbre y angustia del accidente en la mina San José

Mientras la maquinaria y rescatistas trabajan contra el tiempo para horadar la roca y llegar hasta los mineros atrapados, en el campamento que se ha levantado a más de 25 kilómetros al noroeste de Copiapó, la presencia femenina ha cobrado un rol preponderante para mantener un ambiente de esperanza y optimismo, ya sea a través de las comunicaciones, proporcionar alimentos, rogar por sus seres queridos, afrontar las inclemencias del tiempo que inusualmente han afectado la zona o en estar preparadas para cuando se produzca el desenlace de esta historia terrible e interminable.



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Foto:VLADIMIR BIGORRA

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