viernes 20 de agosto de 2010  
Paulina Urrutia
"Aquí no ha habido corrupción"
 
Tras las irregularidades detectadas por la Contraloría en el Consejo de la Cultura, la ex ministra de esa cartera saca la voz.

Por Ernesto Garratt Viñes 

IN YER FACE. La actriz Paulina Urrutia está en el Liguria de Manuel Montt. En el reservado de este restaurante capitalino prende un cigarrillo, toma un café expreso. La idea es hablar de su experiencia en el cine en la película "Tendida mirando las estrellas", de Andrés Racz. Pero antes de hablar de este filme chileno que hizo hace diez años y cuyo estreno se postergó año tras año durante una década. Antes de charlar sobre política, de su labor como ministra de Cultura de la era Bachelet y de las irregularidades que detectó la Contraloría. Antes de siquiera emocionarse y llorar frente al relato de cómo su actual rutina la tiene preocupada de su vida y no de su trabajo. Antes de apagar el último cigarro, el que daría fin a esta entrevista. Antes de todo eso, Paulina Urrutia, 41 años, voz intensa, fuerte, relata una escena de su carrera en 2003, en Matucana 100, durante una función teatral.

"Estaba en 'Devastados', una obra de Sarah Kane, que es parte del movimiento In Yer Face -un teatro en el que se le escupe a la gente, es como la realidad en la cara- cuando me caí encima de una botella y me rompí la cabeza. Pero no paré de actuar, tampoco de sangrar", recuerda Paulina Urrutia.

La actriz estaba roja, pintada carmesí con su propia sangre, pero se negaba a detener la función.

"Taira Court, que era la asistente del director Alfredo Castro, estaba desesperada. Estábamos detrás del escenario. Yo, bien calmada porque sabía que si me sentía mal, no iba a salir a escena. Me sentía bien. Imagínate la adrenalina que tenía. Entonces la Taira me echa agua para seguir. Error, porque jamás hay que mojarse una herida abierta: hay que esperar que la sangre se coagule para cicatrizar. Y yo dale con agua y agua y más sangre salía".

La herida cerró y ahora, en el Liguria, Paulina Urrutia se toca la cabeza para indicar el lugar donde cinco puntos pusieron fin al brote de mucha sangre.


TENDIDA ESPERANDO EL ESTRENO. "Para mí la actuación es parte de mi vida, es algo que me sale... fuerte, intenso", dice la mujer que desde los 17 años ha estado en el ojo público: partió en TV como Sor Teresita de Los Andes y luego estuvo en numerosas teleseries ("Fuera de control"), películas ("Johnny cien pesos", "Fuga") y obras de teatro ("Devastados" y las obras del Teatro La Memoria junto al actor Alfredo Castro, entre muchas otras).

Después de un paréntesis de cuatro años como ministra de Cultura de Michelle Bachelet y de una labor previa como líder del sindicato de actores, ahora Paulina Urrutia vuelve a su primera vocación, la actuación, de la mano de un protagónico en "Tendida mirando las estrellas", una cinta filmada en 2000 y que, tras largos diez años, recién se estrena en Chile. En la historia, una Paulina Urrutia con entonces 31 años hace de Nieves, una mujer perseguida por la justicia porque dio muerte al hombre que intentó violar a su hermano. Con guión de la escritora Diamela Eltit, la cámara del director de esta apuesta nacional, Andrés Racz, muestra los bajos fondos y miserias del Chile de finales de los 90 sin complacencias: una cárcel de mujeres ruda, cruda; cabarets con mafiosos y una maldad criollista y, en general, una apuesta incómoda y por eso de sumo interesante y arriesgada para la época.

"Creo que es una película que puede caber muy bien en el presente y como una mirada distinta de nuestra transición democrática", dice el director Andrés Racz, quien confiesa que llegó a ponerse paranoico porque sólo encontraba obstáculos durante los gobiernos de la Concertación para terminar este proyecto.

"Yo no estoy de acuerdo con Andrés", comenta Paulina Urrutia, para quien este destacado compendio de emociones fuertes no se conecta tanto con el presente de Chile, ni tampoco resulta una visión metafórica de la administración de la Concertación.

Paulina Urrutia desecha elogios por su actuación como esta mujer al borde de la delincuencia, de la locura y que sólo sueña con ver el desierto florido en el norte del país. De hecho, Urrutia ganó el premio a la Mejor Actriz en 2007 del Festival de Trieste por esta cinta y tampoco lo toma muy en cuenta: "Es un premio no más", comenta.

Eso no es todo. A este trabajo guardado en el baúl de los recuerdos ahora se suman más labores que la han traído de vuelta a su vieja vida de actriz. Estará en la serie de HBO realizada en Chile, "Prófugos", haciendo un papel pensado en un comienzo para un hombre

"Soy la subsecretaria del Interior. Jamás me imaginé que iba a volver a La Moneda tan luego", dice risueña Paulina Urrutia, quien además ensaya para la obra "La amante fascista", de Víctor Carrasco, guionista de teleserie y antiguo amigo con quien se reconcilió este año luego que, por una pelea gigante, estuvieran  16 años sin hablarse.

-¿Se sintió más liberada para volver a actuar después de terminar sus funciones públicas?

"Esa fue una pega gigante, titánica. Y estuve absolutamente dedicada a eso. Yo tengo esa capacidad de estar a full con una cosa, debe ser por mi naturaleza de actriz. Cuando estoy en una obra, todo ese mundo se convierte en mi familia, en mi hijo, en mi manera de pensar. Augusto (Góngora) siempre me dice que eso es terrible, que cuando empiezo a trabajar, me transformo. Bueno, y eso también me pasó siendo ministra. La Paulina se borró, desapareció. O sea su familia, sus amores, sus pasiones, y se transformó en esa tarea, en esa causa. Y cuando terminé con el Ministerio, terminé. Es como lo que pasa con las obras: cuando termina no dices cuándo la repito, termina la obra y vamos a otra".

"Para mí, a mis 41 años, esto fue como haber subido el Everest. Y a diferencia de otros momentos en la vida, en que yo decía: 'ya ¿dónde está la nueva montaña?, ¿dónde está el nuevo desafío?', esta vez dije: '¿No será suficiente? ¿No será el tiempo para mirarme a mí?', Estar por primera vez en mi casa, no en una casa-dormitorio de donde sales a las 7 de la mañana. Estar con mi pareja. Piensa que ya no tuve hijos. Hay un montón de costos que he asumido responsable y conscientemente. Pero en qué momento me podré detener yo y decir: qué ganas de hacer, no las cosas que debo o tengo que hacer, sino las que quiero y deseo hacer con el corazón".


UNA ETAPA SUPERADA.

"Estoy agradecida con la vida. La vida ha sido demasiado generosa conmigo", dice la ex ministra de Cultura, pero en realidad sus días han sido de dulce y agraz. La Contraloría detectó una serie de irregularidades, como fondos usados para almuerzos partidistas del ex subsecretario de Cultura, Arturo Barrios, deudas millonarias a proveedores de servicios varios, la presencia en Dicom por 1.500 millones de pesos. "Respecto a campañas de descrédito, articuladas o asesinatos de imagen calculados fríamente como estrategias políticas, yo voy a responder como lo he hecho todas las veces: por escrito", dice seca.

-¿Volvería a ser ministra?

"No, pero cómo se te ocurre".

-¿Es una etapa superada?

"No, si no es etapa superada. Para mí un cargo no es... yo no asumo cargos, yo asumo desafíos, tareas. Y más si es una tarea pública. Es como el sindicato. Me decían, ¿y ahora vas a volver al sindicato de actores? No, prefiero líderes nuevos. Yo ya hice mi pega en el sindicato, cumplí mi etapa y tendrán que venir otros (...) Ser líder de ese trabajo diario, permanente, continuo, de tantas cosas que conseguimos y de tantas que vienen por delante. Fuimos parte de la historia de este país como todos los chilenos lo somos. Y uno desempeña tareas y roles en un momento. Además, yo jamás me imaginé que iba a estar cuatro años. Yo pensaba que iba a estar... porque como no soy del mundo político".

-¿Qué pasa con las acusaciones hacia el ex subsecretario Arturo Barrios, quien supuestamente habría rendido al Consejo de la Cultura cuentas por costosos almuerzos de corte partidista? ¿Cómo se corrigen esas conductas?

"Súper claramente. Aquí, el que hace las cosas como no se deben, será juzgado y deberá asumir las responsabilidades que le correspondan como persona. En todas partes hay gente que... pero yo te puedo decir que tú no puedes calificar por la acción de una, dos, tres personas, a una institución".

-¿Se siente muy juzgada ?

"Yo me siento lejos, en el sentido de que no funciono así. No necesito destruir para crear. Y el mundo político tiene ciertas normas que implican el yo recibo un combo y te doy dos. Yo no funciono así, nunca he funcionado así".

-Es curiosa la coincidencia entre su personaje en "Tendida mirando las estrellas" y usted: ambas son, de alguna manera, juzgadas.

"Yo siento que a campañas de descrédito que están articuladas para eso, mejor no contestar. Porque además viste que se mueren ahí mismo. Porque no hay razones, aquí no hay corrupción. Ya todo el mundo lo sabe. Si eso es lo más increíble. El gran cuento es... como Sergio Vodanovic dijo: deja que los perros ladren".

-¿Y ninguna autocrítica? ¿Tal vez haber tenido más control?

"Yo creo que a cada uno lo que merece, y lo que merece toda la gente son aclaraciones respecto a determinados puntos. Aquí dicen: 'oh, la mala administración'. Piensa que hace cuatro año el Consejo de la Cultura no tenía orgánica interna. Nosotros generamos un departamento de administración, de recursos humanos, de planificación. Todo lo que pueda hacer el gobierno de hoy está sobre aquello que se construyó en términos administrativos en mi gestión y en la gestión del ministro (Sergio) Weinstein".

"Y se oyen voces que dicen que está todo desorganizado, que es un desorden. No, no es así. Eso está articulado comunicacionalmente para que la gente diga: 'Oh, el desorden que había aquí, no han hecho nada, esto es horrible y ahora llegaron los salvadores que verdaderamente van a hacer la cultura en nuestro país'. No, señores, no es así. Hay que reconocer aquellas cosas que se hicieron mal y que no son responsabilidades mías, que son puntuales de la pega de cada uno, porque para eso cada uno tiene su pega. Y por cierto que yo soy responsable política y administrativamente del servicio, soy la jefa y respondo por la tarea de cada una de las personas, pero no. Dicen que este es un desorden de padre y señor nuestro, que aquí no se ha hecho nada y que ahora sí vamos a hacer. Eso no es cultura. Cultura se construye en base a lo que otros hicieron, lo que por cierto se puede mejorar".


¿SIN HERIDAS?

El tema de las irregularidades pone incómoda a Paulina Urrutia. Dice que está acá para hablar de la película y de sus actuaciones, como cuando se rompió la cabeza y sangró en escena. Algo que,, por lo demás, no le impidió seguir con la función.

-¿Y ahora qué va a hacer con su herida política? ¿Va a limpiarla con agua o va a dejar que cicatrice?

"No hay herida. Poco a poco se va a ir viendo lo que avanzamos en el Consejo. Lo que se hizo es algo concreto, es algo duradero".

Y lo que a nivel personal siente Paulina Urrutia es que por primera vez en su vida se está conociendo. "Como que siento que toda mi vida ha sido trabajo, trabajo. Pero si me preguntas ahora cuál es mi pega, la respuesta es que estoy aprendiendo a ser feliz. Y me cuesta. En las obras estaba acostumbrada al sufrimiento, a la exigencia, la autocrítica. Y estoy con un grupo de gente que me regalonea, que me quiere. Te juro que me da como... (se emociona y lágrimas se asoman por sus ojos)".

"No sé regalonearme, no sé tener tiempo libre. Me muero de vergüenza de meterme a un spa. No sé hacer esas cosas. ¿Qué disfruto? Leo. Hacía tanto tiempo que no leía, camino, hablo con la gente. Observo. Estoy en mi casa. Estoy conociendo mi casa. El sindicato, la tele, hacer clases, el teatro. Esa era mi vida antes de ser ministra todos los días. Ahora tengo sobrinos que conocer, tengo una pareja, otro regalo de la vida, llevamos 14 años juntos y ese hombre todavía me ama".

-La vida puede ser como el teatro In-Yer-Face ¿no?

"Cruda y te puede dejar como en una obra, en pelota".

 Sobre las acusaciones a Arturo Barrios:
"Aquí, el que hace las cosas como no se deben, será juzgado y deberá asumir las responsabilidades que le correspondan".


"Dicen que está todo desorganizado, que es un desorden. No, no es así. Eso está articulado para que la gente diga: 'oh aquí no hay nada, ahora llegaron los salvadores'".

 

 

Por Ernesto Garratt Viñes.

   
Términos y Condiciones de la Información
© El Mercurio S.A.P.