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Megafestival de música:
Las jóvenes mentes detrás de Maquinaria

Viernes 20 de agosto de 2010

Pixies es la banda de mayor trayectoria que se presentará en el festival Maquinaria.

Foto:MAQUINARIA
Leonardo Valeria y Sebastián de la Barra son arriesgados y porfiados. Por eso, y aunque sólo habían hecho conciertos de nicho, se embarcaron en un proyecto a gran escala: producir el que promete ser el festival de mayor magnitud y calidad que se haya realizado en Chile. El viaje va bien, pero han tenido problemas. Nadie dijo que colarse a las grandes ligas fuera fácil.
 


Por Bárbara Muñoz S. 

Leonardo Valeria está ahí, en el teatro Monumental. Es el 7 de septiembre de 1995, la noche en que Mike Patton recibe los escupitajos de cientos de fanáticos que no lo quieren sobre el escenario -ni a él, ni a Faith No More- y siente miedo. Porque tiene sólo 14 años, es el festival Monsters of Rock y los metaleros son cosa seria. Pero Leonardo logra espantar el susto y se queda ahí esa noche: la noche en que la anécdota se convierte en mito.

Catorce años después, ya convertido en productor de recitales, Leonardo Valeria -economista, 30 años, director de la productora Transistor- vuelve a sentir miedo. Porque le dicen que está loco si piensa que Faith No More va a llenar un estadio tan grande como el de la Florida. Que debió elegir un recinto más pequeño, como el Movistar Arena. Y entonces, la noche anterior a que las entradas salgan a la venta, Leonardo no puede dormir. Pero las cosas resultan bien, se venden 15 mil tickets en un día y tienen que agregar otro concierto.

Leonardo Valeria no está loco. Si algo tiene, eso es buen ojo. Lo demostró cuando en 2007, después de haber vivido siete años en Barcelona, de haber entrevistado a decenas de bandas para las revistas de música en las que escribía y de haber ido a más conciertos de lo que ha visto películas en toda su vida, regresó a Chile y armó una pequeña productora. También le apuntó cuando comenzó tímidamente a producir conciertos como el de la española Mala Rodríguez. Y no se equivocó cuando en 2008 comenzó a organizar las fiestas Kubix, todos los fines de semana, en un teatro underground en Dominica. Porque, con el tiempo, a esas fiestas a las que llegaban 300 personas, comenzaron a llegar tres mil. Y, pronto, de programar la música envasada de algunos DJ, pasó a tenerlos tocando ahí, en vivo.

Leonardo Valeria es un tipo inteligente. Supo darse cuenta que lo suyo eran los nichos, la cosa alternativa, las últimas tendencias. Que promover sus eventos en las redes sociales y no en los tradicionales medios masivos era una buena estrategia. Y que la decisión de traer a un artista no debía depender nunca de la venta de discos. Porque su público no compra discos: los baja de internet. Y entonces en 2009 dio un nuevo salto y con su equipo optaron por organizar menos eventos pero más internacionales: trajeron a Justice, Tricky, Christina y los Subterráneos y Faith No more. Y les fue bien.

Pero no era suficiente.

Leonardo Valeria es un tipo ambicioso. Uno que sintió que estaba listo para jugar en las ligas mayores. Por eso, junto a la productora Lotus, que dirige su amigo Sebastián de la Barra -ingeniero agrónomo de 29 años que ha estado a cargo de la organización de las distintas versiones del festival de reggae y de música negra One- unieron fuerzas y se embarcaron en un proyecto a gran escala: producir el que promete ser el festival de música de mayor magnitud que se haya realizado en Chile, Maquinaria.


DE SANTIAGO A PICARQUÍN. La voz de Leonardo Valeria retumba en la oficina aún medio vacía que funcionará como centro de operaciones de Maquinaria. Mientras dos hombres intentan subir un sillón por la escalera, él cuenta cómo fueron las cosas. Y las cosas fueron así: después del éxito que tuvieron los conciertos de Faith No More el año pasado, Valeria acompañó a la banda a su gira en Brasil. Allí conoció a los productores del festival Maquinaria, que en ese país va por su tercera edición, y enganchó con ellos porque al igual que él, eran promotores independientes que bordeaban los 30 años. Entonces surgió la oportunidad de traer a Chile este formato de festival que mezcla rock, "indie" y electrónica.

La idea de hacer un festival de música como los europeos

T in the Park o Glastonbury o los norteamericanos Lollapalooza o Coachella, llevaba mucho tiempo dando vueltas en sus cabezas. Ambos los conocen a la perfección. Todos los años programan sus vacaciones de acuerdo a sus fechas, para estar ahí. Porque es el momento de conocer la vanguardia musical de primera fuente. "Es la tendencia que se ha tomado las principales capitales del mundo y en Chile estamos atrasados en ese aspecto. Nosotros queremos que Santiago también tenga su propio festival", comenta De la Barra.

Por eso llevan un año trabajando en la producción de Maquinaria. Conseguir que los artistas pusieran a Chile en su agenda no fue nada fácil. Como productores pequeños que no tienen ni el peso ni el respaldo de una transnacional, tuvieron que armar su propia red de productores independientes, tanto en Argentina como en Brasil, para negociar "paquetes regionales".

El resultado de las decenas de viajes que hicieron con sus mochilas al hombro y un MAC en la mano se verá el 9 de octubre cuando en tres escenarios del Club Hípico y durante 10 horas continuadas, se presenten en vivo 19 artistas, nacionales y extranjeros, entre los que hay grupos que por primera vez visitan Chile, como Queens of the Stone Age o Pixies.

La apuesta es alta. El costo de Maquinaria, que además incluirá la presentación del grupo electrónico Air dos días antes del festival y la banda norteamericana Rage Against the Machine dos días después, será de 4 millones de dólares. Ya han vendido cerca de 30 mil entradas y, aunque no llegaran a las 50 mil que esperan, tienen cubiertas sus espaldas: hay un grupo de inversionistas que los apoya. "Ellos confían en que será rentable", dice Valeria. Y bueno, Leonardo y Sebastián también.

Se tienen fe. Apuestan que, a diferencia de otros festivales que no han perdurado en el tiempo, como SUE o Vive Latino, habrá Maquinaria para rato. Incluso quieren convertirlo en una especie de Coachella sudamericano. "Este es un proyecto a largo plazo", explica Valeria. La idea, de aquí a cuatro años, es trasladarlo a Picarquín para tener un terreno amplio donde la gente pueda acampar. Muy al estilo de los grandes festivales del mundo. 

Pero antes de soñar con Picarquín, primero deben pasar la prueba de fuego del Club Hípico (un recinto que ha sido cuestionado últimamente como escenario para recitales) y sortear las duras críticas de los consumidores que quedaron descontentos con la preventa y el line-up del festival (ver recuadro).

Leonardo y Sebastián no la tienen fácil. Así como su ambición creció, crecieron también los problemas. Nadie dijo que colarse en las grandes ligas fuera fácil.

 Venta polémica

Las entradas para Maquinaria comenzaron a venderse sin tener el cartel completo de artistas.  Sólo se anunció que vendría Incubus y Pixies y se dijo que se completaría con otros nombres de peso. Pero algunos no quedaron conformes con la inclusión posterior de Linkin Park y Queens of the Stone Age. "No sé bien qué esperaba la gente, está bien tener expectativas pero estamos en el fin del mundo", se defiende Valeria.

Otra situación que generó  molestia fue la confirmación de la primera visita de Rage Against The Machine a Chile, pero en una fecha distinta a la del festival. La productora dice que nunca se anunció oficialmente que el grupo vendría el 9 de octubre. Los reclamos se han hecho al Sernac.