Si es chileno, ¿es bueno?

Carlos Peña 

El proyecto de ley que aprobó esta semana la Cámara de Diputados -y que obliga a las radios a transmitir música nacional- es de esas iniciativas que parecen alimentadas más por efluvios patrióticos que por la reflexión racional.

Es cosa de dar un vistazo.

Las radioemisoras, en su programación diaria -dispone el proyecto-, deberán emitir al menos una quinta parte (20%) de música nacional. De ese porcentaje -concluye-, a lo menos una cuarta parte deberá ser música de raíz folclórica y de tradición oral.

Hasta ahí el proyecto.

Al leerlo asalta una duda. ¿Qué se entiende por "música nacional"?

Las alternativas son dos. O la música nacional es la escrita por autores chilenos o, en cambio, es aquella cuyo contenido expresa a la chilenidad. Ninguna de las dos opciones es muy satisfactoria.

Si lo que justifica la protección que el proyecto dispone es el hecho de que se trata de creaciones elaboradas por criollos, ¿por qué restringirla a la música? ¿Por qué no extenderla a los libros, los programas de televisión o las obras de teatro escritas, filmadas o dirigidas por autores nativos?

Y si, en cambio, es el contenido lo que justifica su difusión obligatoria, entonces habrá que promulgar un canon que explicite qué contenido, por expresar la nacionalidad, es digno de protección y cuál, en cambio, por desconocerla o ignorarla, no. Así, cada autor, si quiere ser parte de la cuota que se transmitiría obligatoriamente, sabría qué exigencias debería cumplir.

Según la primera opción, el reggaetón escrito por una banda de chilenos merecería protección. A la luz de la segunda, habría que proteger una cueca escrita por un nipón.

¿Es sensato todo eso?

Evidentemente no.

Lo que subyace tras este proyecto -que aplauden por igual desde Los Quincheros al Quilapayún; y era qué no: si llega a ser ley, aumentará el pequeño derecho de autor que unos y otros perciben- es la idea de que la música chilena tiene un valor especial que merece ser protegido, un valor que, en cambio, no tendrían ni los zapatos ni las mesas ni los fármacos fabricados por chilenos.

¿Cuál sería ése?

El de contribuir, se dice, a mantener la identidad nacional.

Pero salta a la vista que definir la identidad nacional mediante un puñado de objetos merecedores de protección -en este caso, canciones y melodías- se desliza fácilmente hacia la caricatura. ¿Acaso los chilenos de veras serían los que, en vez de escuchar rock, van al trabajo tarareando cuecas y los que en vez de oír blues se consuelan de los malos momentos murmurando tonadas?

Tonteras.

Todas las visiones patrimonialistas de la cultura -las que piensan que la cultura se aloja en un puñado de objetos como el adobe, el caballo, la casa patronal, el palo ensebado, la cueca y, ahora, la música hecha en Chile- derivan de visiones conservadoras a las que les gusta creer que lo chileno es algo que nos aconteció alguna vez y que luego se depositó en un puñado de costumbres y de cosas que, de ahí en adelante, debiéramos cuidar con especial esmero.

Esa visión -que esencializa la identidad nacional y la radica luego en cosas y en actividades- sugiere que las diversas creaciones -la música entre ellas-, cuando provienen de nativos, son capaces de conectarnos con la espiritualidad más profunda de la nación, con un alma ingrávida que cada cierto tiempo conferiría sentido a lo que somos.

Basta ponerlo en palabras para darse cuenta de lo absurdo.

En las actuales condiciones de la industria cultural, las creaciones musicales masivas, sea que se escriban aquí o en cualquier otra parte, tocan más o menos las mismas teclas. Y no hay ninguna razón para preferir a los partícipes de esa industria nacidos y criados en Chile por sobre los que no.

Salvo, claro, la atávica y tribal creencia -que en septiembre encuentra suelo fértil, hasta que en el siguiente mes vuelve la cordura- de que si es chileno es bueno.

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   El Tiempo
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Puzzle
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
Versión Digital

Ver versión animada
  • Revistas
    El Mercurio
  • Revista del Domingo
    Así es Bali.
    PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales