sábado 25 de septiembre de 2010  
 
La canción de las novias
 
Que Albou se reserve para sí uno de los papeles más patéticos de la historia puede ser un hecho lateral, pero no irrelevante.  

Ascanio Cavallo 

Noviembre de 1942. Túnez, colonia francesa que ha quedado bajo el mando del régimen pronazi de Vichy, es ocupada por las tropas alemanas como parte de su campaña de África del Norte. Buscando el apoyo del mundo islámico, las fuerzas de Hitler han enviado sus saludos al Gran Mufti de Jerusalén y ahora buscan que la población árabe entre a la guerra promoviéndola como una gran cruzada contra los judíos.

Este es el clima político que invade las vidas de las jóvenes Myriam (Lizzie Brocheré) y Nour (Olympe Borval), amigas y compañeras de vivienda en una barriada pobre de Túnez. Nour, árabe, está prometida en matrimonio a su primo Khaled (Najib Oudghiri), pero su padre exige que el muchacho obtenga trabajo antes de materializar la boda. Myriam, judía, se resiste a casar con Raoul (Simon Abkarian), un hombre mayor, acomodado y gentil, pero su madre viuda, Tita (Karin Albou),ve en ese arreglo una desesperada manera de escapar de la pobreza galopante y también del cerco que los nazis tienden sobre su origen.

La disposición casi geométrica de las situaciones anticipa mucho de su evolución: el matrimonio de Nour será afectado por la presión familiar sobre Khaled, que lo lanza en brazos de los nazis, los únicos que pueden ofrecer algún trabajo; la boda de Myriam será perturbada por su condición judía y por el hecho de que ni siquiera un judío con dinero, como Raoul, podrá eludir la persecución rabiosa del hitlerismo. Ambas sufren una condena que el espectador puede identificar desde el comienzo.

Pero entonces, en el centro de este previsible tablero de fuerzas dramáticas, donde parece que es posible repetir pequeñas variaciones de las mismas jugadas con el mismo resultado, la cineasta Karin Albou introduce otro problema, el de la condición de la mujer en desarrollo. Una curiosa y extensa secuencia situada cerca de la mitad del metraje describe un proceso de depilación púbica con tanto detalle, que no se puede sino pensar en una forma singular de aprendizaje del dolor.

Albou filma de manera pueirregular, pero los momentos de inspiración que puntúan su película sugieren un compromiso emocional intenso y auténtico. Que Albou se reserve para sí uno de los papeles más patéticos de la historia puede ser un hecho lateral, pero no irrelevante. Tita es una expresión de la dificultad de ser mujer en un contexto donde las turbulencias corrientes -la edad, la clase, la etnia- se encuentran multiplicadas por la guerra y el odio.

La canción de las novias no es una gran película, ni siquiera una demasiado buena. No hay un lenguaje
muy admirable, ni menos muy novedoso. Pero sería difícil ignorar su sinceridad, e incluso su dificultad para comunicar una complejidad a la que se asoma de manera original, aunque a la postre la desborda.

Le chant des mariées
Dirección: Karin Albou. Con: Lizzie Brocheré, Olympe Borval, Najib Oudghiri, Karin Albou, Simon Abkarian.
100 minutos.


 

 

Ascanio Cavallo.

   
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