sábado 25 de septiembre de 2010  
 
La herida abierta de Klaus Schmidt-Hebbel
 
A dos días de iniciado el juicio por el crimen de su hijo Diego, el destacado economista habla por primera vez en profundidad sobre el caso, y su proceso personal. "Tengo dos grandes dolores: la pérdida de Diego y el dolor que veo a diario en Greta", dice. Acompañado de su señora, en esta entrevista recuerda a Diego y habla con dureza de los asesinos del joven: "Es difícil anticipar tanta maldad y bajeza en dos personas hasta que la vida te los coloca por delante".  

Por Paula Coddou 

Han pasado casi dos años. La pieza de Diego Schmidt-Hebbel está igual a como la dejó la mañana del martes 4 de noviembre de 2008. Un estante con muchos libros y cuadernos universitarios, un dibujo a lápiz que le hizo su madre, Greta Niehaus, a los cinco años pegado en una pared, un panel de corcho con fotos de su polola, Belén Molina, y que está al lado de su cama, una cama chica para un hombre que medía dos metros. Están sus zapatillas, muy ordenadas; su parka, sus chaquetas, colgadas en perchas a la vista. Y la ventana en el techo, por donde se ve ahora Santiago oscureciendo y por donde de seguro Diego miró antes de salir, a las 6 de la mañana de ese día. Su último día. A las 8:15 cayó herido por dos balas y una acuchillada, recibidos en el pasillo dentro de la casa del número 97 de calle Seminario. Los disparos los ejecutó un hombre llamado José Ruz con una pistola Tauris calibre 6.35 y le cercenaron la arteria carótida. Luego el asesino lo remató con un puñal.

Así lo estableció la investigación de los fiscales Carlos Gajardo y Vinko Fodich y lo confesó el propio homicida.
Diego Schmidt-Hebbel murió poco después en la Posta Central. Tenía 25 años.

El día anterior, su padre, el economista Klaus Schmidt-Hebbel, a punto de partir de vuelta a su trabajo en París, sintió muy temprano la puerta de la casa que se cerraba. Era Diego que, como era su costumbre, dejaba la casa a las 6 de la mañana. Cada vez antes de subirse al avión, Klaus le daba un abrazo a su hijo. Pero esa mañana estaba tan agotado, que no salió a despedirlo. Pero sí sintió entonces un dolor en el pecho por no abrazarlo, "porque me iba a París y no lo vería hasta Navidad", recuerda.

Tomó el avión ese lunes 3 de noviembre, llegó a París el martes 4 y partió directo a su oficina; tenía miles de cosas esperándolo. Cerca del mediodía recibió un llamado. El llamado que cambió su vida para siempre.

De eso han pasado casi dos años. Un tiempo duro, que ahora revive con fuerza con el juicio a María del Pilar Pérez y José Ruz, los acusados por el crimen de Diego Schmidt-Hebbel, juicio que comenzó el jueves 23 de septiembre.

-¿Están sicológicamente preparados para este juicio, enfrentar y mirar a los inculpados en el asesinato de su hijo?

-Va a ser muy difícil para nosotros y para todos los familiares y amigos de Diego. Pero creo que estamos preparados- responde el economista.

-¿Qué le provoca ver a Pilar Pérez y a José Ruz frente a frente?
- Ya los vi dos veces. Me provocan repugnancia y desprecio.  

"ES PEOR QUE AL COMIENZO"

Ahora que acaba de comenzar el juicio a los acusados del crimen de su hijo, Klaus Schmidt-Hebbel y su mujer, Greta Niehaus, desean hablar de él.

Están sentados en el living de su casa, en un condominio en la precordillera de Santiago. Klaus ofrece té verde o café colombiano, que prepara él mismo. Está sentado con Greta, frente a frente.  Llevan 32 años de casados. Ambos hacen recuerdos, se interrumpen, se ríen y también lloran.

Lloran a Diego y lo recuerdan.

"Fuimos bendecidos por tener un hijo excepcional, que fue mucho más que sus progenitores. Diego fue una persona íntegra y transparente. Luminoso y alegre. Dulce y tierno. Sabio a una edad muy joven. Inteligente y apasionado por sus estudios y su trabajo. Fuerte de cuerpo y de convicciones. Diego derramaba amor de mil maneras, típicamente en forma anónima o silenciosa. Sólo después de su muerte hemos sabido, a través de decenas de cartas, relatos y mails de muchas personas, sobre sus pequeños y grandes actos de bondad, sus consejos y apoyos de estudio, su cariño y ayuda material, entregados a compañeros de estudios, colegas del trabajo, familiares y amigos del deporte. Cercanos y lejanos. Fue un hombre divertido. Echaba la talla en la casa, en el trabajo y con los amigos. Hacía caritas de mono y llevaba calcetines de colores distintos al trabajo para hacer reír a sus colegas y jefes.

Pero más que nada Diego fue un alma evolucionada,  un 'alma vieja'. Fue karma blanca y luz pura, que iluminaba la vida de sus cercanos y lejanos".

Klaus Schmidt-Hebbel es un destacado economista, con una larga trayectoria en Chile y muchos años en el extranjero. Cuando murió su hijo, Klaus era Economista Jefe de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), la organización internacional de los países desarrollados, con sede en París, a la cual accedió Chile en el año 2009. Seleccionado entre 120 candidatos, había llegado a ese cargo el 5 de septiembre de 2008, unos días antes que estallara la crisis mundial y exactamente dos meses antes del crimen. Para ver a su familia en Chile, iba y venía entre París y Santiago.

Un mes después del funeral de Diego, Klaus y su mujer decidieron que debía volver definitivamente a Chile, pero que antes de su vuelta se quedaría unos meses más en París. Así lo hizo, y siguió trabajando hasta abril del 2009.

Siguió pedaleando, quizá para no caerse de pena.

-¿Fue su manera de pelear contra la tristeza?

-Sí. Creo que mi forma instintiva de luchar contra la pena es trabajando duro. Pero tengo a  mi mujer, que desde mi vuelta a Chile me ayuda a vivir el duelo en pareja, con mis hijos y nuestros amigos. Ella me ayuda a bajarme de la bicicleta para hacer el duelo y vivir el dolor, cosa que hoy creo que es absolutamente esencial. Porque si no lo haces, lo más probable es que te enfermes y con eso enfermes a los demás. Aprendí a llorar con familia y amigos, porque es dejar fluir y es conectarse con la profundidad de la pérdida y del dolor. En mi experiencia sólo se puede aprender a vivir con la pérdida, paso a paso, si vives a concho, y no rehúyes el dolor. Es más, creo que sólo podré crecer si vivo el dolor en su plenitud.

-¿Cómo ha ido evolucionando su sentimiento en dos años? ¿Cómo han cambiado los dos?

-Hoy comprendemos que es casi imposible entender lo que es sufrir una pérdida tan inmensa para aquellos que no han pasado por lo mismo. No hay peor dolor y, aún después de dos años, nuestra pena es desgarradora. En cierta forma, es peor que al comienzo, por extraño que parezca. Sólo cuando pasó el estado de shock e incredulidad que nos duró muchos meses, tomamos plena conciencia de la ausencia definitiva de Diego. Una ausencia que quiebra el corazón, sin que dicha herida se pueda cerrar.

-¿Como pudo volver a concentrarse en el trabajo al comienzo?

-Los primeros meses de vuelta a la OCDE fueron en estado de shock. De repente yo salía de una reunión, me acordaba que habíamos perdido a Diego, y era como un golpe, un dolor literal de pecho, intensísimo. Durante mucho tiempo tuve esta sensación de irrealidad e incredulidad frente a la pérdida de Diego, pensando instintivamente que todo era una pesadilla espantosa de la que finalmente iba a despertar. No tanto durante el día, en que estaba inmerso en decenas de actividades, sino de noche cuando estaba descansando, en la madrugada, o despertando anticipadamente. Despiertas, crees un par de segundos que aún estás inmerso en una pesadilla de la cual saldrás pronto, sólo para despertar y recordar la pérdida definitiva de tu hijo. Con dicha conciencia lloras a veces, otras no, pero siempre sientes un intenso dolor de pecho que va de hombro a hombro y se concentra en el corazón. De hecho, antes yo pensaba que era un decir eso de que duele el corazón, pero me di cuenta que esto no es literatura, es descripción de una condición médica: duele el corazón intensamente. Siento la bala y el puñal que terminaron con la vida de mi hijo.

-¿De dónde sacó fortaleza para seguir trabajando en París?

-Familiarmente no fue fácil quedarme otros cinco meses después de la muerte de Diego. Sentía que no podía dejar un trabajo de gran responsabilidad de la noche a la mañana, sin alcanzar ciertos objetivos y compromisos que yo había tomado con la OCDE y sus países miembros, incluyendo viajes de trabajo a EE.UU., Alemania, Bélgica, Suiza y Rusia.

-¿Y su familia lo comprendió?

-Hizo más difícil la vuelta desde el punto de vista familiar- dice Klaus. Greta lo interrumpe con suavidad: "Fue durísimo estar sola".

-¿Se arrepiente?

-Sí y no. Es agua que ya bajó del río. Profesionalmente fue muy importante, pero familiarmente fue bien costoso.

Para Greta fue estar, de la noche a la mañana, con dos hombres menos en la casa. Se quedó con Andy, que estudiaba medicina (titulado a fines de 2009), y su hija Vivian, que estudia psicología.

Hoy,  25 de septiembre de 2010, el duelo sigue siendo muy profundo, y ha cambiado muy poco, confiesa Klaus.
"¿Cuándo vamos a salir de esto? No se sabe. He hablado con 25 o 30 mamás y papás que han perdido hijos, en las circunstancias más distintas, desde guaguas de dos días, hasta hijos de 60 años, que sufrieron accidentes y enfermedades o no tuvieron la fuerza de seguir viviendo. La pérdida de un hijo nunca se supera. Sólo cabe aprender a vivir con el dolor y la ausencia. ¿Cuánto dura eso? Lo que me han dicho estas personas es tan variado ... Recuerdo una madre en París que perdió a su hijo por suicidio hace ocho años, y ha aprendido a vivir con ese dolor. Otros papás que perdieron una guagua de meses hace 50 años, la lloran todos los días y no han aprendido todavía a vivir con su pérdida. Es contra natura que los padres entierren a sus hijos, y por ello estos padres están marcados por toda su vida.

-¿Creen ambos que en la historia de ustedes como pareja hay claves que los han ayudado ahora?

-Sin ninguna duda -dice Greta- nuestro matrimonio de 32 años nos ayuda en apoyarnos en el dolor. Pero también el duelo es un proceso individual: las relaciones con el hijo son distintas entre padre y madre, los roles dentro de la familia son distintos, las formas de procesar la muerte del hijo son diferentes y los paradigmas filosóficos y las creencias no son necesariamente compartidos.

- Creo que en la vida -agrega Klaus- hay dos eventos en que madre e hijo se hacen uno, aunque ambos signifiquen su separación física ... y en esos dos momentos el padre puede participar, pero ocupa un lugar menos central que la madre. Son los desgarradores momentos del nacimiento y, cuando sucede, de la muerte del hijo. En esos instantes las diferencias entre madre y padre se extreman. Tuve el maravilloso privilegio de participar en el parto natural de Diego, uno de los tres momentos sublimes de mi vida, los otros dos fueron los partos de Andy y Vivi. Ahí presencié esa unión del Dieguito recién nacido en brazos de Greta, una fusión tan íntima de madre e hijo, y a su vez tan excluyente que los demás casi sobramos. Por ese vínculo establecido desde antes del nacimiento y perfeccionado en los años posteriores de maternidad, la muerte del hijo es particularmente devastadora para la madre. La muerte de Diego fue una bomba nuclear que explotó en el seno de nuestra familia, malhiriéndonos a los cuatro, pero el "ground zero" de la explosión es el corazón de Greta.

-¿Le frustra no poder consolarla?

-Sin duda. Yo tengo dos grandes dolores: la pérdida de Diego y el dolor que observo a diario en Greta. Es un dolor de otra dimensión ...

-Pero usted igual se apoya mucho en ella.

-Así es. Así como ella se apoya en mí.

-¿Cómo contiene a sus otros dos hijos?

-Les recuerdo que tuvieron el privilegio, al igual que nosotros, de haber tenido un hermano excepcional que irradiaba pura bondad, luz blanca y sabiduría generosa, y así lo sienten ellos. Hay poco que enseñarles porque son personas adultas. Por lo tanto, los acogemos en su dolor, lloramos en común, a veces los cuatro, otras veces de a dos, en circunstancias distintas.

"DIEGO ESTABA PREOCUPADO"

Diego Schmidt-Hebbel Niehaus nació en Boston, EE.UU., en 1983, después de un largo y difícil parto natural. "Él era un niño especial, un niño distinto a los otros dos. Nació con una mirada profunda que reflejaba sabiduría desde su primer día de vida", dice Klaus.

Klaus y Greta buscaron para él y sus otros dos hijos educarlos con la  libertad de que eligieran lo que quisieran ser. "Yo a veces ejercía cierta presión de rendimiento académico, completamente innecesaria a la postre. Era para que fueran aún mejores alumnos. ¿Presioné demasiado?", pregunta Klaus a su mujer.

"Siempre exigías más en lo académico, lo que provocaba cierta rebeldía en los niños porque no requerían trabajar muy duro para que les fuera bien. Fueron todos muy buenos alumnos", responde Greta.

Dice su padre: "Diego a veces me retaba: 'tú eres muy criticón papá, eres exageradamente serio' ".

Se le ilumina la cara hablando de él. "En la enseñanza media se perfilaba que ejercía un rol de amigo muy fraternal, yo diría paternal, con compañeros de curso. Y con sus hermanos tenía una relación fraterna muy cercana, que también era paternal, guiándolos en sus estudios y en sus decisiones personales".

Diego Schmidt-Hebbel pasaba por una o dos cabezas a sus compañeros de curso cuando era chico, lo que aumentó su rol protector, "Diego, en forma muy excepcional, se preocupaba de gente que estaba en situación difícil, de depresión o dificultad, en tareas, en los estudios". Su padre dice que muchos mails que les llegaron después de su muerte son testimonio de eso. Su polola, Belén Molina, le contaba a veces a Greta que cuando llegaban a una fiesta siempre se le acercaba gente para hablarle de sus problemas. "Ese Diego, y no es que estemos viéndolo mucho más de color rosa ahora después de su muerte, fue creciendo de a poco en este rol".

De Klaus, dice Greta, Diego tenía el interés y los talentos matemáticos, la pasión por la economía, el pensamiento abstracto. Con su madre, dice Klaus, compartía una gran complicidad. "Diego, sin duda, fue la persona más cercana a Greta en toda su vida", agrega. "Fui testigo de eso, se miraban, se entendían sin palabras y se sonreían".

-Usted se quedaba fuera.

-En buena onda.  Era muy lindo entre ellos dos. Te cuento un ejemplo de la bondad y generosidad de Diego.

Cuando me fui a París y decidimos que yo iba a ir y volver y que Greta se iba a quedar acá, Diego había empezado a trabajar, y sus planes eran irse de la casa y arrendar un departamento a partir de agosto. Greta le pidió, dos meses antes, "Diego, ¿te quedarías dos años más en la casa, acompañándome y cuidando de mí y de tus hermanos?" Lo pensó y contestó casi sin pensarlo (tenía planes matrimoniales bastante serios) que sí.

-Llama mucho la atención lo comprometido que era Diego como pololo. Pasaba a buscar a Belén Molina todas las mañanas, se preocupaba mucho por ella.

Diego -dice Klaus- omitió información para no preocuparnos respecto de la situación de tensiones y conflictos entre la familia de Belén y su tía. Lo hizo para proteger su relación con Belén, para protegernos a nosotros, yo me iba a París... y para que Greta pudiese ir libremente a visitarme allá.

Diego estaba preocupado, porque él sabía que Belén tenía una tía con problemas, difícil, bien conflictiva. En los últimos meses, se levantaba a las seis de la mañana, iba al gimnasio y después pasaba a buscar a Belén.

Estacionaba el auto cerca de la casa de ella y de ahí se iban en el Metro juntos, Belén seguía a San Bernando -donde hacía su práctica de odontología- y él a trabajar al centro. En la tarde, después del trabajo, a veces salían con amigos o Diego comía donde Belén y luego volvía a su casa. "Diego no contaba nada de las cosas que sufría.

Por ejemplo, de que la tía marcó su auto con defecación. No había pruebas de que había sido ella pero la familia Molina decía "ah, es la tía", cuenta Klaus.

La noche antes de su muerte, Diego comió en su casa, con su madre. "No hablamos nada en especial, él estaba cansado, yo estaba cansada. Fue una situación completamente cotidiana...", recuerda Greta. 

Ese lunes Klaus había viajado a París. Al llegar a esa ciudad la mañana siguiente, se fue directo a la oficina, con miles de cosas esperándolo...

"Cuando Diego ya estaba a punto de fallecer en la posta, decidimos llamar a Klaus", recuerda Greta con lágrimas.

"Yo llevaba una hora en la oficina. Deben haber sido las dos y media de la tarde en París. Me llama mi cuñado y me dice, Diego está en la posta y está muy mal ......A la hora me llegó el segundo llamado, de que Diego había fallecido (apenas se le oye la voz). Hablé con mis secretarias, les conté en estado de shock, llorando...".

Klaus había aterrizado a las 11 de la mañana en París. A las once de la noche tomó el mismo avión, exactamente el mismo vuelo, de regreso a Chile.

Esa misma noche, Greta acompañó a Belén a una ronda de reconocimiento. Ella reconoció a José Ruz inmediatamente, pese a que se había rapado el pelo. 

A la mañana siguiente en el aeropuerto de Pudahuel, al padre de Diego lo esperaban su hermana y varios amigos, entre ellos el actual ministro Felipe Morandé. "¿Tú quieres ir al juzgado o te vas a la casa?", le preguntó. Se fue directo a la audiencia de formalización de Ruz en el juzgado. Ahí lo vio por primera vez. El 10 de noviembre la vería a ella, a Pilar Pérez.

-¿Cuesta menos pensar que esta mujer tenía una psicopatía para tratar de elaborar el perdón?

-Ciertamente no soy psiquiatra, pero, aparentemente, éste es un caso de psicopatía extrema, de libro de texto. Se trata de una psicópata sin capacidad alguna de empatía por terceros, combinada con maldad extrema y perversión excepcional. Es inteligente, fría y calculadora, lo que la lleva a planificar y ejecutar crímenes extremos, motivados exclusivamente por sus deseos de venganza y por su codicia. Aclaro que no se trata de una enfermedad mental, porque las sicopatías o sociopatías no lo son en términos de la responsabilidad penal. Ella es consciente de los actos que realiza, de su maldad y del dolor que provocan, lo que la hace legal y plenamente imputable por sus crímenes. Por lo cual no siento que debiera o que pudiera perdonar- responde Klaus.

Greta agrega: "Pero todo lo domina la pena y el dolor extremos. No sabes cuánto hubiésemos deseado darlo todo, por supuesto dar también nuestras propias vidas por la de Diego, para que él estuviese aquí y haciendo el bien. No corresponde a nosotros otorgar perdón. Cada alma es responsable de sus actos. Ella es una mujer sofisticada y educada, de muy buen pasar. Su deber y el de todas las personas era hacer el bien y no el mal. Ella y Ruz deberán enfrentar las consecuencias de sus crímenes en el juicio. Las leyes existen para que se haga justicia y para hacer de esta tierra un lugar de paz y de prosperidad. De otra manera viviríamos en un infierno. Y, por mis creencias, existe la ley del karma, el universo tiene sus propias leyes. Sin duda ellos deberán responder a la divinidad por sus actos.

-¿Teme algún subterfugio en el juicio, que pueda rebajar las responsabilidades de los autores?

-"No" -responde Klaus. "Estoy muy bien impresionado con el nuevo sistema penal, modernizado por la reciente reforma procesal penal. Ésta ha fortalecido las etapas de investigación y de juicio penal. Sus fortalezas son la transparencia (con plena presencia de los medios de comunicación), la relativa rapidez y la oralidad de los procesos. Como víctimas hemos tenido, entre comillas, la suerte de que estamos viviendo hoy día y no hace diez años esta situación. También hay que destacar el excepcional trabajo de la fiscalía, que ha llevado muy bien la investigación y la preparación de las acusaciones por los tres homicidios. Tengo la mejor de las opiniones respecto del profesionalismo de los fiscales que llevan el caso.

-También quiero agregar que la encarnación extrema del mal que representa esta mujer se refleja en el hecho de que éste es el único caso en el mundo en el cual una persona es acusada y demandada por todos sus ascendientes y descendientes, así como por sus familiares más cercanos. No solamente la sobrina, la hermana y el cuñado la acusan, sino que también es acusada de intento personal de homicidio de su nuera. Pero, en lo que es único en el mundo, esta mujer es acusada de intento de homicidio por su madre, quien la engendró. Y a ello se agregan sus dos únicos hijos, que la acusan del asesinato de su padre. Para que todos los familiares, antepasados y descendientes vivos acusen a su pariente y a su hija y su madre, ellos deben tener la convicción íntima más profunda respecto de la culpabilidad de la asesina, a la luz de las pruebas que han reunido los fiscales".

 "Hay una dimensión adicional en este caso" -dice Klaus Schmidt-Hebbel- "y es que es un tema social. Esta mujer ha encargado probadamente al sicario el asesinato de diez personas. Hasta ahora, tres de estos encargos de homicidio han sido ejecutados por el sicario, pero hay otros siete seres humanos que están en la lista de ella y de él. ¡Son sus seres más cercanos! ¿Y cuántos más pondría ahora en su lista, si tuviera la oportunidad de hacerlo en el futuro, en libertad o desde la cárcel? Estos dos asesinos seriales representan un peligro extremo para Chile, por lo cual deberán  permanecer  encerrados de por vida".

"Por la misma razón," explica Klaus, "nosotros y las otras tres familias acusadoras (sus familiares directos) hemos decidido presentar una demanda civil contra ambos. En nuestro caso, ello plantea un tema muy delicado, porque podría parecer que estaríamos eventualmente beneficiándonos con la sangre derramada de nuestro hijo. La razón de fondo es evitar que ella vuelva a tener el poder potencial de hacer el daño extremo que acostumbra infligir, incluso si es condenada. Los hechos por los que ha sido acusada por la fiscalía, demuestran que ella ha empleado el dinero como arma para matar, como el sicario ha utilizado armas de fuego y cortantes para ejecutar los crímenes encargados. Si no le quitan sus bienes y su dinero, ella puede planificar y encargar desde la cárcel sus encargos homicidas, del mismo tipo como los que planificó por casi una década en libertad, desde el caso de su segundo marido, Carlos Felip, hasta el caso de nuestro hijo. No hablo de ficciones, sino de cosas que lamentablemente han ocurrido.

-¿Han pensado hacer una fundación con ese dinero?

No queremos hacer una fundación, para de ninguna manera estar ligada al dinero de Pilar Pérez. Creemos que es dinero sucio, contaminado y, en parte, mal habido por ella. Por lo tanto, en caso de obtener alguna compensación, creemos que la forma de limpiar esos eventuales fondos es donándolos íntegramente, después de pagar los costos judiciales, a fundaciones existentes que hacen el bien en Chile.

-Más allá de ese dolor que domina otros sentimientos, ¿cómo es para una familia como ustedes, con una vida tranquila, normal, de pronto vivir una historia de terror y sórdida como es ésta?

-Como ya dijimos, estamos intentando reconstruir nuestras vidas después de la bomba nuclear que explotó en el seno de nuestra familia. Pero también confiamos en que vivimos en un Estado de Derecho, con un poder judicial que va a actuar aplicando todo el rigor de la ley, en el marco de un proceso racional y bien llevado. Por eso nosotros confiamos en que la justicia va a hacer justicia.

Se para un momento a buscar más té. Greta lo escucha atentamente.

-¿Cuál es su sentimiento hacia Pilar Pérez y José Ruz?

-Para nosotros, y así lo sentimos, tienen dos características que los hacen ser lo peor de la especie humana.

Primero, ellos encarnan el mal en su forma más extrema y, segundo, ellos carecen absolutamente de empatía alguna por sus víctimas, al ejecutar actos criminales para servir sus mezquinos intereses de venganza y codicia económica. En ese sentido, el encuentro de nuestro hijo con estos seres fue un encuentro de dos extremos: el karma más blanco en choque con el karma más negro. Diego, quien en vida siempre nos superó por mucho en bondad y sabiduría, culminó su vida como héroe, sacrificando la suya para salvar la vida de otros cuatro seres humanos que él quería.

-¿Belén les ha dicho que se siente culpable de lo que le pasó a Diego?

-Uno se echa culpa, Greta se echa culpa -"porque no supe más", dice ella-. Pero Greta nunca culpa a Belén ni yo tampoco lo hago. Nosotros la queremos mucho. Diego y Belén formaban una pareja muy linda y muy tierna, con medio metro de diferencia de estatura (Klaus sonríe por un momento). Y ciertamente yo espero que en unos años más Belén esté felizmente casada, con un buen hombre que la quiera y aprecie, y con muchos niños.

Ya está atardeciendo en Santiago y el living se va quedando a oscuras. Klaus y Greta siguen hablando, ella llora a veces, a él se le quebrará la voz al final de la entrevista. Se ven tan jóvenes, tan sanos, suena tan extraño todo lo que estamos hablando en esta casa donde hay olor a café, donde llega su hija y los saluda con un beso, donde hay fotos de tantos momentos buenos.

-¿Tiene alguna cuenta pendiente con su hijo?

-Me arrepiento de no haber estado más tiempo con Diego. Me arrepiento de haber priorizado en exceso mi trabajo, dejando poco tiempo a los niños.

Greta llora en silencio. 

-Pero estoy en paz porque nuestro hijo fue un hombre tan íntegro, completo, de una vida bellísima, feliz. Creo que Diego fue un hombre feliz.

-¿Qué aprendió de él?.

-Creo que yo aprendí mucho más de Diego que él de mí. Aprendí de él por sus actos de bondad, sus palabras tranquilas, su alma vieja. Con lo cual lloro aún más su ausencia, porque está este vacío en la casa y en nuestros corazones.

Te voy -dice Klaus- a contar un sueño muy lindo que tuve en París un mes después de su muerte. Era una reunión en conmemoración de Diego, de sus amigos de colegio, de universidad y del fútbol, en un patio de una casa, un césped. Yo entro, veo a muchos amigos reunidos en pequeños grupos de cinco o seis personas. Me acerco a un grupo y les digo "qué bien celebrar a Diego con ustedes acá". Los miro de a uno, a Gonzalo Venegas, Matías Minassian y Rudi Araneda. Sigo uno más y el siguiente es ¡Diego!, Diego vivo, íntegro y sano, y le pregunto "¿Qué haces acá? Si tú has muerto y te estamos celebrando aquí, te estamos recordando, ¡pero qué haces tú acá!".

Entonces lanza su típica risotada fuerte y dice: "Papá, a veces voy a volver, voy a acompañarlos en reuniones como ésta, ahí estaré con ustedes, vamos a celebrar juntos". Luego me abraza, de arriba para abajo porque medía quince centímetros más que yo. Yo le tomo la cara, le acaricio su mejilla, le tomo la cabeza y le digo: "Diego, ¿por qué no te quedas?" y él me dice, "No, yo sólo puedo venir muy contadas veces para estar con ustedes. Ésta es la primera vez". Y ahí desperté.

-¿Y cómo despertó?

-Ahh,...  estaba angustiado y feliz al mismo tiempo. Hasta la fecha este sueño me consuela en algo, porque me dice que Diego sigue con nosotros.

"De repente yo salía de una reunión, me acordaba que habíamos perdido a Diego, y era como un golpe, un dolor literal de pecho, intensísimo".

"Ciertamente  no soy psiquiatra, pero, aparentemente, éste es un caso de psicopatía extrema, de libro de texto".

"Aprendí mucho más de Diego que él de mí. Aprendí por sus actos de bondad, sus palabras tranquilas, su alma vieja".

 

Por Paula Coddou.

   
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