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Woody Allen "Estoy en contra de envejecer"

Sábado 25 de septiembre de 2010

A días de estrenar en Estados Unidos su nueva película, You will meet a tall dark stranger, que trata sobre poderes sobrenaturales, habla aquí de su ateísmo, del terror al paso del tiempo y también de haber trabajado con Carla Bruni. "Su marido sentía que ella es actriz por naturaleza y estaba encantado".
 


Por Dave Itzkoff 

Cuando se le pregunta a Woody Allen si es apropiado desearle un feliz Año Nuevo Judío, él deja en claro que ese tipo de formalidades no son necesarias. "No, no, no", dice entre risas, sentado en una habitación en el Leows Regency hotel. "Eso es para tu gente", dice, "Yo no lo sigo. Ojalá pudiera embarcarme en eso. Sería de gran ayuda en esas noches oscuras".

A los 74 años, Allen, un cineasta prolífico y un neoyorquino emblemático, difícilmente ha encontrado la religión. Pero la idea de la fe alimenta su última película (aún inédita en Chile), You will meet a tall dark stranger. En ella, mientras un matrimonio londinense se deshace, la esposa busca consuelo en lo sobrenatural, lo que tiene insospechadas consecuencias en el matrimonio de su hija. "Para mí", dice Allen, "no hay real diferencia entre un adivino, una galleta de la suerte y ninguna de las religiones organizadas. Son igualmente válidas o inválidas. E igualmente útiles".

-La idea de poderes psíquicos y vidas pasadas, o la gente que cree en ellos, son algo central en su última película.

¿Qué le interesó de esto?

-Estaba interesado en el concepto de tener fe en algo. Suena muy triste cuando lo digo, pero necesitamos ilusiones para seguir adelante. Y las personas que exitosamente se engañan parecen más felices que las personas que no lo hacen. Conozco a gente que ha puesto su fe en la religión y en los adivinos. Así que se me ocurrió que sería un buen personaje para una película: una mujer a la que le ha fallado todo, y de repente, sucede que una mujer que le lee su suerte la está ayudando.  

-¿Qué es más plausible para usted, que tengamos vidas pasadas, o que exista Dios?

-Ninguna de esas opciones me parece plausible. Tengo una evaluación científica y oscura de eso. Simplemente
creo que lo que ves es lo que hay.

-¿Cómo se siente acerca de envejecer?

-Bueno, estoy en contra de ello. (Se ríe). Creo que no hay nada para recomendar. No ganas nada de sabiduría a medida que pasan los años. Te vas deshaciendo, eso es lo que sucede. La gente intenta ponerle un lindo barniz, y dice, bueno, te relajas. Comienzas a entender la vida y a aceptar las cosas. Pero darías todo por tener 35 años otra vez. He experimentado eso de despertarse en la mitad de la noche y empezar a pensar en tu propia mortalidad, y te da un pequeño escalofrío.

-¿Estar más viejo ha cambiado en algo su trabajo? ¿Nota una cierta esperanza emergiendo en sus últimas películas?

-No, es demasiado ensayo y error. No hay razón o rima en por qué hago lo que hago. Es sólo lo que me parece correcto en el minuto. Nunca, en toda mi vida, he visto alguna de mis películas después de su estreno. Nunca. No he visto Take the money and run desde 1968. No he visto de nuevo Annie Hall o Manhattan o cualquier película que haya hecho desde entonces. Si estoy en la trotadora y  estoy pasando por los canales de la televisión, y me encuentro con alguna de mis películas, la cambio de inmediato, porque siento que sólo podría deprimirme. Sólo sentiría, 'Oh, Dios, esto es tan horrible, si tan sólo pudiera hacerlo otra vez".

-Recientemente le dijo a la prensa europea que filmar películas en Nueva York se había vuelto muy caro. ¿Piensa que ya hizo su última película en la ciudad?

-Mi primera opción siempre sería Nueva York. Sería mi más grande deseo; trabajar donde vives es, por supuesto, el privilegio más lujoso, y estoy seguro de que volveré a filmar en Nueva York. Pero por la falta de dólares tengo que ir a ciertos lugares. Las ciudades de las que hablo -Londres, París, Barcelona- son todas muy cosmopolitas, y se parecen a Nueva York. Puedo pagarlo más fácilmente. Para mí es un privilegio filmar en Nueva York, y no me importa el costo extra. Simplemente tengo que tenerlo, necesito poder pagarlo. Siempre filmaría en Nueva York una película de 15 millones de dólares, que en otros lados podría hacer por 12 millones de dólares. Pero si no tengo el dinero, no puedo hacerlo.

Días con madame Sarkozy

-¿Estaba preparado para la hoguera de prensa que desató cuando contrató a Carla Bruni para su película Midnight in Paris?

-Estaba muy sorprendido del nivel de periodismo que la rodea. Tiene un papel pequeño en la película -un personaje, pero muy pequeño-. Y filmé con ella el primer día, y todos los diarios escribieron que ella había estado terrible y que había tenido que hacer 32 tomas. Por supuesto que en realidad ni siquiera hice 10 tomas con ella. El 32 era un número mágico que algún tipo inventó en una oficina. Después escribieron que su marido vino al set y que estaba enojado con ella. Vino al set una vez, y estaba feliz. Él sentía que ella es actriz por naturaleza y estaba encantado.

-Esa sería una gran cita para poner en el afiche de la película.

-Por alguna razón, la prensa quería decir cosas malas de ella. No sé si tienen algo en contra de los Sarkozy, o era sólo una buena manera de vender diarios. Pero las historias eran tan locas y tan completamente falsas, que me pregunté a mí mismo: ¿pasa lo mismo cuando escriben de Afganistán, de la economía y de materias de real importancia? Esto era trivial. Esa fue una respuesta larga a su pregunta: no estaba listo para la montaña de prensa que llegó a la película por tener en ella a Madame Sarkozy.

-Cuando tiene tiempo libre entre proyectos, como ahora, ¿cómo lo pasa?

-Hago las cosas normales. Llevo a mis hijos al colegio en la mañana. Salgo a caminar con mi mujer, toco con mi banda de jazz. También está la obligación de la trotadora, las pesas, de estar en forma, para no volverme más decrépito de lo que soy. Por lo general no veo las grandes películas de Hollywood. Y cuando estaba en París, tuve la oportunidad de leer un buen poco, Tolstoi y Norman Mailer. Cosas que se habían caído por las rendijas a través de los años.

-Yo habría esperado que usted fuera a la puesta en escena, de 12 horas, de Demonios de Dostoyevski, que se presentó en Nueva York recientemente.

-No, no, no soy de alta cultura. Leo esas cosas más por obligación que por disfrute. La entretención, para mí, es una cerveza y un juego de fútbol.

"Nunca, en toda mi vida, he visto alguna de mis películas después de su estreno. Nunca. No he visto
de nuevo Annie Hall o Manhattan".