"Contraluz" Nueva Traducción:
El extraño mundo de Pynchon

Thomas Pynchon (1937) no se deja fotografiar ni da entrevistas. Ha recibido los mayores premios de su país con displicencia. Su penúltima novela, traducida este año por Tusquets, ofrece una visión panorámica de la historia que va desde la Exposición Universal de Chicago de 1893 hasta el fin de la Primera Guerra.  

Pedro Pablo Guerrero 

Es sabido que la literatura norteamericana tiene, desde Hawthorne, una obsesión por el doble. Pero hace décadas que estas inclinaciones saltaron de la ficción a la realidad: los autores no sólo escriben de personajes que llevan vidas paralelas, sino que ellos mismos se desdoblan. Dado el arraigo de esta creencia, no es tan seguro que la muerte de J. D. Salinger, ocurrida en enero de este año, termine de enterrar la extravagante hipótesis del escritor y comentarista de radio John Calvin Batchelor, quien postuló que el autor de El guardián entre el centeno inventó a Thomas Pynchon para seguir escribiendo desde su reclusión voluntaria.

De ser efectiva dicha teoría, Inherent Vice , publicada en 2009 y aún no traducida al español, sería la séptima y última novela de Pynchon, quien ha alimentado toda clase de mitos por su renuencia a mostrarse en público.

Bien lo sabe la CNN, que hace algunos años recibió una llamada del autor exigiendo no divulgar imágenes suyas captadas en Nueva York, ciudad donde al parecer vive. "Voy a ser claro -advirtió-: prefiero no ser fotografiado". De hecho, sus únicas fotos conocidas datan de la década del 50, cuando tenía 18 años: en una se ve con uniforme de la Marina, y en otra luce un jopo engominado. Saltan a la vista en ambas sus dientes de conejo.

Harold Bloom se refiere al escritor norteamericano como "el último (hasta la fecha) inamovible autor del canon", lugar en el que lo sitúa por sus tres primeras novelas: V. (1963), La subasta del lote 49 (1966) y El arco iris de gravedad (1973). Por esta última, considerada "el Ulises del final del siglo XX", Pynchon recibió el National Book Award, pero envió a un comediante a recoger el premio, sarcasmo que fue interpretado como un acto de protesta. Según unos, contra la guerra de Vietnam y, según otros, contra la decisión de no otorgarle el Pulitzer, cuyos organizadores calificaron el libro de ilegible y obsceno.

Pynchon en Los Simpson

Llamado por la prensa el "Greta Garbo de las letras americanas" y escritor "recluso" -término que rechaza- , el celo con el que el narrador defiende su privacidad fue parodiado en un capítulo de Los Simpson, que lo muestra con un cambucho en la cabeza, hablando por celular y con su nombre escrito en un cartel que cuelga de sus hombros, como un típico hombre-anuncio. ¿Sugiere Matt Groening que el ocultamiento ha terminado siendo para Thomas Pynchon una estrategia publicitaria? Habría que preguntárselo a su agente literaria y esposa Melanie Jackson. En todo caso, la idea no ofendió a un grupo de fans que el 21 de noviembre de 2006 celebraron en una librería de Berkeley el lanzamiento de su sexta novela, Against the day , enmascarados con bolsas de papel.

Cuatro años demoró Tusquets en publicarla en español, pero la esmerada traducción de Vicente Campos justifica la espera. Como en todas sus novelas, el autor elige un elemento, en este caso un mineral, que se convierte en símbolo unificador o centro de gravedad hacia el que confluyen decenas de tramas en las que intervienen espías, alquimistas, magos, inventores, espiritistas, tahúres, músicos de jazz, actores y una larga lista de personajes ficticios, reales y una mezcla de ambos.

Editada como Contraluz , la novela de Pynchon juega con identidades paradójicas y divergentes, simbolizadas en el leitmotiv del libro: el espato de Islandia, una calcita transparente con propiedades de doble refracción. En el siglo XVII se descubrió que la luz normal, al atravesar sus cristales, se dividía en dos rayos distintos, bautizados como "ordinario" y "extraordinario". Esta propiedad permitió avances decisivos en la óptica y en investigaciones ulteriores acerca de la naturaleza física de la luz. El autor las vincula en su libro con el desarrollo del electromagnetismo y sus revolucionarias aplicaciones industriales a fines del siglo XIX.

No es casualidad que Pynchon, que estudió ingeniería en la Universidad de Cornell y redactó informes técnicos para la Corporación Boeing, sitúe la acción de Contraluz durante el apogeo de la segunda revolución industrial (1870-1920), eligiendo como punto de partida la Exposición Universal de Chicago de 1893, donde se exhibían las últimas maravillas de la técnica junto a los exóticos pabellones con nativos llevados de las colonias europeas.

Los protagonistas de la novela no son grandes personajes de la época, sino figuras llamadas a desempeñar oscuros papeles en un país que requería de enormes contingentes de mano de obra. Desde la guerra civil, que había puesto fin a la esclavitud en Estados Unidos, la inmigración era un camino imprescindible, aunque no exento de riesgos. Las condiciones laborales dejaban mucho que desear en las grandes ciudades, pero eran aun peores en los yacimientos de oro y plata de Colorado. Si a esto se suma la facilidad con la que se podía conseguir dinamita, la llegada de anarquistas era tan inevitable como las tormentas eléctricas habituales en esas regiones montañosas.

Pynchon relata las vidas paralelas de personajes situados en bandos opuestos de la guerra sin cuartel que libraron los sindicatos mineros contra los propietarios. Enfrentamiento que dio lugar a traiciones, venganzas y refinados actos de corrupción. En el libro, la hija de un minero se casa con el pistolero a sueldo que mató a su padre y uno de sus hermanos es becado para estudiar en Yale por el dueño de la mina que lo mandó a asesinar. Otro personaje, reclutado por una agencia de detectives para capturar a un peligroso dinamitero, termina asqueado de su trabajo y se marcha a Europa junto a dos ingleses drogadictos que resultan ser agentes de los servicios de espionaje británicos, bajo la fachada de un instituto neopitagórico: el Centro de Recogimiento para los Estudiosos del Tetractis Inefable (NeoOrden). CRETINO, por su sigla en español.

Discípulo de Nabokov

Hasta aquí la luz "ordinaria" de Contraluz , el plano realista. Contiguo a él se intersectan y divergen una serie de historias "extraordinarias" protagonizadas por Los Chicos del Azar: un grupo de aventureros que viaja a bordo del aerostato Inconvenience , cruzando los cielos de todo el mundo, pero también el interior de la Tierra -que, como todos saben, es hueca-, de la que entran y salen a través de sus polos. Siguiendo órdenes dictadas por nebulosas organizaciones empresariales, Los Chicos del Azar cumplen delicadas misiones secretas. El trabajo suele limitarse a mediciones científicas, aunque a veces deban enfrentarse con aeronaves de potencias enemigas en escaramuzas que dejan lamentables daños colaterales, como el derrumbe del Campanil de Venecia (hecho verídico ocurrido en 1902). En otras oportunidades, ayudan a despertar abominables criaturas escondidas bajo el hielo ártico, que terminan devastando ciudades enteras.

No es necesario entrar en pormenores. El narrador de Contraluz suele deslizar comentarios ("Para más detalles de sus hazañas, véase Los Chicos del Azar en el Viejo México ") que remiten al lector a una saga imaginaria. Las alusiones al folletín son constantes: la mascota del Inconvenience , un perro de nombre Pugnax , se entretiene olfateando, como si los pudiera leer, libros de Eugene Sue y La princesa Casamassima , una novela de Henry James publicada por entregas.

En otro pasaje se afirma que en la Biblioteca de Islandia una expedición científica puede encontrar un texto ( El Libro del espato de Islandia ) que narra el descubrimiento y explotación del mineral, llegando hasta la actualidad, "así como un registro de cada jornada de esa misma Expedición ahora en marcha, incluso de días todavía no transcurridos ".

¿Un libro fuera del tiempo? Parece una idea muy "borgeana". En Contraluz se aplican estrategias autoparódicas y metanarrativas, del tipo "novela sobre la novela": cruce de géneros, historias dentro de la historia y rupturas del principio de coherencia características de la literatura fantástica. Recursos que ya estaban presentes en El Quijote , obra con la cual, según el crítico español Javier Aparicio, Pynchon se habría familiarizado durante los cursos que Vladimir Nabokov dictó en Cornell entre 1948 y 1959. Años en los que el autor ruso escribió Lolita y concibió su libro más cervantino: Pálido fuego . Un encuentro decisivo para el estudiante Pynchon, del que Nabokov, sin embargo, no guardó el menor recuerdo.

El impacto de la guerra

Harold Bloom encuentra en Hawthorne otro antecesor de Pynchon. En ambos ve la desestimación final de todo heroísmo. Los relatos de Hemingway, en tanto, anuncian, según el crítico, "el mundo demoníaco (...) de las visiones claramente paranoicas o luditas de Pynchon". Imágenes violentas que se manifiestan en el odio destructivo de sus personajes hacia las máquinas y en las funestas consecuencias que provocan en el ser humano codiciados minerales como el espato, también llamado espanto en México, país donde Pynchon vivió en los años sesenta y setenta, y al que regresa en todas sus novelas, salpicadas de palabras en español.

La enorme densidad de la materia histórica presente en las ficciones de Pynchon opera por exceso y proliferación. "Quizá el escritor que de modo más notable ha explorado los límites de la fantasía moderna ha sido Thomas Pynchon, cuya economía de lo grotesco -afirma el crítico Malcolm Bradbury- también se origina a partir del mundo histórico y en el desorden psíquico y cultural que causaron los nazis y la guerra en Europa y los Estados Unidos. Pynchon ha jugado con la forma y con la historia, y las ha opuesto, de modo tan complejo como lo es su visión personal de la historia".

Una mirada que toma prestados de la ciencia óptica y del ilusionismo sus prismas, lentes y espejos deformantes, causando espejismos, anamorfosis y aberraciones varias, tal como las que aparecen en las páginas de Contraluz , una de las mejores novelas llegadas este año desde Barcelona.

 Su influencia en Volpi y Bolaño

La gravitación de Pynchon en la literatura de los últimos cuarenta años traspasa las fronteras de Estados Unidos, donde autores como Don DeLillo y William T. Vollmann han escrito novelas omnicomprensivas en las que se cruzan la historia y la ficción, trazando complejas filigranas conspirativas. Libros paranoicos, monumentales y posmodernos, pero con menos humor que los de su maestro. Hay que decirlo.

Al sur del Río Grande resulta evidente el afán de Jorge Volpi por emular a Pynchon. En busca de Klingsor (1999) rastrea los orígenes del Tercer Reich a través de pesquisas entre científicos que contribuyeron a las investigaciones atómicas del régimen nazi. El narrador mexicano usa el lenguaje de la física en un intento por dar cierto orden a la irracionalidad del mal. Aborda casi los mismos temas, personajes, época y escenarios de El arco iris de gravedad , cuya metáfora es la trayectoria que describía el cohete V2 inventado por los alemanes.

No sabemos si García Márquez ha leído a Pynchon, pero el narrador estadounidense sí lo ha leído a él. Incluso se dio el gusto de reseñar El amor en los tiempos del cólera en el número 77 de revista Quimera (1988).

Más allá de la curiosidad que sentía Bolaño por los autores de identidad velada -asunto central de "La parte de los críticos", en 2666 -, parece haber un homenaje a Pynchon en su cuento "El policía de las ratas" ( El gaucho insufrible ), ejercicio de prosopopeya sobre una sociedad de roedores que viven bajo tierra de un modo muy parecido a los humanos. La antifábula tiene su antecedente en aquella historia de V. , basada en un mito urbano sobre un fraile que bajó a vivir en las cloacas en Nueva York, en los años de la Depresión, para aprender a comunicarse con las ratas y bautizarlas en la fe, convencido de que se iban a apoderar de la ciudad. Convierte a un grupo, pero no tardan en aflorar querellas teológicas que degeneran en riñas brutales. Sólo una hembra, Verónica, parece destinada a la santidad.

Conceptos como lógico o absurdo pierden sentido en el universo de Pynchon. "La fantasía es el arma de la gran resistencia ante el hiperracionalismo que nos rodea", comprobó Alfredo Bryce Echenique luego de leer Mason y Dixon (1997), la quinta novela del norteamericano. "La fantasía de este autor casi único en la literatura norteamericana contemporánea encarna la titánica lucha contra aquel escepticismo sistemático que encuentra increíble que una buena dosis de mentiras sea a veces indispensable para el descubrimiento de la verdad".



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