Merecida antología poética de Omar Lara

Ignacio Rodríguez A. 

Omar Lara es uno de los personajes más entrañables en la historia de la poesía chilena. De esos que se merecen antologías y prólogos como el de Faúndez Valenzuela. Por lo mismo, tener aquí su obra reunida en una selección irreprochable constituye un acontecimiento digno de celebración. De ella trasunta una calidez extraña a la postmodernidad -tan antilírica-, pero también un acogimiento de la ruptura como formato de las incertidumbres o de la existencia sin respuestas, sin clarividencias. Establecida preferentemente en el ámbito de los afectos, es decir de la otredad, enarbola un yo que solo adquiere sentido en los encuentros: "Es cierto que estoy prisionero/ de algunas palabras precipitadas/ y terribles/ que proferí a propósito/ de alguien. Alguien/ con quien feroces nos herimos/ y al que abrazaría de inmediato/ si lo tuviera a mi lado".

Diáfana, hospitalaria, acogedora, la obra de Lara nos retrotrae a los años en los que todavía nos quedaba futuro, nos reinstala en los viejos sueños de la adhesión. Pero además nos lanza al vacío de la decrepitud y la disolvencia -la mortalidad-, propiciando como amparo solo el reino de la inocencia y la ternura. Su austeridad verbal es corolario de esta indigencia, de esta desafección, de esta cobertura del desapego ético de lo no necesario como única forma de instauración de la infinitud en los despojos: "un gesto/ una sonrisa/ el paso del tren frente al suave lomaje/ un furtivo paseo por el pueblo natal después/ de tantos/ años.// Algo queda. No es un festín/ los huesos están roídos/ casi pulverizados/ pero puedes buscar bajo las piedras/ o lamer el polvillo".

La obra de Lara, en definitiva, es un epítome de los fulgores de lo humano, abierta hacia la memoria y lo no acontecido. "El reino transparente e imperceptible inventado por la poesía de Lara -dice Faúndez Valenzuela- descubre al otro y lo invita a morar en la patria que aún no existe, donde la amistad es la fuerza que busca la intensificación de la vida". Deseo este primordial y revolucionario al mismo tiempo, básico y trascendente: el mejor de los mundos -"una guarida fresca y tibia"- está en la acogida y en la resistencia al descampado de las apariencias, en el desposeerse, en el huirse para acceder a la riqueza o la nostalgia del mañana: "En el futuro, madre,/ yo estaré en el medio de la mar/ como si me esperaran/ todos los peces invisibles y mudos/ por debajo de olas y corrientes". Es importante decir, finalmente, que esta antología incluye un texto inédito de Lara, "Anidales", donde despliega toda su continencia poética y toda su abundancia espiritual.

 


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