"Verano": un libro imperdible

 

La última entrega de J.M. Coetzee es una obra de excepcional calidad. No se puede pretender explicar ese logro, pues sería presumir de poseer las claves para abrir el misterio de la gran literatura, y este libro tan rebosante de ficción y, sin embargo, radicalmente verdadero, hondamente trágico y no obstante con un singular sentido del humor, biográfico y, a la vez, no biográfico, distante e implacable y, a la vez, tierno y cálido, es gran literatura.

La historia es, en apariencia, simple. Vincent, un joven biógrafo, está empeñado en escribir un texto que abarque la vida de John Coetzee, escritor sudafricano, Premio Nobel de Literatura, en el período que cubre desde su regreso a Sudáfrica (1971-1972) hasta su primer reconocimiento público en 1977, "período en el que aún se estaba habituando a su condición de escritor". El personaje de la biografía que Vincent prepara parece coincidir con el autor del libro que leemos, Verano , salvo que aquél ya ha fallecido y éste, por cierto, no. El libro contiene unos "Cuadernos de notas" fechados entre 1972 y 1975, cinco entrevistas realizadas por Vincent (una de ellas es presentada como la revisión de otra anterior) a personas (principalmente mujeres) que conocieron en vida a John y, finalmente, otro "Cuaderno de notas", ahora sin fecha y con una estructura más narrativa y fragmentaria. En los dos cuadernos, los registros biográficos, aparentemente provenientes del autor-personaje -John Coetzee-, poseen la curiosidad de estar escritos en tercera persona, curiosidad porque las memorias, autobiografías y diarios suelen estar escritos en primera persona. Ya el autor había empleado esta estrategia en dos novelas "biográficas" previas, Infancia y Juventud . La novedad, en este caso, sería la inclusión de la segunda persona del singular, el "tú", propio de la entrevista. La búsqueda de Coetzee es la de encontrar un lugar (utópico) para hablar de sí mismo más allá de sí mismo, un intento espeluznante pero eficaz de distanciamiento, un desdoblamiento atroz en la sinceridad que alcanza. "Todos somos creadores de ficciones -dice Vincent-, pero "¿qué preferiría usted tener: una serie de informes independientes de una gama de perspectivas independientes, con las que luego podrá sintetizar un todo, o la enorme y unitaria proyección del yo que comprende su obra? Yo no sé qué preferiría". Coetzee fabrica aquí esa pluralidad de informes independientes, pero poco importa que ellos sean en parte o totalmente producto de su ficción, ya que incluso el temblor de la voz de Coetzee, infiltrándose a través de sus creaciones, de sus personajes hablando de ese personaje que es él mismo, añade vida al relato. En otra de sus obras, J.M. Coetzee señaló que el narrador contemporáneo debe ganarse la autoridad del lector y, en Verano , vaya que lo logra: ningún error, ninguna vacilación en el discurso, nada que suene ajeno o inconsistente, y, sin embargo, arriesgado.

Más allá de estrategias y recursos narrativos, Coetzee ofrece un inteligente y conmovedor esfuerzo por superar el carácter encarnado y cerrado de las conciencias. Los distintos narradores puestos en escena abren ventanas (sobre todo, desde el lado femenino) hacia el mundo interior opaco o poco transparente del individuo (John), incluso para el propio individuo, y deja a la vista las complejidades que ese encierro arroja para la comunicación y las relaciones humanas. La condición del escritor parece acrecentar particularmente esa soledad. El mosaico que Coetzee nos ofrece de sí mismo en este período de formación es el de un "solitario" e "inadaptado", cuya atenta y observante posición en el mundo no le permite relacionarse plenamente con las mujeres, con su padre ni con su entorno social y político, aunque tampoco puede desentenderse de él. Coetzee, el personaje de este libro, está muy lejos de ser frío e indiferente, pero carece de espontaneidad en el actuar, haciéndolo sufrir y colocándolo en situaciones de trágico o cómico patetismo.

Con su acostumbrada prosa contenida, límpida y directa, Coetzee aprovecha este relato para abordar con lucidez, emoción y verdad los temas que le inquietan: la vejez, el dolor, el arraigo, el sentido de la enseñanza, el amor y la indiferencia, el contexto político de Sudáfrica. En efecto, como pocos autores desde el siglo XX hasta la fecha, el Premio Nobel logra acompasadamente y sin desequilibrios reunir en este libro la narración y el pensar, la novela y el ensayo, una de las constantes de su obra.

Es fácil subrayar la inteligencia de J.M. Coetzee, no sólo un soberbio narrador, sino también un pensador sutil como pocos. Como bien lo señala Juan Villoro, Verano tiene la propiedad de ser una novela que se comenta a sí misma, haciendo casi inútil la labor crítica. Con todo, tras el velo de intelectualidad que Coetzee insiste en transmitir, lo que queda temblando en el alma del lector es la pasmosa y frágil sensibilidad de esta obra.

 


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Verano J.M. Coetzee Random House Mondadori, Barcelona, 2010, 272 páginas, $12.000. Novela
Verano J.M. Coetzee Random House Mondadori, Barcelona, 2010, 272 páginas, $12.000. Novela


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