Carta de amor a la India

 

Con Atlas de una añoranza imposible (Salamandra, 384 páginas, $17.000), su primera y aclamada novela, Anuradha Roy se suma a Salman Rushdie, Vikram Seth, Arundathi Roy, Jhumpa Lahiri, Kiran Desai y otros escritores indios que han irrumpido en las letras inglesas, renovando el vocabulario, los temas, la forma de narrar, las perspectivas éticas y religiosas, entre un sinfín de aspectos que continúan enriqueciendo a una cultura donde se desconocía el prodigioso legado indostánico. Este fenómeno se conoció hace unas décadas como literatura poscolonial y se circunscribió a un grupo de autores africanos, polinésicos y asiáticos afincados en Londres; sin embargo, ya superó ese medio, al desbordar a la capital británica para conquistar el panorama literario de Estados Unidos, Canadá y Australia con novelistas oriundos de esas latitudes o bien procedentes del Oriente y establecidos en sus países de origen. Roy, educada en Calcuta y Cambridge, pertenece a la última categoría, pues vive en Nueva Delhi y trabaja como editora de publicaciones académicas.

Atlas... es una saga familiar, de esas caras al lector hindú y también al occidental, por su aparente exotismo, una historia de amor y un lienzo histórico que comprende a tres generaciones del siglo XX, marcadas por la tragedia, en un marco geográfico espectacular. Roy da por sentado el sistema de castas y en ningún momento lo cuestiona, así como tampoco plantea reparos a los matrimonios arreglados, a la suprema autoridad patriarcal, a costumbres milenarias que fijan a hombres y mujeres en rígidos moldes, aunque, a medida que el relato avanza, se percibe un débil resquebrajamiento de algunas convenciones, sin que ello amenace los códigos ancestrales. El resultado es notable, porque enseguida aceptamos como lo más normal del mundo que las personas se enamoren de novios o novias que conocieron un día antes de la boda, que las viudas tengan que usar un atuendo distinto y no puedan volver a casarse, por más jóvenes que sean, que las ocupaciones de los diferentes miembros de un clan obedezcan a jerarquías inalterables, que sea imposible rozar objetos usados por individuos de linaje inferior y una serie infinita de normas y ritos muy peculiares para nosotros, completamente normales para ellos. Dentro de este universo cerrado -algo muy relativo si en él viven millones de personas- florecen la pasión, el desorden, el caos, pero no a la manera de los melodramas europeos, sino de modo soterrado, lírico, impecablemente ponderado en la musical y sobria prosa de Roy.

Atlas... comienza en 1910, cuando el matrimonio de Amulya y Kananbala se instala con sus dos hijos, Kamal y Nirbal, en una mansión de la ciudad de Songarh, remoto enclave que linda con la jungla, próxima a un templo y ruinas arqueológicas que se pierden en la antigüedad más remota. Mientras Amulya funda una fábrica de remedios y perfumes, Kananbala es incapaz de dirigir la casa, echa de menos la nutrida vida social que llevaba en Calcuta, su soledad se puebla de fantasmas y poco a poco se va volviendo loca. La presencia de la selva, de pájaros y bestias, de la infinita vegetación circundante, se apodera de su imaginación y pasará a ser un leitmotiv recurrente en Atlas... Los nombres de aves, plantas, flores, prendas de vestir, comidas, títulos de la gente y otra serie de rasgos del paisaje natural y humano se nos dan en su sonido original, sin explicaciones, lo que es un acierto de la traducción. Muchas veces no comprendemos qué quiere decir esto o aquello y lo adivinamos por su repetición o la extraordinaria plasticidad en la escritura de Roy.

Larissa Barnum, vecina angloindia, traba amistad con Kananbala. Kamal trae a vivir a su esposa Manjula, quien, incapaz de concebir hijos, empieza a manejar el hogar. Nirmal pierde muy luego a su mujer, la joven Shibu, por causa del monzón que hunde el palacio de su padre a orillas del Ganges y la pequeña Bakul, recién nacida, queda bajo la custodia de Manjula. Mukunda, un huérfano del que nada se sabe, es recogido en la familia y como la inocente complicidad entre él y Bakul puede convertirse en algo más serio, es enviado a una escuela alejada, fuera del único albergue que ha conocido. La tercera parte de la trama es contada en primera persona por Mukunda, convertido en empresario de la construcción en Calcuta.

Atlas... ha sido descrita como una poética carta de amor a la India de antaño y en gran medida lo es: sin una nota discordante, esta primera ficción anuncia a una narradora de talento y sensibilidad.

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir


Servicios El Mercurio
   Suscripciones:
Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.
   InfoMercurio:
Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.
   Club de Lectores:
Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.


Otros Servicios
   El Tiempo
   Defunciones
   Ediciones anteriores
   Puzzle
   Propiedades
   Suscripciones
   Empleos
   PSU@El Mercurio
   Contratar publicidad
   Club de Lectores
   Clase Ejecutiva
   El Mercurio - Aguilar
 


Buscador emol.com Ir al demo interactivo Buscador emol.com
Versión Digital

Ver versión animada
  • Revistas
    El Mercurio
  • Revista del Domingo
    Así es Bali.
    PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales