Reportaje Una mirada crítica al panorama del arte escénico en el año del Bicentenario
Teatro chileno: ¿Está débil la cartelera 2010?

Anualmente, al menos un montaje se roba el protagonismo en la cartelera, convirtiéndose en éxito de público y de crítica. Este año todavía espera un estreno que deslumbre. Todo indica que parte del público no se siente satisfecho con la actual oferta.  

Evelyn Erlij 

En 2006 fue la obra "Neva" de la compañía Teatro en el Blanco; en 2007, "Sin Sangre" de Teatro Cinema y en 2008, "Visitando al señor Green", de Ictus. El año pasado, "Pedro de Valdivia, la gesta inconclusa" de Tryo Teatro Banda fue el estreno más aplaudido y obtuvo el Premio del Círculo de Críticos de Arte. Cada año, la cartelera teatral está marcada por hitos que conjugan calidad y éxito de público. Sin embargo, a tres meses de terminar 2010 -año bicentenario, por lo demás-, aún no se ha destacado ninguna obra en particular. Más aún, a simple vista, la cartelera parece algo empobrecida.

"No hay que manejar cifras estadísticas para apreciar que este año está revelando una baja ostensible de la oferta de montajes, tanto en cantidad como en calidad, respecto de años anteriores", afirma el crítico Pedro Labra, quien considera que esta visión respecto del panorama teatral 2010 es un consenso entre quienes siguen la actividad temporada a temporada.

Carmen Romero, directora general de Santiago a Mil, tiene una opinión distinta, al menos en cuanto a cantidad: "El jurado para la selección del Festival 2011, vio nada menos que 165 obras en el período que va del 1 de septiembre de 2009 al 1 de septiembre de 2010. De ellas, cerca del 50 por ciento son emergentes, lo que indica que la producción joven está tremendamente activa".

Lo cierto es que hoy, sólo en Santiago existen más de 60 lugares -entre salas, teatros y centros culturales de distinta envergadura- donde cada mes se montan obras de diversos géneros y estilos. La oferta del teatro chileno es cuantiosa y variada, y de acuerdo con Nissim Sharim, actor, director y uno de los fundadores del Teatro Ictus, este año no ha sido la excepción. "No creo que haya una cartelera teatral 'poco nutrida'. Quizás la calidad de ésta pueda ser discutible en términos de obras y/o de montajes", opina, reafirmando la tesis de que el problema apunta a la calidad más que a la cantidad.

Un público olvidado

De acuerdo al crítico Javier Ibacache, antes de juzgar la cartelera teatral chilena, hay que entender cómo funciona. "La mayoría de los estrenos se concentran durante el segundo semestre y dependen en gran medida de los resultados del Fondart. Dado que este año la entrega de fondos se atrasó, aún no podemos dimensionar cuál es el número de creaciones teatrales de la temporada. Al margen de esto, Santiago a Mil introdujo este año una variable particular al coproducir el remontaje de piezas relevantes en la muestra '200 Años, Teatro a la Chilena'", explica.

Sin duda, el Bicentenario alteró la dinámica teatral, y no sólo en términos temáticos. "Si se toma en cuenta que las áreas dramáticas televisivas aumentaron de dos a cuatro en los últimos años, y viendo la variada producción de telenovelas y teledramas históricos con motivo del Bicentenario -a lo que se suman los sitcoms y las películas-, es fácil adivinar en qué se lo pasaron los actores en el último tiempo", explica Labra.

Pero incluso antes de las celebraciones por los 200 años de Chile, la oferta teatral dio signos de estar polarizándose en dos áreas específicas, según opina el crítico y periodista Juan Andrés Piña, autor del libro "Contingencia, poesía y experimentación. Teatro chileno 1976-2002" (Ril Editores). "En los últimos años se ha impuesto una modalidad que divide al teatro chileno en dos: los espectáculos de búsqueda experimental, con planteamiento de contenidos y que tienen un público preferentemente juvenil, y los otros, esencialmente comerciales, concebidos para 'pasar el rato' y divertirse", afirma.

Cartelera sin clásicos

Desde su punto de vista, las verdaderas apuestas han provenido del ámbito experimental, pero esto ha significado que una parte importante del público -que busca un teatro más tradicional- no se sienta interpretado por ninguna de estas dos vertientes. "Existe un público amplio que recuperar, que se alejó de las salas, aburrido de tanta vacua experimentación", señala Piña.

Para Pedro Labra, esta tendencia tiene que ver con uno de los factores que, según él, determinan el quehacer teatral en el país: "Esto se explica por la paradójica sobreabundancia de escuelas teatrales. De manera que lo que predomina en casi dos tercios del panorama son experiencias de equipos de egresados o elementos jóvenes que prueban suerte en la escena", afirma. Según explica, estos grupos nuevos tienden a desaparecer tras el segundo o tercer intento. "Por ello, el teatro chileno se ha convertido más que nada en un fenómeno emergente de expresión generacional, lo que ratifica el hecho de que el público teatral es mayormente juvenil".

Otro problema de la cartelera es que en el último tiempo ha habido una escasez visible de montajes de grandes obras universales. "Quizá lo que nos falta es un teatro que acoja textos o piezas clásicas, como ocurre en otras ciudades. Pero hay que hacer la salvedad de que los espacios que cumplen esa misión en otros países suelen ser financiados en su totalidad por el Estado, que invierte en la mantención de los edificios y en la programación. Esto no ocurre en Chile. Los espacios suelen recibir traspasos de recursos para operar, pero no necesariamente para programar", explica Ibacache.

Para Labra, "en una plaza que se precie de culta, la columna vertebral debe estar en la revisitación de los textos clásicos y de los grandes dramaturgos contemporáneos, que es el piso sobre el cual se asienta una tradición. Esa misión la cumplían antes los teatros universitarios, que sobreviven ahora sólo de manera simbólica", explica. Como ejemplos de obras clásicas de esta temporada, agrega que sólo ha habido un Albee, un Gogol y un Strindberg, en dos versiones distintas. "Por eso los montajes de 'La casa de los espíritus' y 'Días de vino y rosas', de corte más bien 'comercial' y enraizados en la literatura y el cine, vinieron a llenar las expectativas insatisfechas del público adulto", agrega Labra.

Andrea Pérez de Castro, directora de programación del Centro Mori -con sedes en Vitacura, Bellavista y Parque Arauco-, señala que si bien se les da bastante libertad a las compañías con las que trabajan para proponer obras, últimamente no se han ofrecido grandes clásicos para montar. "Estamos absolutamente abiertos a obras como 'Un tranvía llamado deseo'; de hecho, hace tres años presentamos 'La amante' de Arthur Miller. Pero es cierto que hay una pérdida en cuanto a clásicos. Los que están haciendo teatro en el último tiempo son gente muy joven que está en una búsqueda novedosa o que hace cosas más bien comerciales", explica.

¿De quién es la culpa?

Gracias a la amplia oferta de Santiago a Mil en enero, cada año comienza con una "fiebre teatral" -como la llama Pedro Labra-, en que las salas se colman de público ávido por ver propuestas teatrales. Según el crítico, esto se debe sin duda al gran esfuerzo de gestión que efectúa la organización durante los meses previos, como también a la consolidación de su proyecto; pero agrega que después de ese impulso, la cartelera parece "desinflarse". Según Ibacache, esta impresión que se ve reforzada por la mala difusión: "La crítica y la prensa especializada dan cuenta sólo de un número acotado de estrenos", afirma.

Pero de ser un hecho que la cartelera está más débil que en otros años, ¿de quién es la culpa? ¿De los responsables detrás de las salas o de las compañías que proponen las obras? "El tema de los programadores es un tema bastante complejo. No se sabe bien dónde se sitúan sus competencias y sus saberes específicos, en sentido estricto. ¿Son curadores, piensan en términos comerciales convencionales acerca del denominado 'consumo cultural'? Ésas son preguntas que me hago", expresa Soledad Lagos, dramaturgista, investigadora y moderadora de la Escuela de Espectadores.

Desde el Centro Mori, Pérez de Castro responde: "Cada una de nuestras salas tiene una línea editorial específica, pero todas deben cumplir metas de ventas. Si bien Mori Bellavista es una sala de circuito underground , también es importante que los proyectos elegidos sean 'vendibles' comercialmente. Por ejemplo, en Mori Vitacura, durante febrero y marzo hago comedia pura y dura sin ninguna culpa".

Ictus, en tanto, "mantiene una línea estética que privilegia la calidad del trabajo escénico por sobre razones de orden comercial, aunque en algunas oportunidades deba 'ayudarse' materialmente, acogiendo montajes con los que no siempre se concuerda", explica Sharim.

Desde el punto de vista de Juan Andrés Piña, hoy son pocos los grupos que logran constituirse en 'compañías', lo que implica que muchas veces sean las salas las que llevan a cabo proyectos, a menudo de índole estrictamente comercial. Frente a esto, concluye: "El mejor teatro chileno sigue residiendo en ciertos directores, autores y actores que se movilizan por un afán común, ya sea un montaje específico o varios a través del tiempo".

 ¿Dónde están los clásicos en el teatro universitario?

Ante la inquietud de los críticos respecto de la carencia de obras clásicas en la cartelera de los teatros universitarios, donde solían montarse usualmente, Ramón López, decano de la Facultad de Artes de la UC y director técnico del Teatro de esa universidad (TEUC), explica: "No hemos estado haciendo un teatro de repertorio clásico o formal, porque nos está interesando también abrir nuevas líneas y darle oportunidad a nuevos artistas, ya que hay muchos. Estamos apuntando a un espectro más joven, ha habido un perfilamiento para tratar de dirigirse a nuevos públicos. Nos interesa buscar y formar futuros públicos fidelizados".

Si bien ha habido en los últimos años algunos montajes de grandes autores en el Teatro Nacional, de la Universidad de Chile, y en el TEUC, la oferta ha decaído. "Efectivamente los espacios universitarios fueron emblemáticos para el teatro clásico y contemporáneo, pero en esos tiempos, unos 20 o 30 años atrás, había muchas menos compañías y teatros. Hoy han crecido las agrupaciones independientes, las universidades privadas; se ha diversificado la oferta, lo que es bueno, pero ha hecho que el financiamiento sea más difícil", afirma López, y explica que ahí radica gran parte del problema por la escasez de obras clásicas. "Donde hemos topado un poco es que, en general , todas estas producciones de siglos pasados son de una escala mayor, de gran envergadura en cuanto a elenco y producción. Los costos son enormes y el financiamiento de estas obras es un problema serio".

Los críticos escogen las mejores obras de los dos últimos años

* Pedro Labra. "El año partió muy fuerte con la revisión de los 200 años, que incluyó magníficas reposiciones de clásicos de nues? tra escena como 'Lo crudo, lo cocido y lo podrido', 'El coordi? nador', 'Historia de la sangre' y 'Lindo país esquina con vista al mar'. Entre las nuevas versiones destacaron 'Hechos consumados' y 'Ernesto', pero ninguna brilló tanto como 'Los que van quedan? do en el camino', por su excepcio? nal propuesta contemporánea. En lo que va corrido de la temporada, sólo 'Buchettino' y 'El rucio de los cuchillos' se ubican a ese nivel de interés. En la temporada pasa? da (2009) la cosecha también fue escasa. Entre no menos de 150 títulos, hubo dos hallazgos extra? ordinarios: la versión de 'Las tres hermanas', de Chéjov, y 'Pedro de Valdivia, la gesta inconclusa', este último con trazas de un clásico instantáneo que por su contenido fundacional debería seguir dándose por años y años".

* Juan Andrés Piña."Entre varias otras, donde se combina una buena dramaturgia, dirección y actuación, escojo las obras de Guillermo Calderón ('Neva', 'Clase', 'Diciembre'); los trabajos de Víctor Carrasco ('Las tres hermanas', 'Orlando'), de Cristián Plana ('Comida alemana'), de Alejandra von Hummel ('Almuer? zo en casa de Ludwig W.') y de la Compañía Tryo Teatro Banda ('Pedro de Valdivia, la gesta inconclusa', 'Jemmy Button').

* Javier Ibacache."Destaca? ría 'Medusa', de Ximena Carrera; 'La mala clase', de Luis Barrales; 'Diciembre', de Guillermo Calde? rón; 'Las analfabetas', de Pablo Paredes; la reposición de 'Lindo país esquina con vista al mar', de Ictus, y 'El coordinador', de El Bufón Negro; las producciones de la compañía Tryo Teatro Banda. De lo más reciente, la lectura dramatizada de 'Amores de cantina', de Juan Radrigán.



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