DVD Una leyenda casi desde su estreno
"La delgada línea roja": un clásico express

Christian Ramírez 

¿Cómo es que una película se convierte en clásico? ¿Es asunto de excelencia artística, nivel de influencia o gusto popular? ¿Basta el simple paso del tiempo para otorgar esa estatura, o es mejor analizar caso a caso? La pregunta puede ser pertinente en días como éstos, en que el recambio generacional nos aleja poco a poco de Ciudadano Kane, El gran dictador o Rebelde sin causa, y los va reemplazando por El padrino, Encuentros cercanos y Toro salvaje, pero se vuelve más y más compleja a medida que la digitalización de nuestro pasado lo devora todo. Si alguna vez los críticos fueron verdaderos dictadores que proponían nuevos candidatos al canon cinematográfico, hoy hay que sumar a los productores de DVD y Blu-ray, quienes al asignar mayor o menor calidad a sus lanzamientos, resguardan ciertos clásicos (a través de incontables special editions ), mientras condenan por omisión a otros: la última moda es editar filmes antiguos, "a pedido", en DVDs quemados que están apenas por encima del nivel de un disco pirateado, pero que se venden al mismo precio de uno normal.

Eso, en cualquier caso, es algo que difícilmente pasará con La delgada línea roja (1998), la cinta con que el estadounidense Terrence Malick regresó después de veinte años de ausencia. Reeditada hace unas semanas por la Criterion Collection, la película recibió un tratamiento poco menos que imperial, ya que, aparte de todos los extras, comentarios de audio y documentales de rigor, fue objeto de uno de los transfers más bellos y logrados de la era digital, asegurando su preservación como el "clásico" que es. ¿Un clásico? ¿Tan luego se le aplicó la categoría? Como todo lo que Malick ha ido filmando en los últimos cuarenta años -no mucho, apenas cuatro largometrajes y uno listo para 2011-, The thin red line no tiene problemas para entrar en esas clasificaciones, al menos desde el punto de vista hollywoodense. Cumple con varios de los requerimientos: fue vendida como película de autor y multinominada por la Academia; con casi tres horas de duración, un elenco repleto de estrellas de los 90 -desde George Clooney a John Travolta- y una trama antibélica, no cuesta meterla en ese estrecho molde. Para nada. De hecho, Rescatando al Soldado Ryan, su gran competidora en los Oscar 99, se encuentra recorriendo un camino similar, directo al Olimpo.

Lo curioso es que toda esa veloz glorificación, al final sólo hace más difícil nuestra relación con un filme que utiliza la cruenta campaña de Guadalcanal (agosto '42-febrero '43) como punto de partida para extenderse sobre una variedad de temas que sobrepasan con mucho los confines del cine de guerra y de protesta. Malick utiliza a su ejército de actores como torrentes de voces que van alimentando un océano de recuerdos, terror, desengaño, anhelo y tragedia en el que -una vez inmersa su audiencia- cuesta mensurar su amplitud y profundidad. Coppola había intentado algo parecido a fines de los 70, al pasarnos por encima la aplanadora de Apocalipsis Ahora. Pero lo que ahí era pura demolición y voluntad operática, en La delgada línea roja aspira a un nivel de pureza y aparente simplicidad que las candidatas al Oscar suelen soslayar. ¿De verdad un soldado se plantea esos dilemas existenciales en medio del campo de batalla? ¿Qué tiene que ver ese magnífico entorno natural con las balas de cañón que se disparan sin cesar? ¿Qué guerra estoy mirando? ¿La Segunda Guerra? Porque estos personajes y sus circunstancias más bien parecen sacados de un conflicto homérico.

De verdad resulta insólito que un ser como Malick -con su reputación de recluso, de inconformista crónico, de tipo insondable- haya conseguido salirse con la suya y amplificar a nivel de superproducción las inquietudes y obsesiones de mucho cineasta independiente. Más aún: en el camino acabó por revivir el modelo de "cine de autor americano" que Stanley Kubrick había abandonado tras el fracaso de Barry Lyndon en 1975 y que Michael Cimino enterró en el 80 con Las puertas del cielo. Tal vez ahí esté la clave de su clasicismo. O tal vez radique en su voz lírica, lo bastante potente como para apoderarse de un filme que la potencia con los brazos abiertos, desde su primera imagen hasta los versos del final:

¿Quién eres tú, con el que viví? ¿Con el que caminé? El hermano. El amigo. La oscuridad de la luz. El dolor del amor. ¿Son ideas de una sola mente? ¿Los rasgos de una misma cara? Oh, alma mía; déjame ser en ti, ahora. Mira a través de mis ojos. Mira las cosas que has hecho. Todo lo que brilla.

The thin red line.

Escrita y dirigida por: Terrence Malick. .

DVD y Blu Ray

Estados Unidos, 1998. Duración:

171 min.

 


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