Comicios presidenciales y legislativos se realizan hoy:
Haitianos enfrentan las elecciones con desconfianza en sus autoridades y cansados de la presencia extranjera

Muchos ven la votación como otra catástrofe en la secuencia de desquites cósmicos en contra de la nación: el terremoto del 12 de enero, el brote de cólera y el huracán Tomás. Se espera que haya 40% de participación.  

Alexandra van Nievelt Desde Puerto Príncipe 

"¿Cuántos de ustedes piensan que las elecciones cambiarán algo en Haití?" Diez alumnos de UNDH y Quisqueya, las universidades más prestigiosas de Puerto Príncipe, se miran en silencio tras 20 minutos de vigorosa discusión sobre el futuro político de Haití. Un alumno en bata de medicina levanta la mano para preguntar, "¿Cuentan los cambios para mal?".

La prensa internacional se ha empeñado en denominar las elecciones presidenciales del día de hoy como el evento político más importante de la historia del Haití democrático.

El nuevo Mandatario podría disponer de los US$ 10.000 millones prometidos por la comunidad internacional, y estará posicionado para reconstruir a la nación en términos de infraestructura y remoldarla en lo político. Sin embargo, son muchos los haitianos que esperan con desconfianza los resultados de las votaciones.

Para empezar, el país deberá esperar hasta el 7 de diciembre para conocer el nombre de su nuevo Presidente, y hasta el 20 para que la decisión sea indiscutible, puesto que el criticado Consejo Electoral Provisional ha decidido no proporcionar resultados parciales. Y esto sólo si alguno de los 18 candidatos que se presentan alcanza más del 50% de los votos, evitando así una segunda vuelta.

Muchos haitianos han perdido sus tarjetas de votación, y en Puerto Príncipe se ven largas colas de aquellos que intentan registrarse nuevamente.

"Esos son los desempleados", explica Dave Fils-Aimé, un amigo haitiano. "La clase media no va a pasarse ocho horas acá y ocho horas de nuevo el domingo".

El reciente brote de cólera es otro obstáculo en la participación. En efecto, muchos ven las elecciones como otra catástrofe en la secuencia de desquites cósmicos en contra de la nación: el terremoto del 12 de enero, el brote de cólera y el huracán Tomás. Restando y sumando, se espera que menos del 40% de los 4,7 millones de votantes registrados participen en los comicios de hoy, que también definirán un nuevo Parlamento.

Incluso, descontando la falta de entusiasmo electoral, algunos opinan que ni siquiera un proceso legítimo aseguraría el bienestar del país.

"Votamos y luego callamos," dice Carel Pèdre, locutor de radio, anfitrión de TV, y el primer haitiano en subir fotos del terremoto a internet. Pero elecciones no son sinónimo de democracia, añade Pèdre: "Democracia es gente involucrada en la vida política de su país. El problema es que acá nadie pregunta 'Señor Presidente, ¿dónde está la escuela que prometió?'"

Presencia incómoda

Otra controversia es sobre el rol que jugará la comunidad internacional en Haití, quienquiera que sea el nuevo Presidente.

En medio de las acusaciones de que la delegación nepalesa de la Minustah (la misión de la ONU) habría introducido el brote de cólera que ya ha dejado más de 1.500 víctimas fatales, ciertas hostilidades históricas en contra de los extranjeros están saliendo a la luz.

Hasta hace poco, Haití no había tenido mucho que agradecerle a la comunidad internacional. Como la primera "nación de esclavos libres", le compró su independencia a Francia en pagos anuales -más intereses- hasta bien entrado el siglo XX. "En el fondo de nuestros corazones, nos sentimos incómodos cuando vemos gente blanca con armas en nuestra tierra", dice Pèdre.

Para algunos, esta incomodidad tiene orígenes más recientes. "Después del 12 de enero llegaron los extranjeros a hacer nuestro trabajo", me confiesa un doctor en un colorido café en Petionville, un barrio de la capital. "Ahora tengo que trabajar para Sean Penn", dice refiriéndose al actor estadounidense que fundó una organización de ayuda para el país caribeño.

En una nación con más de 80% de desempleo, la competencia por las escasas fuentes de trabajo tiene consecuencias muy reales. La dependencia económica que esto significa para Haití es tema de preocupación para muchos.

"Nos volvemos perezosos cuando tenemos a las ONGs y la ONU para hacer todo por nosotros (...) La comunidad internacional debería dejar que los haitianos tomen las riendas", opina Tanya Lemairee, quien perdió su negocio en el terremoto.

Lemairee ahora colabora con el Sunday Project, una ONG haitiana que alimenta a niños de Cité Soleil, una barriada de Puerto Príncipe, todos los domingos desde el sismo.

Gobierno impopular

Mirlande Manigat, favorita de las encuestas, tiene otra crítica constructiva a los esfuerzos internacionales. Según la profesora universitaria y ex Primera Dama, es importante que la ayuda internacional sea ofrecida de manera muy "dirigida y precisa". A pesar de la buena voluntad de los donantes, el arrojar dinero ciegamente muchas veces "hace más daño que otra cosa".

Finalmente, la legitimidad de la presencia de la ONU se ha visto amenazada por la decreciente popularidad del gobierno.

En un país de caudillos, los haitianos tienen una historia de derrocar a sus líderes en situaciones críticas. La ONU ha sido una influencia estabilizadora, que algunos haitianos resienten.

"Esta gente siente que Naciones Unidas se está aliando con el gobierno, en contra de la población", señala Jessica Faieta, directora del Programa de Desarrollo de la ONU en Haití.

Mientras, la gente se gana unos pesos tapizando las calles con los rostros sonrientes de sus candidatos, pero muchos de estos mismos haitianos se quedan en casa el día de hoy.

80% de los 10 millones de habitantes de Haití, el país más pobre de América, vive con menos de US$ 2 al día.



 


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Para poder votar, miles de personas hicieron largas colas ayer para recibir su nueva tarjeta de identificación. Gran parte de ellas perdieron sus documentos en el terremoto del 12 de enero.
Para poder votar, miles de personas hicieron largas colas ayer para recibir su nueva tarjeta de identificación. Gran parte de ellas perdieron sus documentos en el terremoto del 12 de enero.
Foto:FRANCE PRESSE


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