INVESTIGACIÓN Se edita un libro sobre la llegada de esta colonia
La odisea de los griegos en Chile

Gran parte de los inmigrantes helénicos llegaron al país a fines del siglo XIX atraídos por el salitre, aunque algunos, como los seis que combatieron a bordo de la Esmeralda, arribaron unas cuantas décadas antes. En el libro "Griegos en Chile", los investigadores Alejandro Zorbas y Nikiforos Nicolaides reseñan la historia de los helenos en tierras chilenas.  

Evelyn Erlij 

Quizás el rastro más visible y conocido de los vínculos que unen a Chile y Grecia sea la larga avenida santiaguina que lleva el nombre de ese país. "Avenida Grecia. Alma Mater del deporte y de la cultura", se lee en una placa descubierta el año 1958, cuando se decidió nombrar así a la gran vía donde se ubica el Estadio Nacional. Incluso la famosa estatua del "Pilucho" en las afueras de ese recinto fue un regalo del gobierno de Grecia a la Municipalidad de Ñuñoa, en 1962. Pero más allá de estas anécdotas, la presencia helénica en el país tiene raíces más profundas, y si bien algunos griegos llegaron con los conquistadores españoles, la mayor parte de ellos arribaron al país recién a fines del siglo XIX y durante la primera mitad del XX.

En ese período específico se centra el libro "Griegos en Chile", de Alejandro Zorbas, ex director del Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos de la Universidad de Chile, y Nikiforos Nicolaides, el actual coordinador del Consejo de los Griegos en el Exterior de América Latina, quienes anteriormente habían publicado en conjunto textos sobre la historia de Grecia moderna, la historia de Chipre, la vida del compositor Manolis Kalomiris y la literatura infantil y juvenil griega.

"Escribimos estos libros mirando un poco lo que pasa con la comunidad helénica en Chile, que podría decirse está algo disgregada. Consideramos que era necesario dotarla de un libro de historia, uno de cuentos, y en el caso de este último trabajo, concebimos el texto como un homenaje a los griegos que llegaron a este país con tantas dificultades", explica Nicolaides, quien nació en Atenas y llegó a Chile a los 18 años.

El libro -escrito en griego y español- considera alrededor de mil casos de inmigrantes y abarca dos grandes grupos migratorios que llegaron al país. El primero, que arribó a finales del siglo XIX y comienzos del XX, llegó a Antofagasta y a otros lugares del norte atraído por el auge del salitre. "Estos griegos, oriundos de pequeños poblados, fueron el grupo mayoritario. Venían con pocas herramientas, no tenían educación, por lo que les costó mucho cambiar de ambiente, de lengua y de trabajo. Tuvieron que luchar mucho, y más aún cuando llegó la depresión a causa del salitre sintético", señala Nicolaides.

El segundo grupo corresponde al de los griegos que emigraron durante o después de la Segunda Guerra Mundial, que a diferencia de quienes los precedieron, provenían de grandes ciudades, tenían instrucción escolar avanzada y muchos eran técnicos o profesionales con experiencia. "Varios llegaron directo a Chile, pero hubo un porcentaje no muy grande que llegó a Argentina y desde allá cruzó hasta Antofagasta", explica el investigador ateniense. En Santiago, en tanto, se instalaron en la zona norte, por las calles Aviador Acevedo, Independencia y Vivaceta.

"A los griegos se les recibió muy bien, no se les asoció a ningún estereotipo, no fueron discriminados en Chile. Fue fácil integrarse, ya que en algunos aspectos nos parecemos mucho a los chilenos: somos de tierras sísmicas, sacudidas por catástrofes y tragedias, y el clima es similar. Chile es un país muy filoheleno, aunque sobre todo filoheleno clásico", afirma Nicolaides.

Griegos en la Esmeralda

Apenas 51 de los 202 hombres que lucharon en el Combate Naval de Iquique lograron salvarse del cruento enfrentamiento acontecido en 1879; cinco -al menos totalmente confirmados- eran marinos nacidos en Grecia. El dato no pasó inadvertido, e incluso Benjamín Vicuña Mackenna lo hizo notar en su libro "Episodios marítimos": "El número exacto de las víctimas fué de 146, i ocurrió de curioso en aquella espantosa matanza, que seis u ocho marineros de apellido griego o maltés, Micalvi, Cornelio, Paulo, Despots, Estamatópolis i otros, casi todos salvados, probablemente gracias a su destreza i el hábito de nadar adquirido entre sus islas".

"Yo mismo hasta hace poco hablaba de cinco, incluso una placa recordatoria que se colocó en el monumento-mausoleo a los héroes de Iquique -hoy en el Museo Naval y Marítimo de Valparaíso- menciona a estos cinco helenos, pero encontramos que había otra persona más que iba en la Esmeralda y en cuyo registro figura que profesaba la religión cristiana griega, así que aparentemente habría un sexto", revela Nicolaides.

La presencia de griegos en territorios tan alejados de sus tierras se debe mayoritariamente al deseo de progresar -de aquí que hayan llegado durante el auge del salitre a Chile-, aunque también una parte importante arribó escapando de los distintos conflictos políticos que afectaron a su país, como el régimen fascista del dictador Ioannis Metaxas, la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial y la guerra civil griega en los años 40.

Una vez asentados en Chile, los oficios en los que se desempeñaron mayormente fueron los de panadero y lechero. "Hubo hasta 15 lecherías en Antofagasta, de las cuales 14 estaban en manos de griegos y una en manos de un yugoslavo casado con una griega. Es francamente sorprendente, porque lecherías con vacas no existían en Grecia, a lo más había cabras y algunas ovejas, pero las vacas eran algo no visto, ni se conocían", explica Nicolaides. También la peluquería más elegante de Antofagasta estaba en manos de un griego de apellido Estatópulos.

Varios helenos o sus descendientes lograron renombre posteriormente en el país, como fue el caso de Constantino Kochifas, creador de las embarcaciones turísticas Skorpios, y Juan Marinakis, empresario microbusero, además de políticos, actores, periodistas y músicos. Pero también hay casos más anecdóticos: "El Gran Circo Griego Constantino fue el primero en instalar iluminación eléctrica en todo Chile", explica Nicolaides, en referencia al espectáculo ambulante que en los años 20 estuvo emplazado cerca del Mercado Central en Santiago.

Al ritmo de los bailes

"En Chile no hubo problemas de integración, todo lo contrario, hubo demasiada, diría yo, lo que se debe a que los griegos somos muy abiertos, en parte por el carácter mediterráneo y extrovertido que tenemos, y también por el hecho de que numéricamente éramos muy pocos. Por ello, los matrimonios fueron mixtos en gran medida, porque o se casaban con una chilena o no se casaban. Esto jugó un poco en contra: nos asimilamos tremendamente", considera Nicolaides.

Aun así, varias tradiciones se conservan hasta hoy, en gran medida gracias a las colectividades helénicas que se fundaron a comienzos del siglo pasado, con el fin de agrupar a los griegos y preservar la herencia cultural. En 1916 se formó la Sociedad Helénica de Socorros Mutuos de Antofagasta, y dos años después se fundó su versión santiaguina, ambas actualmente vigentes. Sin embargo, según Nikiforos Nicolaides, las tradiciones que hoy se mantienen dentro de las familias de ascendencia griega son pocas. "La religión de alguna manera se ha olvidado, como también ha pasado con el idioma. Lo que más se conserva son los bailes: Aunque alguien tenga una gota de sangre griega, es capaz de bailar tan bien o mejor que un griego de nacimiento", explica.

Aún quedan inmigrantes vivos que preservan ciertas costumbres. "La Pascua de Resurrección, que es la fiesta cristiana por excelencia de Grecia, se mantiene, como también se sigue celebrando el 25 de marzo, el Día de la Independencia, y el 1 de enero, San Basilio. Los regalos en Grecia no se hacen para el 25 de diciembre, sino para esta festividad, con lo cual no se mezcla el sentido religioso de la Navidad con la costumbre de los regalos. La gastronomía se preserva en algunos hogares, pero más tradiciones que esas no persisten", señala Nicolaides, quien desde temprano en su vida tuvo la inquietud de conservar la cultura y tradiciones de su colectividad junto a Alejandro Zorbas. "Desde que llegué a Chile me preocupé del helenismo, que lo veía disperso", agrega. Este libro es un paso más para evitar el olvido de esa herencia.

 Plata y comida para la "Banda del Litro"

Una historia casi legendaria de los años 40 en Antofagasta tiene que ver con un cuarteto de músicos -saxofón, tambor, clarinete y cornetín- que tenía como público "predilecto" a la comunidad griega asentada en el norte del país. Según relatan los autores del libro, cada 25 de marzo, para el día de la Independencia de Grecia, la banda iba de casa en casa recorriendo los hogares de los helenos más importantes para tocarles la canción nacional griega, pero no lo hacían gratis: a cambio, las familias les daban dinero y, en particular, botellas de alcohol -de ahí el nombre "la Banda del Litro"-. A causa del vino y sus efectos, las posteriores presentaciones del himno sufrían variaciones e improvisaciones de última hora que, sin embargo, nunca significaron una disminución en el pago que le hacía su público. Al parecer, los instrumentos incluso tenían un gancho especial para colgar las botellas.

La historia de este grupo de músicos se convirtió prácticamente en una leyenda en el norte de Chile, al punto de que hoy la "Banda del Litro" es parte de la memoria colectiva y del patrimonio local de la zona.



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<b>Sociedad Helénica de Antofagasta</b> Celebración del Día Nacional de la Independencia, el 25 de marzo de 1926.
Sociedad Helénica de Antofagasta Celebración del Día Nacional de la Independencia, el 25 de marzo de 1926.
Foto:NIKIFOROS NICOLAIDES

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