viernes 10 de diciembre de 2010  
Chivito:
El Titanic de los sándwiches
 
Cuando Anthony Bourdain visitó Uruguay, literalmente alucinó con este magno (o grosero, hay opiniones) sándwich llamado chivito, al que describió como un Titanic, como un Monte Everest. Y no es para menos, porque es prácticamente un compendio de los cuatro grupos alimenticios entre dos panes. Un placer charrúa disponible también en Santiago.  

Por Esteban Cabezas 

Para el visitante en tierras uruguayas, existe una cita obligada con el chivito. En particular los chilenos, tan orondos y ufanos con su veta sanguchera, la cual tiene -lo ignoramos, ojo- grandes oponentes entre los emparedados peruanos, las tortas mexicanas y en el mentado protagonista de estas líneas. Es que en Uruguay realmente abundan las chiviterías, y cada montevideano -si la visita es capital- le comentará del sitio de su predilección: La Pasiva, Santorini, Guga o el Chivito de Oro. O en la Chivitería Marcos, el lugar donde Anthony Bourdain cayó en éxtasis (se puede ver en YouTube), mientras que en Chile a alguien se le ocurrió llevarlo a comer... completos (¿quién fue el #&!!*?).

Por eso, para quien ha tenido la oportunidad de darse ese tour (envídienme mortales), es realmente una epifanía del goloso. Si es como para preguntarse cómo meten tantas cosas en ese formato. Parece que las aplanaran, la verdad.

La cosa es que hay una historia de por qué este sándwich se llama chivito, aunque es primordialmente de vacuno. Cuenta la leyenda que a un local de Punta del Este -El Mejillón, ya extinto- llegó una señora pidiendo un sándwich que había comido en el norte argentino, de chivito. Como el dependiente quería asegurar una venta, pescó un pedazo de filete, le agregó de un "cuantohay" y en un delirio creativo dio a luz el embrión de esta mole alimenticia: así salvó el día e hizo nacer una leyenda comestible.

¿Qué tiene, entonces? El contenedor es una frica mayúscula. Luego carne, de la buena: un bistec gruesito y rojo en su centro. Después vienen lechuga, tomate, mayo, huevo (fritos, pochados y cocidos ha conocido este servidor), jamón y queso derretido. No es una receta fija, y cuando se le agrega tocino o alguna característica que lo haga 2.0, se le llama "chivito canadiense". El tema es que hace algún tiempo es posible acceder a este magno plato en nuestro Chile. En Pucón, por ejemplo, el local La Celeste hace felices a aquellos que quieren matar todas las hambres del día completo con un solo sándwich. En Santiago también hay dónde probarlo. Y estos son los lugares (a la espera de la inauguración de El Palenque, que se publicita como futuro reducto uruguayo en Providencia).

 La Uruguaya: Clásico

Con dos filiales (una pequeña en calle Rancagua y otra mayor en José Domingo Cañas) este es un sitio sencillo y honesto que piensa y siente en uruguayo (la mayoría del personal lo es). Aquí es posible encontrar maravillas como las prietas con fruta confitada o con nueces, aparte de las pamplonas (pechuga de pollo rellena con queso, chimichurri y tocino) y postres típicos, como más de una torta: la Ramón Novarro y la Chajá.

Aquí es un poco raro pedir el sándwich de chivito, ya que mandan las parrilladas grupales, pero para el que se tiente, viene en un formato algo raro: distribuido en dos panes de tamaño medio. ¿Rico igual? Rico, con su carne gruesita y rojita, aunque llama más el comerlo en su abundantísima versión al plato, que es harto común en sus tierras nativas. Si no, usted será el único comiéndose un sándwich en la mesa... viendo el asado de tira de su vecino.

José Domingo Cañas 1301, 2697570.

Hipersándwisch: viva el exceso

Aunque su logo -de un sándwich en monociclo con cara de loco y la lengua afuera-, no sea muy tentador, no hay que equivocarse. Su nombre no puede estar mejor puesto. Es difícil conocer a alguien que se haya comido completo uno de sus productos para pedir o llevar. Y el "canadiense" es el que ha dejado a más competidores en la lona.

Es gigante. Supera a un plato para el pan. Viene lleno de lechuga, tomate, con carne algo plana pero abundante, y además con los rigurosos jamón, queso, huevo duro en este caso, aceitunas negras y una cuota algo exagerada de mayo (pida que no le pongan, mejor). Superlativo, pero es verdad también que dos comen del mismo envío. El consejo: pedir éste y uno más light (ja), para comer mitad y mitad.

www.hipersandwich.cl Manuel Montt 1565, 2044871. $3.900.

Ciudad Vieja: Fino y Solitario

En esta sandwichería bolivariana de Bellavista no podía faltar este highlight. Y de que lo hacen bien, lo hacen, aunque en la versión herética en dos panes... de hecho, el huevo -en este caso frito- funciona de puente sobre ambos emparedados. Con su lechuga, poquita mayo (¡bien!), tomate, jamón, queso y una carne que hace recordar experiencias en el país de origen, es del verbo rico. Lo raro es que sugieran comerlo en pan de molde, siendo que amasado (como fue este caso) o frica es mejor.

Lo otro: como aquí cuentan con una barra apta para solitarios y una carta de cervezas realmente buena, al final es uno de los mejores sitios para probar este Titanic de los sándwichs como debiera ser: solo mi alma. Eso sí, por favor, mejoren las papas fritas.

Constitución 92, 2489412. $4.300.

Por Esteban Cabezas.

   
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