lunes 24 de enero de 2011  
Del empleado permanente al temporero actual:
La transformación del trabajador agrícola
 
El trabajador permanente en los campos está en extinción, los temporeros representan más del 60% de los asalariados agrícolas y su número casi se ha duplicado en la última década. Especialistas plantean a futuro el renacer de un tipo de empleado fijo, pero muy especializado.  

Andrea Ortega Carreño 

Los empleados permanentes son cada día menos vistos en la agricultura nacional. Son una especie en extinción. Los costos de mantenimiento y la transformación de sectores rurales, en ciudades agrourbanas, han convertido hoy al temporero en una figura clave para trabajar la tierra.

La agricultura clásica, la del fundo con empleados que vivían ahí todo el año, con relación cercana y una vida que se desenvolvía en torno a la misma tierra parece haber quedado en el pasado. La imagen tradicional fue desplazada por un sistema industrializado, con puestos de trabajo estacionales y lejanos.

"Para muchos la tendencia recién se comienza a percibir, pero el agro es mucho más moderno que otros sectores productivos, sólo que un prejuicio impide su reconocimiento", explica el doctor en sociología y docente de la Universidad de Chile, Manuel Canales.

A lo que se refiere es a los veloces cambios que se han producido en el agro en los últimos 40 años, que hoy implican que periódicamente se renueven los rubros y los mercados, al pulso de la economía. Es una agricultura globalizada, que genera nuevas formas de trabajo y de vida.

"La disminución de los empleos permanentes y el aumento en el trabajo temporal son una tendencia mundial que va de la mano con la modernización de la agricultura, su tecnología y las estructuras de cultivo estacional", afirma Fernando Soto, director de Políticas de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

En este nuevo panorama laboral, Canales afirma que el sector rural está estabilizado. En cantidad de personas sigue siendo el mismo que 50 años atrás. Se ha mantenido por generaciones. Esto se debe a que antes la ruralidad era una condición de vida para todos los trabajadores del agro. Hoy no es así, los empleados son asalariados por temporada, migran de un campo a otro buscando oportunidades y han desarrollado ciudades agrourbanas, hacia donde la gente migra en busca de empleo, explica el sociólogo de la U. de Chile.

Otras voces, como la de Jorge Echeñique, investigador de la Consultora Agraria, coinciden en el estancamiento del sector y en lo mal mirada que es la actividad del campo, donde los trabajadores prefieren otras actividades en las ciudades, incluso con menor ingreso y calidad de vida.

"La ruralidad va disminuyendo a medida que el crecimiento económico va creciendo. Por ejemplo, en Canadá, lo rural ya está estabilizado en cerca de 15% hace años", comenta. 

El nuevo trabajador del campo

En el nuevo campo los temporeros son la fuerza laboral campesina y los números lo comprueban.

"El 60% de los asalariados agrícolas son temporales y casi se han duplicado en la última década. Esa tendencia ha sido acompañada por una mayor incorporación laboral de las mujeres. De hecho, el 90% del empleo femenino tiene carácter temporal y más de la mitad reside en áreas urbanas", afirma Soto.

Tres factores fundamentales explican la proliferación de temporeros, según Gustavo Rojas, director nacional de Odepa.

"La legislación laboral chilena está muy orientada hacia la industria y no a la agricultura, por lo que entrega demasiados beneficios al trabajador permanente que encarecen los costos del sector. Además, la mano de obra si es permanente indica que hay trabajo todo el año, pero la agricultura es estacional. Y finalmente, el trabajador se especializa y en el campo la capacitación es menor, por eso se pierde la posibilidad de contar con gente permanente", dice.

Sin embargo, el cambio también tiene beneficios. Rojas explica que uno de ellos es que la mujer puede incorporarse al trabajo de temporada, apenas sus hijos salen del colegio. Esto le permite contar con mayores ingresos para la familia. 

Las deudas del agro

El principal problema que ve hoy la FAO es que el aumento en la productividad agrícola, que ha tenido la mayoría de los cultivos y la ganadería, no está siendo proporcionalmente transmitida a los salarios agrícolas, que en términos reales, tienden a mantenerse estancados.

"En la mayoría de los países no se paga el salario mínimo, hay poca formalización de los empleos, escasa cobertura social, elevadas proporciones de trabajo infantil y escasos niveles de organización de los empleos", afirma Soto.

Todos estos problemas se explican por la falta de políticas públicas y fiscalización en el cumplimiento de la normativa laboral, lo que a su vez mantiene a los trabajadores del agro estancados y sin posibilidades de surgir. Situación que, según la Cepal, se repite en toda la región latinoamericana, y que atenta contra la producción y exportación de alimentos, que necesita de mano de obra cada vez más calificada. 

El agro que viene

Los expertos coinciden en que el agro no volverá a ser el mismo. Rojas afirma que esta nueva agricultura será mucho más industrializada y con dueños más cercanos al trabajo en terreno, pero a través de nuevas tecnologías. El trabajo que primará será con el uso cada vez mayor de maquinaria, donde la especialización y capacitación del trabajador será vital.

Además, esta agroindustria podría representar nuevas oportunidades de negocios, con el surgimiento de innovadoras compañías.

"Se verá el nacimiento de empresas dedicadas a proveer a los campos de capital humano especializado y capacitado ante las nuevas demandas del sector", dice Echeñique.

Todo lo anterior ha hecho surgir todavía a nivel muy primario una nueva forma de trabajo permanente. Para Jorge Echeñique es una tendencia que viene: "Las empresas más modernas y eficientes hoy nuevamente incrementan el número de trabajadores permanentes para especializarlos y capacitarlos. Este empleado pasa a ser una figura mucho más central", concluye.

60% de los asalariados son temporales y se han duplicado en la última década, según la Cepal.

714.860 empleados trabajan en los sectores agricultura, ganadería, caza y pesca, según la nueva Encuesta de Empleo del INE.

Hasta 75% menos puede ganar un temporero, en comparación a un trabajador permanente, indica la FAO.

73,5% de los trabajadores del agro gana menos de $240 mil, plantea un estudio de la Dirección del Trabajo.

La agricultura está globalizada, renueva los rubros de forma constante, al pulso de la economía mundial.

Hoy, las empresas más modernas optan por empleados permanentes para especializarlos más. 

 Cómo recuperar lo tradicional

Los cambios también podrían afectar las tradiciones campesinas más clásicas. "Se pierde el arraigo a la tierra y eso puede tener lecturas positivas y negativas. Por la parte de la ruralidad y las tradiciones es negativo", afirma Gustavo Rojas.

Si bien, habrá cambios sustanciales, lo más típico del campo seguirá arraigado sobre todo en los sectores populares. "Los trabajadores del campo seguirán siendo parte de las tradiciones, pero no del estereotipo clásico, sino que con sus comidas típicas, sus domaduras y trajes que utilizan a diario", dice Manuel.

Lo que quedaría por hacer como país es incentivar a través de la cultura la conservación de las costumbres. "Realizar fiestas, concursos de cuentos rurales, cocina de campo, premios a la música tradicional. En la medida en que se le dé espacio, esto podrá mantenerse", explica Jorge Echeñique.

Un fenómeno que se da en los países más avanzados es que la misma gente busca acercarse a lo rural. "El habitante de la ciudad busca lo rural y la parcela de agrado, como segunda vivienda, es una forma de hacerlo.
En Europa es un fenómeno común", explica Echeñique.

Andrea Ortega Carreño.

   
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