Exposición internacional de las colecciones de la OEA y del BID:
Arte americano en el Cultural de La Moneda

Waldemar Sommer 

Más de 200 obras -grabado, pintura, alguna escultura y una instalación- está mostrando el Centro Cultural palacio la Moneda. Pertenecen a las colecciones del Museo de las Américas de la OEA y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con sede en Washington. Esta última institución proporciona, en general, las mejores piezas. Salvo Canadá, todas las naciones americanas se hallan representadas. Dentro de lo expuesto pueden constatarse los ecos de las principales tendencias del siglo XX. Desde luego, unos países llevan a cabo la empresa con mayor fortuna que otros. Así, suelen constatarse dos situaciones extremas: nombres ya muy valorizados internacionalmente, pero que aquí no entregan lo más valedero de sí mismos, y a artistas poco conocidos y valiosos. Tampoco faltan, felizmente, trabajos excelentes de autores famosos. Valga realizar nuestro análisis de acuerdo a un ordenamiento por naciones.

Venezuela, de ese modo, se hace admirar por sus dos grandes geómetras, que conducen el op art por sendas fecundas. Por ejemplo, en "Fisicromía", de 1977, Carlos Cruz-Diez nos maravilla con la cambiante movilidad de sus mil colores, los que van entregándose mientras caminamos frente a ellos. A la misma década pertenecen dos de Jesús Soto, plenos de delicadeza e intensidad dinámica. Asimismo, un compatriota de ellos mucho menos famoso, Alejandro Otero, nos proporciona la vibración óptica de su geometría en rojo. Radical diferencia con los autores anteriores demuestra el atractivo "Laberinto" gráfico de Alexander Apóstol y su toque conceptual. Colombia es otra república americana dotada de artistas destacados. Cuatro esculturas espléndidas de Negret encabezan la lista. En especial, la evocadora magia de su surrealismo abstracto alcanza la máxima tensión en esas verdaderas joyas que resultan "Máscara Teotihuacan" (1998) y el vigor floral del rojo "Sol" de 1985. También entre los colombianos tenemos a Obregón y la expresividad dramática de "El estudiante muerto" (1965); a Ramírez Villamizar, con un carboncillo abstracto de mediados de los 50; a Luciano Jaramillo, cuya nueva figuración plasma un volátil "Simón Bolívar"; a M. Elena Castro y su fotografía de inquietante significado; y a un acá menos atractivo Manzur.

EE.UU. se hace presente con celebridades como Warhol, Rauschenberg y Motherwell, los tres con productos mediocres. Mejor representados se encuentran Lichtenstein, pero sobre todo Longo, cuyo par de litografías explota la naturalidad gestual de sus danzantes. Asimismo, brilla la magnificencia burlona del cómic en dos escenas de Keith Harring. Los importantes cubanos de ayer y de hoy, Lam y Bedia, exhalan sortilegio caribeño en sus personales grabados; Peláez y el medio chileno Carreño los escoltan. Si bien, de México concurre a través de los conocidos Tamayo, Toledo, Cuevas, Dr. Atl, Orozco, Alfaro Siqueiros, los traviesos esqueletos de José Guadalupe Posadas parecieran conquistar la mayor vitalidad genuina.

Dos contribuciones novedosas atraen con su individualismo fructuoso: el guatemalteco Luis González Palma y el dominicano Tony Capellán. La fotografía intervenida y reiterada del primero -leve alusión a Mantegna, acaso- alcanza una plenitud formal y expresiva que la convierte en una de las imágenes más poderosas de la exhibición. Respecto a la instalación del segundo,"Mar Caribe", sus verdes y azules zapatillas con alambres de púa logran el máximo efecto visual mediante los materiales más simples.

Pocos testimonios brasileños hallamos. Aunque no falte Portinari, más estimulantes aparecen Regina Silveira -espacial distorsión gráfica de un alfiler de gancho- y el encanto ingenuo de Antonio Da Silva. Por el contrario, los argentinos abundan. Probablemente sus momentos más granados se alcanzan mediante las luces misteriosas de Le Parc, la imaginería burlona de Seguí -bien "Mucha gente" y "Notre Dame" junto al río-, el trío de arlequines picassianos de Pettoruti. Porter, Benedit, Polosello, De la Vega y Berni los acompañan. De Perú hay algunos De Szyszlo; en la extensa pintura "Los visitantes de la noche" tendríamos el mayor exponente de sus cualidades. Agreguemos también la comparecencia de los uruguayos Figari -típico panorama de 1935-, el opulento Diego Masi y Rimer Cardillo; de la boliviana M. Luisa Pacheco; del salvadoreño Roberto Galicia; de los haitianos Telemak y Jean-Gilles. De Chile se exponen dos obras de Matta: una pintura de 1958 de una menor complejidad formal que trabajos suyos de esa época y el portafolio "Verbo América" con su intenso dinamismo espacial. Entre los chilenos tampoco podía estar ausente Downey con buenos grabados con color de 1965 y Matilde Pérez. Enseguida anotemos una preciosa naturaleza muerta de Couve y el dibujo acertado de Garreaud; Benmayor, sin duda, está mal representado.

Arte en América

Colección Museo de las Américas de la OEA y del BID

Centro Cultural Palacio La Moneda

Fecha: Hasta el 24 de abril

 


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Verbo América Pintura de Matta, uno de los chilenos presentes en esta muestra.
"Verbo América" Pintura de Matta, uno de los chilenos presentes en esta muestra.
Foto:BID/OEA

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