viernes 18 de marzo de 2011  
 
El gusto por la comedia chatarra
 
El debutante Sebastián Badilla y los fogueados Pablo Zúñiga y Fernando Larraín rescatan en la película "El limpiapiscinas" el clásico humor absurdo chileno. Ese que casi ha desaparecido del cine y la TV y que tanto se extraña. Aquí, desde el corazón de un local de comida rápida, estos tres nuevos reyes del humor explican su fórmula secreta.  

Emilio Contreras y Ernesto Garratt 

Sebastián Badilla (19) está impaciente afuera de un local de comida rápida de calle Huérfanos, y no espera a que lo atiendan. Ya no es el mejor exponente de un restaurante como este: su baja de peso asombra, y la foto del gordito con lentes del afiche oficial de "El limpiapiscinas", su primera película en cines luego de escribir y dirigir 14 cortometrajes en apenas 5 años, parece el recuerdo superado de una adolescencia repleta de golosinas, aminoácidos y poca actividad física. La vida de Badilla es rápida, casi tanto como la comida que venden a su espalda.

"No conozco una discoteque, pero sí 'Interiores' de Woody Allen", dice el actor, productor y guionista más precoz de la escena cinematográfica nacional.

A los 9 años compró una colección en VHS de las películas de Jerry Lewis, y los fines de semana, en almuerzos familiares, no era raro verlo irrumpir en el comedor de la casa, caracterizado, para interpretar uno de los sketches del comediante norteamericano. Eran los primeros tramos de un camino que lo llevó a filmar cintas caseras y otras no tanto, como "Repitente", un cortometraje que el 2008 aterrizó en el Festival de Cannes en la muestra Short Film Corner como la única producción nacional en la edición de ese año.

Pero ahora, "Sebadilla"  su nickname de twitter y apodo espera. Por estos días sus compañeros de reparto en "El limpiapiscinas" están ocupados. Fernando Larraín (48) aún no acaba con la transmisión de su programa de radio desde el local de comida chatarra, y Pablo Zúñiga (38), hoy nuevo notero de la décima temporada de "CQC" -que se estrena este domingo por Mega-, tampoco. "A Pablo lo conocía de antes, trabajé con él en 'Animal nocturno', como su guionista. Y a Fernando no lo conocía cuando lo involucré seriamente en la película. Me siento afortunado de que personas con gran talento y trayectoria hayan confiado en un proyecto mío. En mí, un niño", dice Badilla. Y más aún: Es bien increíble que hayan aceptado participar sin un sueldo fijo, sino que bajo la premisa-promesa de una remuneración a corto plazo, a medida que avanzara el proyecto.

"El limpiapiscinas" -se estrenaba ayer con 20 copias- cuenta la historia de Gustavo Ortiz (Sebadilla), un adolescente ABC1, que se ve obligado a trabajar para financiar sus estudios a causa de la crisis económica de sus padres (Fernando Larraín e Ingrid Isensee). Aquí Gustavo ve la oportunidad de acercarse a Nicole Ivanov (Denise Rosenthal), la compañera de colegio que nunca lo tomó en cuenta, aconsejado por el Dios del Agua (Pablo Zúñiga), un surreal personaje que se pasea en zunga derrochando conocimientos sobre los juegos de seducción.

La fórmula funciona (ver crítica de Antonio Martínez). El chico sabe cómo hacer reír, pero sus dos escuderos en esta entrevista conocen ese secreto desde hace más tiempo.

- Pablo y Fernando: ¿Qué ocurrió con ustedes cuando les presentaron la idea? ¿Cómo se tomaron esto de que su potencial jefe sería un joven de 19 años?

Pablo Zúñiga: "Mal. Lo asumí como un retroceso en mi carrera (risas). Generalmente uno apuesta a que el jefe sea mayor y que haya cierta distancia, como el código del jefe antiguo".

Fernando Larraín: "Me llamó para contactarme, yo dije que sí, pero luego vi aparecer a este cabro, el Seba. Y dije: 'ok, estoy metiéndome en un proyecto universitario, no le voy a hacer el quite'. Y lo escuché y lo vi súper aterrizado. Lo otro que me aterrizó fue el guión: no sé por qué tuve la imagen de Tim Burton y 'El joven manos de tijera' por todo esto de los mundos que él crea, de suburbios, de un vecindario, de gente normal. Me entusiasmó tanto la idea de que era él quien estaba destrás de esto que me fui a una plaza a leerlo inmediatamente. Quería saber de qué se trataba".

P.Z.: "Yo coincido en eso del hombre manos de tijera: Esta historia es sencilla, no hay efectos especiales, pero sí un buen trabajo en el guión".

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Sebadilla lleva en su mano izquierda la pulsera energética del actor de películas de artes marciales, Marko Zaror, y más tarde, con un cartón de Kino en la mano derecha, reconocerá que está nervioso por el estreno del largometraje y que todos los intentos valen para que le vaya bien. "Si me gano el Kino, compramos 2 mil entradas y le ganamos a Boris Quercia", ríe.

- Sebastián, tienes ahí la pulserita de los poderes ¿nervioso?

S.B.: "Tengo que ocuparla, si no Marko me pega".

P.Z.: "Pero ¿quién es Zaror? Es que no le puedes tener miedo a Marko Zaror. Yo he tocado a Marko Zaror, y es blandengue. Eso es lo que te vende el cine. Él no le pega a nadie".

Fernando Larraín mira a Badilla con preocupación, como un padre que sabe que su hijo de 19 años se acaba de meter en un gran lío.

F.L.: "Marco va a leer esto y te irá a buscar".

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Para fortuna de Sebadilla, es probable que Marko se confunda y le pegue a otro. La comparación entre Sebastián Badilla y Nicolás López es algo de todos los días: los dos usan lentes, los dos fueron adolescentes robustos, los dos eligieron una vida de adultos cuando aún llevaban puesta la corbata del colegio. A los 21 años, Nicolás López estrenó su primer largometraje, "Promedio rojo", con Fernando Larraín en el elenco.

F.L.: "Es muy parecido al momento en que está Sebastián, pero ahí (en 'Promedio rojo') había todo un grupo que venía desde España: productores. Nicolás tenía la idea, pero cada paso que daba era marcado por este grupo de españoles que estaba detrás de la película, entonces él no daba un paso sin que estuviera el visto bueno".

P.Z.: "Yo te puedo hablar de Nicolás, digo, de Sebastián (risas). A Sebadilla le carga que lo comparen con López, lo dejó advertido... Pero en serio. Él es un ejemplo para muchos jóvenes que siempre están diciendo: 'quiero hacer películas, quiero cambiar el mundo'. Él hizo un guión, juntó auspiciadores, nos embaucó, e hizo una película que estará en todas las salas de cine del país".

S.B.: "Siento un halago de que me comparen con Nicolás de tú a tú, después que él ha hecho tres películas y lo cachan internacionalmente. No me molesta, pero creo que es una comparación errada. Claro, partimos jóvenes, pero lo mío va absolutamente por otro lado: él hace películas más de autor, cine-comedia desde su visión; lo mío es mucho más comercial, apunta para un lado mucho más cómico de frentón, como Jerry Lewis".

Tanto Fernando Larraín como Pablo Zúñiga son cultores de ese humor absurdo y sin una aparente planificación de por medio. Son seguidores de la comedia espontánea, improvisada, y sus risibles salidas y chistes en "El limpiapiscinas" reflejan esa vieja escuela. "Los chilenos somos un pueblo muy divertido que no se ha dado cuenta de esa virtud en estas décadas", teoriza Fernando Larraín. "Y creo que el cine ha ido por un lado y la comedia por otro. Entonces lo que hay que hacer es aunar puntos, hacer buenos guiones, y el humor está. Estamos llenos de situaciones. En la década del 70 gente como Julio Jung, Jaime Celedón, monstruos actorales, fueron capaces de improvisar situaciones absurdas y para qué hablar de Andrés Rillón".

P.Z.: "Durante mucho tiempo se ha catalogado que la comedia en el cine chileno tiene que ser bien popular, con harto doble sentido. Yo creo en el humor inteligente, sin apelar a esos ingredientes. Me gusta ese humor absurdo, como lo que nos pasó en la filmación, donde hicimos la escena en una tienda, y llegó carabineros varias veces porque vecinos reclamaron de que había un degenerado adentro. Y todo era porque yo estaba con zunga. Esas cosas generan humor, y si el cine las rescata son mejores que mostrar a una mujer pechugona diciendo, 'oh me da los dos melones"'.

F.L.: "En el cine chileno el humor está, hay que encontrarlo. Hay muchos momentos de gran acierto, en muchas películas: 'El chacotero sentimental', 'Sexo con amor', etc., de los cuales mucha gente se ha sentido identificado. Hay que generar en este país la instancia de hacer más cine".

P.Z.: "Pese a que la película no busca ser 'shistosa', así, con 'sh', tiene mucho humor que surge en las grabaciones. Hay escenas chistosas de Fernando, que es actor y todo, pero también me dan risa los que no son actores; un poco lo que pasaba con 'Plan Z' antiguamente, que la mayoría actuaba mal. No hay una búsqueda ansiosa por ser divertido, y esto se complementa con historias que a uno lo enganchan: uno quiere saber si este gordito loser de verdad cree que limpiando piscinas va a poder llegar a Denise Rosenthal".

S.B.: "Con esta película me propuse siempre mezclar el humor con el cine chileno. Esta es una de las pocas películas que está casi ciento por ciento protagonizada por actores o comediantes que dominan el lenguaje de la comedia. Están Pablo y Fernando, Pato Pimienta y Juan Pablo Flores, de 'El club de la comedia', está Felipe Avello. Hay una carga de humor muy presente y que tiene como objetivo mezclar estos dos bandos. Mezclarlos y ver qué pasa con eso".

Sebadilla ya está escribiendo su segundo largometraje, en el que piensa volver a trabajar con Fernando Larraín y Pablo Zúñiga. ¿El género? El mismo: comedia popcorn y humor absurdo y masivo. Como una hamburguesa con papas fritas y bebida doble.

 

Emilio Contreras y Ernesto Garratt.

   
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