sábado 19 de marzo de 2011  
 
Desafío a la eternidad
 
A un año del terremoto la administración del Cementerio General reparó la totalidad de los inmuebles a su cargo. El problema son los más de treinta mausoleos particulares que están en peligro de derrumbe en el casco histórico, cuya reparación depende de las familias y del permiso del Consejo de Monumentos Nacionales.  

TEXTO, PAMELA DE VICENZI TORRES En sus 189 años, el Cementerio General ha resistido sismos de diversa intensidad; movimientos que han puesto en serio riesgo a numerosas construcciones, sobre todo a aquellas de carácter patrimonial. Y es que un tercio de su superficie corresponde al casco histórico -declarado Monumento Nacional en 2009-, zona donde se emplazan mausoleos que datan del siglo XIX, y que acoge a ilustres personajes de la historia nacional. 

El terremoto del año pasado generó importantes daños a nivel estructural y de fachada en distintos sectores, pero naturalmente el sector fundacional fue, otra vez, el más perjudicado. Sufrieron gran deterioro la entrada principal; las antiguas columnatas que rodean el acceso por avenida La Paz; la capilla Católica y el primer edificio de nichos, en estilo Gótico. Sin embargo, todo eso ya fue reparado. Es que se trata de edificios públicos que sólo dependen de la administración del cementerio, no como las construcciones particulares, cuyas intervenciones deben hacerse previa autorización de sus propietarios o descendientes. Y no siempre es fácil contactarse con los deudos. 

Dentro de esta zona histórica hay cuatro inmuebles destruidos y 30 bajo amenaza de demolición. Por ejemplo, Manuel Arriarán, quien fuera benefactor y director del cementerio durante más de dos décadas, estaba sepultado en un mausoleo que hoy se encuentra en ruinas, y sigue así en espera de que algún particular se haga cargo, ya que él no tiene descendientes vivos. El mismo deterioro sufrió el mausoleo de los Matta, encabezado por Manuel Antonio -fundador del Partido Radical-, quien falleció en 1892. Los restos de todos quienes allí descansaban debieron ser trasladados, aunque en este caso fue la familia quien se hizo cargo. También el sismo hizo colapsar el ecléctico mausoleo del ministro Macario Vial Guzmán, así como el de algunos presidentes, entre ellos Aníbal Pinto y Ramón Barros Luco, y todos están a la espera de ser reconstruidos. 

Si bien este último terremoto fue severo, no fue tan devastador para el cementerio como el de 1985. Entonces sí hubo pérdidas significativas, como el Panteón de Disidentes, que tras su derrumbe desapareció quedando sólo el patio del mismo nombre. También una esquina del Pabellón Gótico quedó en el suelo, aunque posteriormente, esa parte fue vendida a otra familia. Ésta edificó en el lugar siguiendo un estilo más contemporáneo, y así rompió la estética del primer pabellón de nichos existente. Algo similar ocurrió con la tumba de Manuel Baquedano, cuya base sostenía una columna y una magnífica estatua. Al no resistir la fuerza del sismo, se derrumbó, y aunque se reconstruyó, no se hizo de acuerdo al estilo original. 

Las intenciones de reparar los daños en la zona histórica del Cementerio General después de aquel 27 de febrero siguen vigentes, pero desde su declaración como Monumento Nacional, la administración tampoco puede intervenir sin la autorización de Consejo de Monumentos. 

Según el director del camposanto, Tulio Guevara, se han tomado diversas precauciones, pero hay aspectos en los que no tienen injerencia. "Hemos cercado los terrenos, pero no removimos los elementos ornamentales, de modo que a futuro el Estado o particulares se interesen en restaurar con esas piezas originales. Si el mausoleo se derrumbó y no hay parientes, lo que podemos hacer nosotros, legalmente, es limpiar y esos terrenos vuelven a quedar en nuestras manos", explica. Sin embargo, Guevara prefiere mantener los sepulcros intactos, "porque creemos que es una muestra del compromiso que tenemos con la restauración de la zona que es Monumento Nacional".

De acuerdo a los artículos 40 y 43 del Reglamento General de Cementerios, el cuidado y mantención de las tumbas es responsabilidad de los familiares. En caso de cualquier deterioro, la administración debe contactar a los deudos por todos los medios posibles. Después de este procedimiento, si no aparece nadie, el reglamento permite suspender el derecho de uso, hacerse cargo de su reparación o expropiar el terreno. En el caso del casco histórico, todo proceso debe estar bajo la supervisión del Consejo de Monumentos. Al respecto, Oscar Acuña, su secretario ejecutivo, afirma que ante la enajenación de un terreno, el nuevo adquirente "debe asegurar su recuperación y la intervención debe ser aprobada por nosotros para que sea válida".

Antídoto contra la muerte  

A principios del siglo XIX se quiso evitar que los fieles católicos fueran sepultados en las iglesias, y también dar cabida a los difuntos de diversas religiones. Así nació el Cementerio General en 1821, aunque tuvo que pasar mucho tiempo antes de que desapareciera la distinción de credo en el recinto.

Entre 1880 y 1930, período de gran riqueza para el país en virtud del salitre, aparecieron los primeros mausoleos de valor arquitectónico. Eran edificaciones de gran tamaño y de diversos estilos, desde imitaciones de capillas góticas y clásicas, hasta inspiraciones eclécticas, en donde se aprecian manifestaciones de distintas culturas del mundo.

Estas construcciones daban cuenta de un perfil de gente cuya visión de la muerte estaba ligada a la trascendencia. Es posible observar la iconografía que los ornamenta, y encontrar columnas, bustos, vírgenes, ángeles, seres mitológicos, antorchas y otros símbolos religiosos o de instituciones estatales. Las edificaciones convirtieron al cementerio en una réplica de ciudad, con calles, arboledas, plazas, fuentes... y entre ellas hasta hoy llaman la atención estructuras que imitan iglesias, pagodas, palacios e incluso pirámides mesopotámicas. La última voluntad de los fallecidos se hizo presente en esta galería tan diversa, antes de que la modernidad y la economía minimizaran la creación original en meros edificios funcionales de nichos.

Como parte de su proceso de titulación, Tomás Domínguez realizó una investigación sobre la influencia extranjera en la arquitectura santiaguina del siglo XIX. Uno de sus destinos fue el Cementerio General y desde entonces hizo de ese lugar su objeto de estudio. Hoy sus energías se centran en legalizar y financiar la Fundación Ciudad Eterna, cuyo objetivo es otorgar protección a todos los camposantos históricos del país. Además, fue él quien solicitó la declaración de Monumento Nacional para el casco histórico del Cementerio General. 

Los estudios que realizó después del último terremoto arrojaron que más de 300 piezas arquitectónicas sufrieron todo tipo de daños. De ellas, 220 presentaron fallas estructurales, pero sólo 21 han sido reparadas. 

Actualmente, Domínguez trabaja junto a los descendientes de Claudio Vicuña en la reconstrucción de la última morada de este destacado diplomático, quien fuera el propietario del Palacio La Alhambra. Su mausoleo -inspirado en la cultura del Medio Oriente- es una de las edificaciones más imponentes del cementerio. Su reconstrucción y mantención son caras, y por ello la familia busca ayuda económica a través de la Ley de Donaciones Culturales, e intenta, a través de la Cancillería, contactar a instituciones extranjeras dedicadas a la preservación del Islam en otros continentes. 

Domínguez ha dedicado años a la defensa de los cementerios históricos del país, y está consciente de que no sólo se necesitan arquitectos, permisos y fondos, sino también expertos en tratar materiales antiguos como la piedra. "Hay un discurso cultural que tiene que ver con las creencias sobre la idea de la trascendencia y la esperanza. Esta arquitectura busca darles un segundo cuerpo imperecedero a las personas cuando fallecen. Es como un antídoto para combatir la muerte", reflexiona Tomás.

A juicio de este arquitecto, egresado de la Universidad Católica, la pérdida patrimonial que generan los sismos alcanza tanto a las familias como a quienes visitan regularmente esta necrópolis. "Es beneficioso para todos que el cementerio mantenga sus antiguos mausoleos. Somos usuarios; venimos a pasear, a sacar fotos, a aprender", afirma con la convicción de que logrará la protección necesaria para impedir la desaparición de este patrimonio arquitectónico.
 

TEXTO, PAMELA DE VICENZI TORRES.

   
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