Entrevista De visita en Chile
Mario Vargas Llosa: "La literatura es el complemento indispensable de la historia"

Sólo tres días estuvo el escritor peruano en nuestro país. Entre múltiples actividades, se dio el tiempo para hablar en profundidad de su libro más reciente, "El sueño del celta", publicado en medio de la exaltación que causó su Premio Nobel.  

María Teresa Cárdenas 

A estas alturas de su carrera y con todo el prestigio ganado, sólo un acontecimiento podía eclipsar la aparición de un nuevo libro de Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936). Y éste ocurrió el 7 de octubre de 2010, cuando a muy temprana hora el secretario de la Academia Sueca lo llamó para comunicarle que, esta vez sí, el Premio Nobel era para él. Casi al mismo tiempo, empezaba a circular "El sueño del celta", una novela en la que recrea la figura de un controvertido personaje histórico, el irlandés Roger Casement (1864-1916), quien murió en la horca, acusado de alta traición por la Corona británica.

Pero aunque el libro entró rápidamente a las listas de los más vendidos -en nuestro país lleva 23 semanas oscilando entre el primero y el segundo lugar-, poco se habló de él en las innumerables entrevistas o declaraciones que a partir de ese momento dio Mario Vargas Llosa a todo el mundo. Porque si ya era un referente en el campo literario y también en el político, el Nobel lo convirtió definitivamente en una voz autorizada para responder toda clase de preguntas.

El escritor Vargas Llosa, sin embargo, confía en que será "una experiencia pasajera" y espera el momento en que se anuncie el nuevo Premio Nobel para que atraiga "toda esa curiosidad invasora" y le devuelva un poco su libertad. En el intertanto, se esfuerza por preservar "ese tiempo precioso" que dedica a escribir, leer, investigar, tomar notas. Así, a pesar del acoso y la presión mediática, ya anuncia un nuevo libro, "La civilización del espectáculo".

Hace varios años, en cambio, dijo que al cumplir los 70 escribiría unas "Memorias irreverentes". Pero el pasado 28 de marzo alcanzó los 75 y de las memorias aún no hay señales. "Vamos a esperar hasta los 80", dice en medio de una carcajada al empezar esta entrevista. Y puntualiza: "Espero mantener la irreverencia cinco años más". Una irreverencia que el joven Mario Vargas Llosa reveló en la década de los sesenta, subvirtiendo el orden literario con sus temáticas y también con el lenguaje. Años de "La ciudad y los perros", "La casa verde" y "Conversaciones en La Catedral", probablemente las obras maestras del boom latinoamericano, ese movimiento que compartió con su entonces amigo entrañable, Gabriel García Márquez. La distancia que impuso entre ellos la vida o un confuso episodio, no es obstáculo, sin embargo, para que Vargas Llosa cite públicamente a "Cien años de soledad" entre otras obras maestras ya no sólo del boom, sino de la literatura universal, como "Los miserables" de Victor Hugo y "Madame Bovary", de Flaubert.

Más fantasía que historia

En vez de memorias, entonces, la gran apuesta de esta etapa de su vida es la novela sobre Roger Casement, en la que también se intuyen los sueños -y pesadillas- del peruano Mario Vargas Llosa.

-En este libro parece haber ido más allá en el registro histórico que en obras anteriores, y construye una especie de biografía novelada.

"No es una biografía novelada, es una novela. Quiero decir, hay más fantasía e imaginación que memoria histórica. He respetado ciertos hechos básicos de la historia y también de la biografía de Roger Casement, pero he añadido muchos elementos que vienen de mi imaginación, de mi fantasía".

-¿El personaje en sí mismo le pareció literario?

"El personaje es muy atractivo desde el punto de vista de la literatura, porque tiene una vida extremadamente rica, aventurera y al mismo tiempo contradictoria. No es uno sino varios personajes dentro de una misma biografía, y eso ilustra muy bien esa cita de Rodó que yo pongo como epígrafe: un hombre es todos los hombres. Se puede ser muchas cosas y muy contradictorias dentro de la misma personalidad y yo conozco pocos personajes que ilustren tan bien esa idea como Roger Casement".

El encuentro de Vargas Llosa con Casement fue casual, pero definitivo: "Lo descubrí leyendo una biografía de Conrad, que es un autor que admiro mucho -recuerda-. Cuando él estuvo en el Congo, la primera persona que conoció fue Roger Casement, que ya llevaba ahí ocho años y que fue importantísimo para que Conrad viera lo que realmente estaba ocurriendo en la colonia belga, algo que era muy distinto de lo que la mitología, la leyenda había creado: la idea de la colonización como una gran empresa civilizadora, cristianizadora, que llevaba la modernidad a pueblos primitivos".

-Aquí, Conrad lo reconoce incluso como coautor de 'El corazón de las tinieblas', ¿es una licencia suya o en alguna parte lo dijo?

"En la correspondencia entre ellos, Conrad siempre le agradece mucho a Casement, le dice usted me abrió los ojos, lo compara con Bartolomé de las Casas. La obra la escribió Conrad, por supuesto, pero el material se lo dio una experiencia que en gran parte vivió gracias a Casement, que conocía muy a fondo y había tomado conciencia de la verdadera cara de la colonización, del horror que era la vida ahí para los pueblos primitivos. Además, entre ellos se estableció una relación de amistad muy estrecha que termina cuando Casement colabora con los alemanes pidiéndoles ayuda para la independencia de Irlanda".

-Usted dice que la Historia pretende ordenar hechos que siempre son caóticos y que de alguna manera es una fabulación con afanes de ciencia. ¿Cree que hay una frontera menos clara entre ella y la literatura?

"Sí, efectivamente. Yo creo que la literatura es el complemento indispensable de la historia. La historia no puede llegar sino a todo aquello que está documentado, pero una buena parte de las acciones humanas no lo está; hay toda una dimensión que podríamos llamar secreta, las intenciones, las fantasías, que están muchas veces detrás de las conductas históricas. Allí no puede llegar la historia pero sí la literatura. Por eso creo que son muy complementarias. Y eso se ha visto en la literatura, ¿no? Una parte importante de ella tiene sus raíces en la historia, y luego el tronco, la trama, en la fantasía. Escritores como Dickens, como Balzac, Tolstoi, Dostoievski, Victor Hugo, bueno, sin la historia no existirían y al mismo tiempo creo que ellos han enriquecido extraordinariamente todos los hechos históricos sobre los que volcaron su imaginación. En América Latina, un caso muy interesante es Carpentier".

-¿Hay una revalorización del realismo en la literatura después de las vanguardias y la experimentación?

"Yo creo que hoy en día no hay una tendencia dominante en la literatura, a diferencia de lo que ocurría hace algunos años, por ejemplo, en la literatura latinoamericana, en la que se podía hablar de una tendencia realista mágica, lo real maravilloso. Existe un abanico de tendencias, desde una literatura que continúa la tradición realista, una literatura experimental que está siempre viva, una psicológica, otra mucho más lúdica; una literatura ligera, light, que está también de moda. Hay una enorme diversidad y eso se puede considerar una expresión de la realidad, un reflejo de nuestra época".

-En "El sueño del celta" da la impresión de que en muchos aspectos usted habla a través del personaje.

"Yo trato, y justamente es la parte menos histórica, de introducirme en el personaje y ver lo que ocurre desde su propia intimidad. No ha sido fácil, porque aunque hay una documentación respecto de Casement, una buena parte de su vida está en la sombra. Ahí, hay que usar mucho más la intuición, la invención, que la investigación. Esa parte no solamente es la que me ha costado más trabajo, sino que ha sido la más creativa, donde he tenido que invertir más fantasía para llenar esos vacíos. Sí, creo que en esta novela, como en todas las que he escrito, al final mi experiencia es la materia más importante sobre la que he trabajado".

-¿Qué significó para usted esta vuelta a la Amazonía, después de haberla retratado en otras obras, como "Pantaleón..." y "La casa verde"?

"La selva es una zona que conozco muy bien. Y la manera como Roger Casement documentó los horrores de la explotación en las caucherías del Putumayo me impresionó profundamente, porque es curioso como a pesar de que hay muchos trabajos históricos, testimonios, documentos, nadie llegó a conocer tan de adentro como él lo que significó esa explotación. Los límites de crueldad a los que se pudo llegar y la destrucción que eso significó de comunidades enteras de indígenas es un verdadero genocidio. Lo mismo que se perpetró en el Congo, exactamente por las mismas razones: porque quienes explotaban gozaban de impunidad absoluta, no había ningún sistema legal que los frenara, que sancionara los crímenes. Roger Casement dio una batalla que en ese momento era realmente contra la corriente, contra fuerzas que parecían indestructibles. Y lo hizo con tanto coraje, con tanta inteligencia, que consiguió crear un movimiento de opinión. Yo creo que ese es uno de sus grandes méritos. Lo que él hizo, además, ponía en peligro cada día su existencia y su equilibro mental".

-¿Cree que la codicia es una constante en la historia del hombre?

"No es sólo la codicia; hay en el ser humano unos instintos que son profundamente destructivos; los creyentes llaman a eso el pecado original; los no creyentes, por ejemplo freudianos, hablan del instinto de destrucción y de muerte. Pero no importa cómo lo llamemos, lo que es un hecho es que cuando una persona goza de absoluta impunidad para la satisfacción de sus instintos, sean el deseo de poder, el afán de lucro, el apetito sexual, se convierte en un monstruo. Es una realidad que nosotros vivimos en nuestro tiempo. Una empresa que trabaja en un país en que existe una legalidad, actúa dentro de esa legalidad, porque si no lo hiciera sería sancionada. Esa misma empresa si actúa en un contexto donde la única manera de tener éxito es corrompiendo a ministros, pagando coimas, se amolda a esas reglas del juego, y en los campos de explotación puede llegar a los extremos monstruosos de la Amazonía o del Congo en la época del caucho. Siempre hay una tensión peligrosa entre ángeles y demonios, como decía Bataille. Esa es la realidad de los seres humanos y es bueno conocerla si queremos conocernos a nosotros mismos".

-Respecto de los controvertidos diarios de Casement, usted asume la tesis de que él inventó gran parte de lo que aparece en ellos, es decir, le atribuye la calidad de escritor.

"Exactamente, yo creo que hacía literatura. He pensado mucho sobre eso. Siendo homosexual en un mundo que todavía estaba marcado por la moral victoriana, estrictísima, implacable respecto de lo que era la normalidad, él debió vivir permanentemente asustado, acorralado, angustiado, tal vez avergonzado. Las aventuras que pudo tener seguramente fueron escasas, rápidas, nerviosas. Entonces, ¿cuál era su desfogue? Escribir esos diarios; allí vivía lo que en la realidad no podía vivir. Seguramente tuvo muchas experiencias; pero es imposible que tuviera todas las que documentan esos diarios. Él los escribió sin pensar en que se pudieran publicar. La mejor prueba es que cuando él se lanza a la aventura nacionalista, no los destruye. Lo lógico hubiera sido que los quemara. Esos diarios no estaban escritos para documentar nada, como sus informes, sus cartas".

-¿Un escritor siempre debe ser "incómodo", como usted se ha definido?

"La literatura debe suscitar preguntas, inquietudes y contradecir a quienes creen que el mundo está bien hecho. Entonces la función de un escritor no es defender lo que existe, es demostrar constantemente que el mundo no basta para satisfacer todos nuestros anhelos, nuestros sueños, nuestros apetitos. Las razones por las cuales un escritor puede expresar dudas, críticas, son infinitas, pero creo que esa insatisfacción es la razón de ser de la literatura y al mismo tiempo uno de los motores del progreso, del cambio".

 

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Foto:SERGIO LÓPEZ

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