Adiós a Gonzalo Rojas, voz fundamental de la poesía chilena

El escritor murió ayer a los 93 años. Su obra fue reconocida con el Premio Nacional de Literatura, en 1992, y con el Premio Cervantes, en 2003. El Gobierno decretó dos días de duelo nacional. Impulsor de los míticos encuentros de escritores latinoamericanos en Concepción, formó con generosidad a futuras generaciones de poetas. "¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios?", se preguntó Rojas, un eterno enamorado. Poeta del silencio y de la muerte, para él los versos fueron algo sagrado.  

Constanza Rojas Valdés 

Sílaba por sílaba descompuso y recompuso el idioma castellano. Sonriente, con boina y suspensores, impulsó una escena poética que no existía antes de él. Y fue poeta hasta sus 93 años. Por eso y mucho más, a Gonzalo Rojas Pizarro, quien falleció ayer luego de un infarto cerebral, hoy se le rinde homenaje como una figura esencial de la historia literaria chilena.

Nació en Lebu en 1917, como el séptimo de ocho hermanos. Su padre trabajaba en las minas del carbón de ese lugar, y murió cuando Gonzalo Rojas tenía tres años. A él, cuya ausencia lo marcará profundamente, dedica después el poema "Carbón": "Ahí viene/ embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso/ contra la explotación, muerto de hambre".

Cerca de los cinco años, en una noche de tormenta, escucha decir "relámpago" a uno de sus hermanos y con ese sonido nace su fascinación por las palabras. Aprendió a leer recién cerca de los ocho años y en un comienzo tartamudeaba. Para evitar la vergüenza ante sus profesores y compañeros en un exigente internado de Concepción, aprendió a sustituir unos sonidos por otros: así descubrió los juegos verbales que luego darían cuerpo a su poesía.

En este período que él denominaba "larvario" leyó intensamente a los clásicos griegos y latinos, a Rimbaud, Baudelaire y los españoles del Siglo de Oro. Sus primeras líneas las escribió a los 14 o 15 años, y a los 16, sus primeras composiciones poéticas.

Rigor y vigilancia

Al leer la "Antología de la poesía chilena nueva", de Anguita y Teitelboim, en 1935, comienza su relación con las vanguardias. También en esos años se deslumbra con la poesía de Neruda, especialmente con "Residencia en la tierra". En cambio, nunca se sintió atraído por las propuestas de Vicente Huidobro, a quien de todas formas admiraba. Tuvo un breve paso por el grupo surrealista de la Mandrágora junto a Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa. Él mismo se consideraría luego parte de la generación literaria de 1938.

Conoció el exilio, el que vivió en Alemania y Venezuela, y siguió de cerca el regreso a la democracia. Escogió Chillán como su hogar definitivo. En 1992 obtuvo el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y meses después el Nacional de Literatura. El Cervantes llegaría en 2003, como el máximo galardón para un escritor de habla hispana.

"Rojas conforma con Nicanor Parra los dos pilares que, tras Neruda, la Mistral, Huidobro y De Rokha sostienen todo el edificio de la poesía chilena reciente", escribió el académico Marcelo Coddou en el libro "Gonzalo Rojas. Obra selecta". Y este pilar fue construido sobre el rigor, la necesidad y vigilancia, como ha dicho el poeta y amigo de Rojas, Pedro Lastra. "Una de sus mayores lecciones fue que esos valores siempre se ponen a prueba en el poema", dice Lastra.

La poesía fue para Rojas una manifestación de lo sagrado, donde se conjugaba el amor, la muerte, y también el silencio. Citando a Martín Fierro, el poeta decía: "Acostúmbrense a cantar/ en cosas de fundamento". Justamente en la vereda opuesta de Nicanor Parra, quien llevó la poesía a lo cotidiano. Amigos y compañeros de generación, la distancia se fue imponiendo entre ellos al tiempo que crecía la rivalidad poética.

El mundo clásico y divino, una veta metafísica y una cargada de conciencia social, conviven también con el erotismo de un Rojas que se mantuvo enamorado hasta el fin de sus días. Así también, la sintaxis fue para él un terreno de juego, donde las palabras pueden revolverse y combinarse sin límites, hasta transformarse en nuevos signos. Rojas, amante de las esdrújulas, supo convertir adjetivos en sustantivos y sílabas en palabras.

Maestro

"Sólo un poeta como él pudo proponerse y realizar lo que apreciaremos alguna vez como la fundación del diálogo entre nosotros", escribe Pedro Lastra en el prólogo de "Con arrimo y sin arrimo", el último libro de Rojas, publicado por Editorial Pfeiffer.

Porque Gonzalo Rojas deja una huella en la memoria nacional no sólo con su poesía, sino también con la escena poética que creó e impulsó en los 60 con sus Encuentros de Escritores Chilenos y, luego Americanos, en la Universidad de Concepción. A ellos asistieron Ernesto Sábato, Nicanor Parra, Volodia Teitelboim, Carlos Fuentes, Pablo Neruda, Oswaldo Guayasamín, Mario Benedetti, Alejo Carpentier, y muchos otros.

Así como instauró el diálogo entre los escritores de la época, Rojas también mantuvo un rol fundamental como maestro de nuevas generaciones. Estaba consciente de lo que significaba ser poeta.

Y lo estuvo hasta el final. Sólo el infarto cerebral del 22 de febrero, que lo dejó en estado de sopor hasta su muerte, le impidió seguir recibiendo visitas, leyendo y, lo más importante, escribiendo.

 Figuras de la escena literaria lamentan su muerte

Ignacio Valente:

"Gonzalo Rojas fue más un poeta del cántico que del habla o del discurso ( song más que speech ), lo que significó ir, en buena medida, a contracorriente de la época. Fue un poeta del conocimiento, del eros, del tiempo y de la muerte. Fue un gran poeta de la sintaxis: la distorsionó hasta el límite, y a veces más allá del límite, pero siempre con suma habilidad".

Jorge Edwards:

"Lo conocí el año 58 en un congreso, y era como un hermano mayor. Tengo un gran recuerdo de él, era una muy buena persona, un verdadero poeta. Fue un escritor importante del postnerudismo y posthuidobrismo, muy original. Sobre todo me gusta su poesía del sur, de la infancia, del padre, su poesía evocativa. Además, fue muy conocido en el mundo hispánico, y dio a conocer la poesía chilena. Me entristeció la noticia".

Óscar Hahn:

"Para mí es una doble pérdida. Se va un poeta que admiré desde siempre y un amigo de muchos años. El poeta sobrevivirá, pero el amigo es irrecuperable".

José Emilio Pacheco:

"Creo que es un grandísimo poeta, alguien muy original, que no se parece a nadie y que tenía el mejor oído de la poesía española. Mi relación es de agradecimiento total con Gonzalo Rojas, por lo que me dio con sus poemas y también con esa amistad y ese apoyo muy raro. Un poeta no va a perder su tiempo con un joven como lo hizo él conmigo (cuando tenía unos 25 años)".

Carmen Caffarel , directora del Instituto Cervantes:

"Representa el inconformismo, la valentía y la búsqueda de nuevos lenguajes que lo convirtieron en uno de los más reconocidos poetas chilenos del último siglo, siguiendo la estela de gigantes como Neruda, Huidobro o Gabriela Mistral".

Mauricio Electorat:

"Hombre lúcido, abierto, espíritu crítico, poeta hedonista y místico al mismo tiempo, como su admirado Virgilio, del que le gustaba recitar sus versos. Poeta de la respiración y de la sílaba, y además, hombre cabal, reidor, generoso hasta la saciedad... Ha muerto uno de los mejores de entre los nuestros".

En homenaje a Gonzalo Rojas

Recuerdo su animada presencia hurgando entre anaqueles repletos de libros que sus ágiles dedos recorrían casi de memoria para detenerse en uno, abrirlo y volverlo a dejar en su lugar. Recuerdo su voz sonora y vibrante recitando desde el alma algún verso de Pound, una línea de Hölderlin, un tormento de Vallejo. Su andadura por el mundo sin dobleces morales ni falsas estéticas fue un testimonio de fidelidad a los demás y a sí mismo, a su arte y a nosotros.

Ni discípulo de Huidobro ni seguidor de Neruda, ni rokhiano ni mistraliano; la amplitud de su personal registro poético abarca múltiples variantes, corriendo a la par en calidad, fuerza y belleza. Después de iniciarse en las distintas vetas de la poesía de Rojas, el lector se da cuenta de la congruencia de su discurso. Un trabajo que ahonda en las fibras más profundas del ser, y que además plantea una estética única que ubica al autor en un privilegiado lugar dentro de las letras latinoamericanas y universales. Por eso, no es exagerado decir que Gonzalo Rojas ingresó en la suma más selecta de los poetas chilenos para grabar allí su propio nombre con letras a la vez elegantes y ardientes.

Sus poemas están colmados de una sonoridad única, un poderío que mezcla lo trascendente, lo cultural, lo erótico y lo filosófico, fundiéndolo con lo banal y rutinario sin que esto trivialice su obra; al contrario, le otorga ese valor agregado que la hizo única. Sus textos están construidos a retazos, entre susurros y murmullos, a través de exclamaciones y estallidos lingüísticos que conceden a las palabras un original sentido y a sus versos un novedoso giro, estilo y ritmo. Sus temas recurrentes son muchos y variados: vemos los eternos contrapuntos de la vida y la muerte, del olvido y la memoria, de la niñez y la adultez, de lo pagano y lo religioso, mezclado con lo mitológico; del amor y el deseo, de lo sumamente tierno, lo evidentemente erótico.

Gonzalo Rojas confesó haber vivido "Temeroso de ver seco el océano y adicto a mirar de día las estrellas"; formuló una de las más bellas preguntas de la poesía chilena del siglo XX, "¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida o la de la muerte?", y nos enseñó que los mejores versos se construyen con palabras, pero también con suaves gemidos y, ¿por qué no?, con dolorosos silencios.

Silencios tan dolorosos como el que tenemos que guardar hoy.

Se apaga "El alumbrado"

Soy de esos adolescentes provincianos de mediados del siglo pasado, que sólo pudimos leerlo en antologías, hasta que en 1964 publica "Contra la muerte". A partir de entonces lo recuerdo como el más amigo de nuestros maestros, al que el tiempo y las circunstancias van transformando en el más maestro de nuestros amigos y en un testigo del desarrollo de nuestra generación, la de los poetas del sesenta. Estuvo con nosotros en Valdivia, en el Encuentro de Poesía Joven del grupo Trilce, 1965; el Grupo Arúspice estuvo con él, junto al mar del entonces festivo Dichato, celebrando sus cincuenta años, en 1967. Él fue el primero en contagiarnos con la fraternidad creadora que iría formándose y a la vez dando forma a encuentros y talleres de poesía. Un maestrazgo sistemático para los que tuvieron la suerte de asistir a sus cátedras, pero también para los que llegábamos -del norte o del sur- a interrumpir su recreo, acogidos junto a Hilda, en su propio hogar de "su Chillán de Chile", o en su refugio casi andino junto al río Renegado. Porque a todo esto había ocurrido el sismo del sesenta y el cisma del setenta y tres, y la charla llena de sabiduría -a la antigua usanza de los ancianos de la tribu- fue sustituida por su correspondencia incansablemente sostenida, como un cordel sobre el naufragio. Bueno: asusta decir tan poco sobre él, en este momento, pero lo mucho ya está escrito o se leerá en la historia de la poesía de esta época, en la que ha escrito páginas decisivas. Por ahora, este personal testimonio, palabra que le era tan querida, para él, cuyo nombre hoy es eso: un testimonio vivo del tiempo que nos tocó vivir. Como él mismo diría: un testimonio no para decirlo, "sino para vivirlo".

Un poeta en el aire

El poeta de la poesía de dos caras, Eros y Tanatos, ha muerto. "Que se ama cuando se ama": la vieja pregunta platónica convertida en interrogación poética por Rojas seguirá resonando por décadas. Y su rebelión "Contra la muerte" se inscribirá entre los más grandes lamentos funerarios de la humanidad, desde el primerísimo de la tablilla VIII del poema mesopotámico "Gilgamesh". ¿En qué se convierten los poetas cuando mueren? Dicen que en estrellas, pero estrellas del universo, no de la farándula. Rojas abrazó la vida y el lenguaje con intensidad erótica, a la manera de los sufíes, sin contradicción entre la materia y el espíritu. Le debemos ese gozo. Gran y querido poeta nuestro: tal vez debamos despedirte recitando contigo ese bellísimo poema que le escribiste al Silencio: "Oh, voz, única voz, todo el hueco del mar/ todo el hueco del mar no bastaría... Y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera/, Oh, Majestad, tú nunca cesarías de estar en/ todas partes".

Longevo de la poesía, seguirás silabeando en el silencio. La poesía no envejece, sólo envejece la vida. Entonces: no descanses en paz, descansa en gozo. Gracias por el zumbido y por el oxígeno, niño tartamudo de Lebu. Ahora te encontrarás con los niños que siempre citaste, Heráclito, Vallejo y el copión maravilloso de Ezra, jugando con ellos entre las sílabas mayores del gran Misterio. Y que la Muerte y la Vida sigan haciendo el amor en tus poemas y que de ese fornicio salga polvo de estrellas... ¡No le copien al copión maravilloso de Rojas! Escuchémoslo, recitémoslo de memoria, en el júbilo de su palabra poética que dice más de nosotros que toda la cháchara vacía que nos rodea. Cerremos los ojos y oigamos a Rojas arder en el aire.

Homenajes y legado

Desde ayer el cuerpo de Gonzalo Rojas está siendo velado en el Museo de Bellas Artes (MNBA). Sobre el féretro está la boina del poeta. Lo han visitado más de 200 personas, entre ellas, escolares, escritores y autoridades. El velatorio continuará hasta las 21:00 horas de hoy.

Mañana, también en el MNBA, se realizará a las 10:00 horas una ceremonia encabezada por el Presidente Sebastián Piñera, quien ayer declaró: "Saludo a sus dos hijos, y les digo que se pueden sentir muy orgullosos de haber tenido el padre que tuvieron, porque Gonzalo Rojas fue un gran poeta, un gran padre, un gran amigo y un gran chileno". También el Rey de España, Juan Carlos, envió sus condolencias al Gobierno y al pueblo de Chile.

El jueves, como había sido su deseo, Gonzalo Rojas será sepultado en el cementerio municipal de Chillán después de una misa a las 12:00 horas en la catedral de esa ciudad. Lo espera el "Paseo de los Artistas"; ahí descansará junto a Claudio Arrau, Marta Colvin, y Eduardo "Lalo" Parra.

"Hay una biblioteca de más de 20 mil libros, más de seis mil revistas, fotografías y cartas; es un legado importante y no tenemos del todo claro qué pasará con él. Es posible que una parte quede en nuestro país y otra en el extranjero, porque tenemos ofrecimientos de Europa y de Estados Unidos", dice el hijo del poeta, Gonzalo Rojas-May. Y advierte que su padre "no quería que el material estuviera archivado en el fondo de una biblioteca, sino que el público tuviera acceso real a él". Agrega que tienen bastantes poemas inéditos, con los que planean hacer una edición póstuma.

Otro proyecto en marcha es la biografía que prepara la académica de la UNAM Fabienne Bradu. "Está en proceso. No sé bien cuánto tiempo falta para ser publicada, pero no creo que sea antes de dos años", dice Bradu. Mientras, el investigador Juan Camilo Lorca trabaja en el libro "Gonzalo Rojas, de la A a la Z", en que organiza declaraciones del poeta en torno al abecedario.

Hoy a las 23:45 horas y el domingo a las 17:30 horas, TVN exhibirá el documental "Al fondo de todo esto duerme un caballo", realizado por Soledad Cortés y coproducido por TVN y la Fundación Gonzalo Rojas



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